7 de agosto de 2015

Astrid Fugellie - Chile - Minificciones





D  E  T  R  Á  S     D  E      L  A       E S  C  E  N  A





      La casa que contiene las iras, la furia que

encierra aquel hogar, el dolor que sujetan sus

muebles, la indignación que esconden  los

pasillos, la rabia que ocultan sus habitaciones, los

hijos que amiedados se esconden, la mujer que

acude a la oración.
              
      Lo cordial jamás estuvo en esa casa. Poco a

poco, la maldita,  fue enjaulándose: abandona-

dos al mal morir sus  moradores.

        ¡Que Dios nos libre de tal impotencia!





EL   PARQUE


pensativa voy por el parque.  detrás, lento, un

hombre  que nada sabe de mi.           frente al

camino   el hombre   detrás   lento.


no le intereso a pesar del atardecer tan recep-

tivo. durante mi andada cuento historias; a na-

die emociono.    durante esas horas cuento al

hombre, que no escucha, cuan extraordinaria-

mente muere mi cuerpo.


Mi paseo y ese hombre se malogran,  inútil se-

guir. pensativa siento que pudimos ser  criaturas

hermosas.

                              
Ahora, la monodia me sigue, y los detalles me

pierden, y los árboles me ocultan, y yo atrás de

mi  sombra,  mancha que asumo poco a poco.

  

LOS   PARAGUAS   DE   CHERBURGO


                 “…deux ans…deux ans de notre vie!
                  Je ne pourrai pas!...”
                         
                                                                              
La celada acorta mis pasos, y  

me sorprende en las inmediaciones

del parque.


Vacilante, camino sobre el césped, con

un calendario otoñal bajo el brazo.


Ignoro si busco lamentar o estremecer:

la jornada es otra, el siglo, otro, otra mi

palabra y tu nombre.


Los caminantes abren sus paraguas, y

los goterones caen a pesar del lustre de

la tarde.


De quiebre y rompe me detengo: en una

de las bancas,  Catherine Deneuve, y Nino      

Castelnuovo se miran    murmuran    y en-

cogen bajo un paraguas       deshilachado.


                   
                (Al Director Jacques Demmy)

      
TRAJES



                             Tus ternos declinan  por la habitación como palomas calinas.

El apartamento  se parece a aquellas grutas encofradas que siempre ocultan

algo. Tus prendas me persiguen con su insistente olor y, angustiada  intento

hacer el quite no obstante, inútil, el miedo habita en mi cuerpo y no detrás de la

puerta.


                                No entiendo por qué esos ropajes se detienen frente a la

cómoda de Oregón,  y abren cajones llenos de secretos. Es probable guardes

el tuyo. Tus ternos, ahora,  me arremeten, me persiguen, me acosan,

me acorralan, me provocan…  no les eludo, por el contrario, acabo

abrazándoles como a pájaros imprecisos.



                               Con la llave en la mano izquierda doy tres vueltas a la

chapa y,  por la ranura de la puerta  que da al pasillo lúgubre del edificio, me

llega el hedor que vela un misterio lejano y sin retorno.