26 de enero de 2016

Las pasiones según el cuerpo [1] por Alma Pérez Abella



Las pasiones según el cuerpo [1]


“Forjar un escabeau, de eso se trata, forjarlo a partir del afecto del cuerpo”, esta es la indicación de Miller en su curso Piezas sueltas (01/12/2004).[2]
Lacan saca a los afectos del campo de la psicología emocional y los ubique en un plano ético. Se trata de un tema – los afectos – que le interesa en la medida en que se relaciona directamente con el cuerpo (cuerpo del parlêtre), y es desde esta perspectiva que critica el abordaje de los afectos por la vía del catálogo que empuja a la clasificación infecunda por interminable. Propone otra vía, la que daría alguna clave en relación a como operar con lo real y el resto (1962-63, p. 29).
El psicoanálisis se propone entonces como un tratamiento por el cual, vía la palabra, se obtienen efectos sobre el síntoma y los afectos. El afecto da cuenta de que el sujeto está afectado en sus relaciones con el Otro, a lo que se agrega el goce.
En Freud nos encontramos con los afectos de la latencia como son el asco y la vergüenza, también con el amor, el odio, la ira, la envidia y los celos femeninos, entre otros. Lacan los retoma en distintas partes de su enseñanza y los aborda acorde a su concepción sobre lo simbólico, lo imaginario, lo real y el objeto a.
Podemos ubicar dos momentos en los cuales se recorta la cuestión de los afectos con un valor especial, constitutivo. El primer momento es al inicio de su enseñanza, en donde aparece el júbilo, que es la satisfacción obtenida a partir del cuerpo como imagen, entrada en el juego de espejismos donde el yo es una ficción. Esto hace que las relaciones con los otros, en el plano más imaginario, estén sujetas a un movimiento de báscula entre la fijación a esa forma de totalidad que produce júbilo - ligada al narcisismo – y por otra parte, el encuentro con la agresividad, cuando entra en juego el otro de la pareja imaginaria y aparece el odio, que es el reverso del júbilo. Y la tercera posibilidad, es el encuentro con la extrañeza al percibir que se trata de una ficción que vela lo real, apareciendo la angustia, la cual hará vacilar la consistencia imaginaria.

Posteriormente, en sus últimos seminarios, hacia el final de su enseñanza, Lacan dirá que el afecto es un modo de nombrar lo que se produce en el encuentro entre la lalengua y el cuerpo. Es un modo de significar aquello que resulta irrepresentable, lo que alivia al sujeto. Miller (1/12/2004) afirma que para Lacan a la altura del seminario El sinthome, el pensamiento está indisolublemente ligado al cuerpo y a aquello que afecta ese cuerpo, el goce. El cuerpo goza, razón por la cual el pensamiento falla. De lo que se trata entonces es de leer esas marcas de goce. En tal sentido, en la clínica, el afecto puede dar pistas sobre la posición del sujeto ante cierta vivencia, ser índice del goce, pero no es posible considerarlos como una brújula por ser estos engañosos - la excepción a esta regla sería la angustia. 
Ahora bien, ¿sobre qué engañan? ¿Cuál sería la verdad que no revelan? Engañan, porque nacen de la pretensión de nombrar algo del orden de lo indecible. Engañan porque no es posible ubicar al sujeto en función del afecto, sino a partir de un significante que representa al sujeto para otro significante. Engañan, pero a la vez permiten el acercamiento a las respuestas que el sujeto se dio, las cuales velan lo que tiene de real el síntoma.
Todo lo que produce resonancia en el cuerpo, lo que hace eco – ciertos dichos, las caricias, las cosquillas, una mirada, los golpes, los abusos, el dolor, el silencio, los síntomas – intenta ser nombrado en términos de afecto, afectos que para el sujeto son su verdad. Son afectos que por más auténticos que parezcan, siempre son parientes directos del semblante, se trata de una verdad que tiene estructura de ficción.

Ahora bien, es posible que no aparezca el afecto como respuesta. Joyce testimonia de esto en su texto Retrato del artista adolescente. Allí relata que, tras la paliza que le dan sus compañeros, no aparece ningún signo de afecto, lo  que Lacan interpreta como un signo de la ausencia del cuerpo como Otro.
Lo destacable a señalar, tras este breve recorrido, es que a partir del concepto de lalengua anudado al cuerpo y al sinthome, Lacan traza un nuevo modo de pensar la clínica. Lalengua es algo que se recibe y de lo cual se sufre, por eso allí se podría ubicar el corazón mismo de todas las pasiones (recordemos que pasión deriva de pathos que significa sufrir). Se trata de algo que no admite desciframiento. En esta perspectiva, Miller afirma algo que habría que investigar, dice que “el sinthome, es el afecto en tanto no admite ser reducido al efecto de sentido” (15/12/04). ¿De qué afecto se trataría ese que no puede ser reducido al sentido? Si se trata de la angustia, ¿podríamos suponer entonces que la angustia tiene función de anudamiento? Perspectiva desde la cual podemos suponer que la angustia y la dimensión de la imagen se transforman en modos de tratamiento posible de lo real. Lo que resta es la opacidad del síntoma. Opacidad que perdura como afecto enigmático y del cual se trata de forjar un escabeau. Es decir, hacer del síntoma un sinthome, un punto de apoyo.

Con esta orientación cada analizante trabaja para encontrar su punto de Arquímedes. Si Arquímedes decía que “con un punto de apoyo podía mover el mundo”, con Lacan podríamos decir “con un escabeau el parlêtre se mueve en el mundo”. De eso se trata el escabeau, un punto de apoyo construido a partir de arreglos que transformen la desgracia sintomática en un sinthome menos patético.





[1] Trabajo presentado en el VI Enapol  - Hablar con el cuerpo.
[2] El escabeau, o escabel supone la transformación del síntoma en sinthome.