21 de septiembre de 2015

Alejandra Jalón en Fantasmas.






Alejandra Jalón 
Fantasmas

Si hay algo que dejó claro el descubrimiento freudiano es que entre la vida y la muerte está el sexo,
y antes de la vida y después de la muerte… también

Contra la marea existencialista de su época  Jacques Lacan machacaba con que la verdadera experiencia de finitud es la del amor que nos confronta con lo verdaderamente desconocido: el Otro por excelencia.
La experiencia límite de los seres humanos no es la muerte sino el amor. La muerte no es una experiencia ya que no se puede dar cuenta de ella.


Cómo entender si no, la proliferación de fantasmas (muertos que interactúan con los vivos) donde la línea divisoria se hace delgada o inexistente?
¿Es un triunfo del amor o su definitiva derrota?

Que los fantasmas nos hablan no cabe duda
Es más sólo escuchamos lo que nuestros propios fantasmas nos dicen
La excelente obra de Javier Daulte, Estas ahí?, o la no tan sutil Ella en mi cabeza, son prueba fehaciente que para el amor, como dirá Almodóvar, con uno basta, ya que uno sólo ya es una aglutinación de voces y presencias perfectamente delineadas.
Dogville muestra los trazos de la voz vueltos limitación geográfica, espacio asfixiante.
En La voz humana Cocteau parece reflexionar sobre la capacidad de un monólogo infinito donde el lugar vacío del otro es un antiguo tubo de teléfono único receptor de la queja amorosa y espejo de la indignidad humana.
Sandor Marai. Escritor húngaro cuya obra reapareció en el último tiempo, es un ejemplo de cómo el valor literario queda rezagado en cuanto al efecto logrado por el manejo de diversos fantasmas prototípicos. En El último encuentro revela la radiografía del hombre que no ha querido saber nada de aquella, la única que ha amado. Convive encerrado en su reverberación de recuerdos que encadena convenientemente para lograr el equilibrio de un afecto más poderoso que aquel amor, su odio por la certeza de una traición por parte de esa mujer y su mejor amigo.
La mujer justa pone en simultáneo el desencuentro de tres seres separados por sus suposiciones erróneas pero convenientes a sus economías afectivas.
Marai demuestra la consabida imposibilidad de la cifra par. Dos nunca están a solas en el mejor de los casos son 3 contabilizando el fantasma de cada uno, pieza fundamental al desenlace de la relación.
En la vertiente del  horror encontramos que el fantasma en lugar de alojarse en la intimidad se trastoca en un elemento de la realidad inquietante y aterrador. Esta versión de la locura amorosa la vemos retratada por Alejandro Amenazar, en su película Los Otros. Tras la fachada de un tema menor como el espiritismo, en una primera vuelta la película habla del duelo imposible de una mujer recluida con sus hijos  en una antigüa mansión.  La mujer acosada  por alucinaciones en las que su hombre vuelve de la guerra entre las tinieblas, supuestamente a para salvarla a ella y a los niños de sus fantasmas inquietantes.
En una segunda vuelta quizás de mayor interés para el Psicoanálisis, es el hombre el que vuelve una y  otra vez a la mujer que ama atormentado por y la culpa de un goce que se nos muestra como opaco. El hombre, se vive como muerto en su fantasma obsesivo para no confrontarse con su deseo. Frente a angustia por la vacilación de ese fantasmática le queda el goce interminable disfrazado bajo la pregunta:"estoy vivo o estoy muerto"
La pregunta por el otro en su forma Puede perderme"? Deja lugar al enigma por su propio objeto:
Qué parte de mí se lleva el otro si lo pierdo.

Otro modo loco de vivir la irrealidad del otro es lo que muestra The trumman show donde el protagonista tiene la certeza de que su vida está manejada , ordenada, y limitada por alguien todopoderoso que goza en su cabina del comando de él un pobre hombre, que vivía feliz y sin problemas, hasta tomar nota de la existencia de ese dios caprichoso    

La divertida visión que nos aporta Wilde, en este caso de la vida de un fantasma es un Lord Canterville  arrastrando sus pesadas cadenas por la  casa con agitado  patetismo debido a que no lograba asustar ya, a nadie.
Quizás  Wilde estaría de acuerdo con  que los fantasmas cambian con la época y que aquel había caducado. En realidad Wilde expresa con sorna que los norteamericanos son seres pragmáticos inmunes a la cuestión fantasmática. Una ironía más del escritor.