13 de diciembre de 2015

El Berlín de Esther Andradi Consuelo Triviño Anzola

Esther Andradi - El Berlín 



El Berlín de
Esther Andradi
Consuelo Triviño Anzola
La primera vez que tuve noticias de Esther Andradi fue por su libro Vivir en otra lengua, volumen que recopila textos de autores latinoamericanos residentes en ciudades como Lausana, París, Berlín o Roma, y que refieren su experiencia de escribir en una lengua distinta de la del lugar de su exilio. Estos autores problematizan lo que implica para su escritura una condición bífida: la de quien se aísla en la cápsula de la lengua nativa para convertirse en otro (quizás más puro), que sueña o se sumerge en las aguas profundas de sus orígenes. 
Es el caso de la propia Esther Andradi, argentina que reside en Berlín, ciudad íntimamente ligada a su historia. Nacida en Ataliva, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 se trasladó a Perú donde se dedicó al periodismo escrito y publicó su primer libro. Allí le correspondió vivir el derrumbe de la sociedad tradicional de este país, de lo cual dejó constancia en sus crónicas. Después pasó a Berlín en 1983. Allí compartió con otros extranjeros, y con los propios berlineses, la experiencia de una ciudad herida, divida por un muro cuya caída presenció con asombro. En 1995, Esther regresó a Argentina, a Buenos Aires, donde fue testigo del estallido neoliberal que sufrió su país en 2001. En 2003 volvió a Berlín, ciudad en la que ha echado raíces y se dedica a la escritura, donde vive en otra lengua.
Esther Andradi forma parte de ese crisol de pueblos y culturas que le asignan a Berlín un carácter mestizo, diverso, tan vital como debió ser la Buenos Aires a la que llegó su abuelo sirio a comienzos del siglo XX, y a quien ella se refiere en una entrevista: “Mi abuelo el árabe llegó a Argentina sin conocer una palabra de castellano. Dicen las lenguas familiares que en Buenos Aires sus paisanos le dieron una maleta con artículos para vender que él tiró por ahí porque le avergonzaba su español insuficiente y siguiendo las vías del ferrocarril llegó a una colonia de inmigrantes donde iba a conocer a mi abuela. La colonia se llamaba Nuevo Torino, de modo que el castellano por cierto tampoco era su fuerte […] De esa mixtura piamontesa y árabe, dialecto de Oms, nació mi padre y sus diez hermanos, a la sazón los tíos de mi infancia, de las fiestas de la yerra y de los chistes verdes en piamontés. Porque fue la abuela quien legó su lengua a la familia, mientras el abuelo relegaba su idioma y enterraba la nostalgia.”
Esther Andradi ha colaborado en prestigiosas publicaciones, como Letras LibresPágina 12 y La Jornada Semanal, con textos que son a la vez el testimonio de vidas anónimas y mínimas. De uno de sus artículos rescato esta cita que da cuenta de lo que para ella representa la palabra: “Atiborrados, cansados, atribulados de mensajes publicitarios, dominicales, diarios, televisivos, estrambóticos, los consumidores de imágenes decidimos por una vez comprar aquello que instala una demanda desde el corazón. Y apretamos la letra entre los dedos. En este siglo de estridencias la palabra vale por mil imágenes. Cuidado con su fuerza. Como el boomerang, vuelve.” (Letras Libres, 2006).
En reportajes, entrevistas, cuentos, novelas y testimonios Esther Anradi refiere momentos clave de su vida, de la historia y de su experiencia de la ciudad. Sus textos híbridos están cargados de sugerencias. En ellos importa tanto lo dicho como lo no dicho. El estilo es poético y de estructura precisa: una combinación de la fuerza y la belleza que conmueve al lector.
Mi Berlín, que acaba de publicar en España la editorial Mirada Malva, recoge artículos suyos entre 1983 y 2014, escritos en esta ciudad o sobre esta ciudad. El primero de ellos está dedicado al hundimiento del barco llamado Amor, que cruzaba el río Spree y que pertenecía a la antigua RDA y era utilizado también por los residentes de la RFA. El libro se cierra con un texto conmemorativo, tras veinticinco años de la caída del Muro. En resumen, Berlín es el lugar donde ha vivido lo escrito y escrito lo vivido. Compenetrada con personajes, espacios y momentos, ha sabido trasladar con maestría a la escritura la materialidad de la lengua, a través de su experiencia de los lugares y de las personas que han llamado su atención.
Lo que rescata Esther Andradi es la verdad poética, tanto en sus crónicas, como en sus narraciones, como en Berlín es un cuento (Novela, 2007), donde la protagonista se apoya en un sentido de pertenencia, en la riqueza que trae desde su punto de origen: “¿Qué sería de ella sin la poesía, si le faltasen el par de libros que trajo en su maleta? ¿Qué sería de ella si nadie nunca jamás le escribiera una carta en su idioma?” Del mismo modo, en Sobre vivientes (2001) libro de progresión sutil y escritura delicada, habla de un ir y venir por los “espacios del desastre y la esperanza”, es decir, de su país, Argentina, como sugiere su compatriota Mempo Giardinelli; y en Come, este es mi cuerpo (1991) evoca la infancia a través de los sentidos, especialmente de los sabores, mientras que en Tanta vida (1998), como señala Luis Fayad, se suceden trozos de una intimidad que se les revela a los demás y que resultan ser rescate personal, un espejo para mirar los momentos que llenaron el paso de los años. 
Así, la elección de los temas, tanto en sus crónicas como en cuentos y novelas, parece azarosa, mientras que sus hallazgos son siempre de hondo contenido humano y excepcional sensibilidad. Comprometida con las causas sociales: feminismos, las asimetrías sociales, las contradicciones y paradojas de la vida, Esther Andradi pone en evidencia la irracionalidad de ciertas instituciones del Estado, así como la doble moral y las mentiras del discurso político. Por encima de los obstáculos a los que se enfrentan los que viven en otra lengua, ella vislumbra la capacidad de los seres humanos para sortear la pobreza o la injusticia, más allá de los estereotipos y de la demagogia que los desfiguran, cuando no los ignoran.