4 de septiembre de 2017

Beto Benza - Antología de Microrrelatos I ...y entonces escribí...

Beto Benza 
Prólogo

En la actualidad, los historiadores han afirmado que el acto sexual y la sexualidad representaban manifestaciones naturales —y en algunos casos artísticas— que eran parte del desarrollo de las civilizaciones antiguas.
            En el templo Laksmana de Khajuraho, en la India (siglo X, a.C.), se pueden observar dos esculturas realizando la postura 69. En el taoísmo, el 69 es un símbolo Tai chi en el que el yin y el yang representan la armonía. Los maestros artesanos de la cultura preínca Moche (100 d.C.) también le dieron un espacio privilegiado y simbolizaron la postura en sus famosos huacos eróticos.
            Es importante mencionar que la antología 69 (femenina y masculina) es la primera en aparecer en la historiografía de la minificción peruana, y esto es por mérito de Willy del Pozo y Altazor. Con Átomo, su colección de minificción, logran difundir el género del microrrelato a nivel nacional. Lo mencionado me ha permitido dar vida a este compendio donde el límite del placer queda bajo las sábanas y se puede ir más allá de lo prohibido.
            No podemos dejar de mencionar el comentario del investigador Rony Vásquez Guevara. Él hace hincapié en la concisión, brevedad y narratividad de las historias, además de la técnica que utilizan los autores en la antología: la referencialidad, que consiste en apelar a la cultura y a los conocimientos del lector; el contraste entre dos planos: antes/después, mundo real/mundo soñado; la dislocación del sentido.
            En esta oportunidad, 20 extranjeros y 49 compatriotas nos muestran su desenfado en 69 microrrelatos llenos de sexo y erotismo. Los autores nos detallan encuentros sexuales. En algunos casos, sus protagonistas son perversos perfectos: se introducen en los intersticios de la erogeneidad. El erotismo llega en versiones minúsculas, irrumpe desde la carne y desde el cuerpo, entre la transgresión y la imaginación en que se aprecia lo erótico. Es entonces cuando podemos encontrar el placer de la arquitectura. No solo hallamos el acto erótico en el refugio de un hecho y de una piel, sino en cada lectura de esta antología.
            Invito a los lectores a que se sumerjan en la incomparable acción de leer este libro que por sí mismo te incita a la seducción. Los microrrelatos de la 69 logran encender al lector y por momentos se convierten en un acto de dos: seductor y seducido, y ambos dan sentido a un regodeo que se prolonga en el tiempo de lectura logrando en algunos instantes eternos un fin: la excitación sexual.
            No existen fronteras en el amor y la sexualidad. Después de la lectura, uno mismo logra, a partir de todas las imágenes, acariciar cada terreno para saborear cada uno de sus términos. La intención de los autores es como todo aquello que pretende el placer: algo lúdico, el juego cálido que estremece la epidermis y hace volar la imaginación. Se puede apreciar el erotismo por la mirada masculina (en este caso) y el puro goce sensual como un esfuerzo de la fantasía que desvía a los lectores hacia lugares de ensoñación.
            Octavio Paz, en La llama Doble, su ensayo sobre el amor y el erotismo, nos dice: «El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y esta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida». Esta antología destaca por sus escenas explícitamente eróticas, con elementos de las prácticas sexuales que involucran bondage/disciplina, dominación/sumisión y sadismo/masoquismo. Esta diversidad de representaciones voluptuosas aparece marcada por la observación y la construcción del juego erótico. Después de la lectura, los textos estimulan a hablar sobre los silencios que los rodean. Seremos testigos de historias sublimes donde se confabulan el amor, el sexo o el erotismo; eso sí, guiados por la misma llama ardiente.
            Es importante precisar algunos datos procedentes del área de sexología de la Universidad de Granada, dirigida por la psicóloga Nieves Moyano Muñoz: hasta un 20% de las mujeres y un 55% de los hombres tienen, al menos, una fantasía sexual al día. Las fantasías más comunes, aprobadas por el 84,1% de los participantes de diferentes partes del mundo, incluían emociones románticas o ambientes exóticos, rangos similares en ambos sexos. Mientras para el hombre la fantasía típica sigue siendo recibir sexo oral, para la mujer es importante la sumisión y la dominación. Esto nos lleva a la conclusión de que las fantasías sexuales son un hecho normal dentro de la vida de una persona: forman parte de nuestra sexualidad.
            Al recopilar los textos recuerdo al maestro Carlos Calderón Fajardo. Cuando  envió dos microrrelatos, conversamos sobre la antología. Se refería a los textos de la siguiente manera: «somos seres lujosos y lujuriosos». Y tenía mucha razón, en muchos casos se llega a extremos. En ciertos momentos de nuestras vidas deseamos mucho más aquello que necesitamos. Finalmente, como efecto de la voluntad, la meta del deseo. Con esa premisa sigo convencido de que la realidad supera a la imaginación.
            Ana Estevan, coordinadora de la colección La Sonrisa Vertical (Tusquets), especializada en literatura erótica desde 1977, nos comenta: «Tal vez la tendencia romántico-erótica no perdure mucho, pero el erotismo, con su movimiento pendular de siempre, pervivirá». Y Woody Allen nos deja esta reflexión: «Solo existen dos cosas importantes en la vida: la primera es el sexo y la segunda no me acuerdo».
            Este libro nos afirma que el sexo ya no se mira bajo cuerdas, ya no es clandestino. Tampoco pertenece solo a los varones, ya que las mujeres lideran las estadísticas como consumidoras de literatura erótica. Podemos asegurar, entonces, que está inscripto el deseo de quien compró esta antología.
Alberto Benza González
Lima, julio de 2016