17 de junio de 2015

Yurena González-Microrrelatos-Tenerife




Estanterías mentales



Ya no pudo leer más: le fastidiaba muchísimo empezar un libro y encontrarse una historia vacia y un autor con ideas nada originales. Esto le ocurría cuando elegía obras recomendadas en revistas especializadas, ya que no confiaba en la opinión de amigos y conocidos: pero se había convencido que solo los críticos y analistas podían aconsejar desde la posición que les daba haber comenzado sus carreras como escritores. Sabía cómo se llamaban la mayoría de premios literarios y manejaba mucha información sobre la fórmula del bestseller, la obra pefecta para el gran público. Pero desconocía el malditismo de los poetas franceses, el snobismo de algunas novelas inglesas, ... El día que, por error, se llevó El lobo estepario de la biblioteca se dio a sí mismo una oportunidad. Luego llegarían La caida, Las flores del mal, .... y ya nada volvió a ser igual en sus estanterías mentales.


Grandes esperanzas



Y la Biblioteca desapareció: los recortes y demás políticas económicas del Gobierno en cultura dieron sus tristes frutos. Todos los lectores ávidos y fieles perdieron el hogar de sus horas de ocio, donde iban cada día, donde ya les saludaban por su nombre y leían entre líneas cuando compartían sus vivencias. Tanto conocimiento perdido y tantas experiencias, actividades, talleres, ciclos y conferencias encerrados en aquellas paredes que pronto desaparecerían. Cuando el dinero escasea y la cultura no interesa, unir fuerzas es la única opción: recoger firmas no fue suficiente, manifestarse frente a las instituciones tampoco; anunciarlo en redes era ya la única opción.

El día en que el edificio sería definitivamente derruido, la ciudad entera asistió a la llamada... y la cultura volvió a casa y todos recuperaron su hogar.




Yurena González Herrera





Aprendizaje vital



Se veían en la Biblioteca cada fin de semana: como becarios, se encontraban con usuarios conocidos cuyas preferencias ya conocían y que centraban sus conversaciones: best-sellers, biografías, reservas pendientes que no llegan, etc...

Era para aquellos estudiantes su tercera casa, (tras la propia y la facultad) donde podían leer novelas rusas y consultar en busca de antiguas noticias sobre poetas asesinados Solían reunirse a veces tras la jornada laboral para compartir experiencias y apoyarse mutuamente ante las carencias del sistema y los recursos, para comentar las anécdotas del día y las excentricidades de algún que otro usuario: era su pequeño ritual de supervivencia para llegar al lunes con las pilas cargadas. En ocasiones se encontraban con personas con carencias que los libros no podían llenar: un abrazo fue la más extraña de las peticiones que recibieron. Comprensión fue lo único que pudieron prestar aquel día.




Yurena González Herrer