24 de junio de 2015

Pamela Peralta- Chile- Minificciones - Bio -




Pamela Peralta

Psicóloga y Magíster en Psicología Clínica. Escritora, pertenezco al colectivo literario “Ergo Sum”.

El año 2011 y 2012 participé del taller literario Ergo Sum: “Iniciación al cuento” y durante el 2013 cursé el taller de “Novela”, ambos dirigidos por la escritora chilena Pía Barros.

El año 2011 fue publicado mi cuento: “Tornillo” en la antología: “Basta! 100 mujeres contra la violencia de género”, que reúne cien cuentos recopilados por Pía Barros, bajo el alero de Asterión Ediciones. Por este cuento fui invitada a leer en la presentación de la antología en la Feria Internacional del Libro de Santiago.

También fue publicado mi cuento: “Percance”, en el libro objeto “Letra Chica” de Pía Barros que reúne los cuentos de los alumnos de los talleres literarios Ergo Sum. 



Mala Cita



Penetra, pene=entra. Me arde, duele, lastima, hiere. Me penetra. Yo no quiero. Él, sobre mi, susurra que lo hace con mi consentimiento. Con/senti-miento. Con mi consenti-miento, él me penetra, pene=entra + + + + fuerte y + + + + rápido. Dolor. Do-olor. Su olor me da náuseas. Es nauseabundo. Nausea-abundo, la náusea abunda, se despliega en todo mi (ahora no) ser. Sus manos GRANDES forman un collar alrededor de mi cuell(y)o. Su fuerza me dobledoblega, vence a mi respiración. Vence a mi resp-IRA-ción. Se desvanece mi ira. Su cuerpo seboso y abominable me f/r/a/g/m/e/n/t/a. Siento que disminuyo disminuyo disminuyo disminuyo a cada segundo. Mi último aliento, su orgasmo. Esto está terminando, por fin…



Niñadas



SUCIA

Tengo doce años y papá aún insiste en limpiarme cada vez que uso el baño.



FRONTERAS

Un hombre apunta con una pistola a mamá, mientras busca entre mis excrementos las pastillas que me hizo tragar antes de cruzar la frontera.



DERECHOS DEL CONSUMIDOR

¡No me has satisfecho, maldita puta, devuélveme lo que te pagué!

La niña corre desesperada a su escuela aferrando en la mano el billete del mil pesos. 




Tornillo

Cuando era niño lo tenía. No se me extravió porque mis padres, en ese entonces, se preocuparon de que lo conservará. Solían decirme que de la crianza  dependía que  no se me zafara un tornillo.



El tornillo, en mi infancia, estuvo en el lugar correcto. Lo pasaba bien en el colegio, era buen alumno y jugaba a la pelota en el recreo. El tornillo estaba bien firme. Pensé que sería para siempre, pero aflojó.



Tenía dieciséis años. Mi madre entró a mi pieza y dijo que mi aparato ya podía usarse. Se montó sobre mi. El aparato funcionó, a pesar de no estar preparado.



Entonces el tornillo se soltó y oxidó, hasta desaparecer... Y mientras manoseo a mujeres en la calle, me gustaría recuperar el tornillo, que no me hiciera falta. Suelo buscarlo mucho, sin embargo, no lo encuentro. No puedo encontrar el tornillo, mi madre lo hurtó.