29 de enero de 2016

Rumbo a Control - Por Raquel Cors Ulloa.





Raquel Cors Ulloa
Rumbo a Control


Por Raquel Cors Ulloa
Psicoanalista miembro de la NEL y la AMP

Estaba a punto de salir de viaje, rumbo a control. Me había comprometido a escribir algo en el camino, ese algo siempre es contingente, incalculable. Llevaba conmigo algunos casos en los que se me planteaba lo que suponemos conocer teóricamente, como objeto causa de deseo, o bien, como sujeto deseante, en falta - posiciones que basculan en la práctica. Si algo funciona en análisis, en la formación epistémica y el control, es gracias a la transferencia - a partir de ahí este trozo de experiencia en que un análisis tiene su parte.

El deseo de control había tornado un giro en mí recientemente, ya sea para solicitar control, ya sea para alojar demandas de control. Así como cuando se está dentro de un cuadro, solo que en estos casos se trata del cuadro clínico. Una vez allí, no sabemos descontar nuestra presencia, ni prescindir de sus efectos, como señala Jacques-Alain Miller sobre la práctica del control, en tanto ésta nos sirve para lavar las escorias remanentes que interfieren en la cura[1].

Llevaba conmigo casos y por supuesto algo de mi propio caso. Uno de ellos, no tenía ni píes ni cabeza, no había podido armarlo, formalizarlo, darle un lineamiento. Me escuché decirle al analista con quien controlo que la paciente tenía un diagnóstico médico como el mío y que no quería dejarla caer… El, me sugirió lleve a mi análisis ese punto y mientras me interrogaba sobre el caso, cada palabra me interpelaba; estaba ahí mi cuerpo en una brutal identificación con mi paciente. Mi autoreproche no se hizo esperar, me recriminé por el infortunio de ese sujeto, que luego de un calvario de malos encuentros con la ciencia, se topó -le dije al analista controlador- con una analista que “no está a la altura”. Con esto y para colmo, reafirmaba el espejo esta vez superyóico de lo señalado en ese memorable control. De ahí en más, un vaciamiento de goce.


Ecos de lo real

En la misma ciudad, un año antes, durante el IX Congreso de la AMP Un real para el siglo XXI, convocaron a algunos psicoanalistas a conversar sobre el control y el deseo del analista, recuerdo bien esa plenaria por sus inolvidables intervenciones que al fin y al cabo me interpretaron, es decir que me permitieron leer algo de lo imposible que se transforma, eso que el trayecto analítico enseña -cada vez- sobre el síntoma en tanto defensa, defensa que cada uno inventa ante el trou-matisme.

Durante aquel congreso, que bordeaba sobre “Un real”, Leonardo Gorostiza había propuesto hablar de defensas en plural. Ahora entiendo, un poco, lo que transmiten algunos AE cuando plantean que al desmontar la defensa, otro anudamiento imprevisible viene a ocupar ese vacío.
Para aquel congreso sobre “el siglo XXI”, Miquel Bassols proponía ¡despertar! -en lo que respecta a deseo del analista- especialmente a quienes practicamos en una época en la que podríamos seguir durmiendo tranquilamente frente a lo real, ya sea en el saber, o en el sueño de la ciencia. Pero el despertar en cuestión, no se trata de la vigilia, ese estado en el que estaríamos aptos para una mejor respuesta ante estímulos externos, esa suposición de comprensión y entendimiento, de saberlo todo, por ejemplo sobre el último Lacan, esa superposición nos llevaría a dormir seguramente.

En aquel IX Congreso, Éric Laurent se refirió al control como una conversación, y señaló que el control no debe ser inhibidor sino permisivo - contracorriente de un control especializado.

En aquella inolvidable plenaria, Graciela Brodsky había señalando que el control no termina con el pase, que el analista analiza con su sinthoma y que no hay manera de medir el deseo del analista sin ese lazo con otro. Graciela, también recordaba que Freud tuvo la intuición de llamar al control, análisis - análisis de control.

El psicoanálisis cambia, es un hecho, el índice que Lacan plantea cuando propone al parlêtre sustituyendo al inconsciente, mueve nuestra práctica: desbaratando las defensas, descompletando el sentido, liberando la fijeza, poniendo en juego algunas sutilezas, pequeños detalles que despiertan la respuesta fantasmática. Hay re-a-nudamientos, teniendo en cuenta que en Lacan el nudo borromeo de tres ocupa el lugar de la relación sexual de dos, que no hay[2].


Una banda de moebius: práctica, análisis y control

Sin duda, la práctica, el análisis y el control que incluyen algo del propio caso, devela algo del cuadro: que al tratar de comprimir esa presencia, de esmerilar sus particularidades, de alcanzar el universal de lo que llamamos el deseo del analista; conseguimos desde ese momento, borrar lo que nos singulariza y entonces es el analizante el que sueña, nos sueña con los rodeos de su fantasma, que no sabrían no figurar en el cuadro[3]. Sin duda una banda de moebius enseña que el trayecto de la  práctica se mueve, ya no sólo conmueve. Una banda de moebius puede reorientar la dirección de la cura. Finalmente, el caso que llevaba conmigo, sin pies ni cabeza, rumbo a control, me enseñó que una defensa puede tomar un nuevo rumbo.

Agosto de 2015

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[1] Miller, J.-A., Conclusión de Pipol V http://nelbogota.blogspot.cl/2013/04/conclusion-de-pipol-v_15.html
[2] Miller, J.-A., El lugar y el lazo, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 117.
[3] Miller, J.-A., Conclusión de Pipol V http://nelbogota.blogspot.cl/2013/04/conclusion-de-pipol-v_15.html