28 de marzo de 2015

León Febres-Cordero- Caracas Venezuela-Francia- Minificciones.

León Febres-Cordero


Textos sedientos
León Febres-Cordero

A Juan Antonio González-Iglesias                                                                                              ancient amongst the ancients                                                                                                                                                    
Ellos te preguntarán, con sagaz discernimiento,
por qué investigas las tinieblas del Hades sombrío.
Di: «Hijo de la Tierra soy y del Cielo estrellado;
de sed estoy seco y me muero.
Dadme, pues, enseguida a beber agua fresca
de la laguna de Mnemósine».

Laminilla de Hiponio, 400 a.C

 
Prefacio
Debo decirle al lector que los textos que sostiene entre sus manos no los he escrito yo. No son, por consiguiente, el resultado de tramas o argumentos que fueron forjándose en mi mente producto de mi imaginación, o de mi fantasía.
No sé lo que son estos textos. No sé qué quieren decir, si es que quieren decir algo, ni cuál es su sentido oculto, si es que tienen alguno. Ellos se me fueron apareciendo uno a uno, día tras día, diciéndoseme serenamente, y mi esfuerzo, que no podía sino ser ínfimo, se limitó a escucharlos con atención y a transcribirlos con fidelidad.
Aunque algunos tienen un cierto ritmo, una velada música, lo que pareciera prevalecer en ellos es el trato que propician con lo desconocido, de donde intuyo que oscuramente provienen.

L.F-C
Flassaders, septiembre de 2002

Cruzar

 
Tras haber estado vagando por encharcadas planicies, temeroso de caer en el lodo y mancillarme, arribé al fin a una primera encrucijada. Al ver cómo se bifurcaba en caminos contrarios a los que no atinaba a encontrar sentido y dirección, sentí que me mareaba y que perdía las pocas fuerzas que aún me mantenían en pie. Entonces, cuando estaba a punto de caer de boca sobre el lodo oprobioso, recordé las palabras de Sócrates en el Fedón que hacen referencia a las muchas ramificaciones y encrucijadas que tiene el camino al Hades. Esas palabras impidieron que terminara de caerme, pues aquello significaba que no había perdido del todo la memoria que había tenido en vida. «Es cierto que el camino a la bien construida mansión es tortuoso y difícil de seguir», me dije y ello me animó. Me detuve a contemplar la que era mi primera encrucijada. Los caminos no seguían una línea recta sino que se volvían sobre sí mismos, como los largos tubos que me encontré apenas llegado a la planicie y que, entrelazados, se separaban para succionar la poca sangre que traíamos las almas. Entonces observé hacia el lado de una de las bifurcaciones una agrietada gruta de barro cocido. Era una abertura informe, pero se me asemejó a uno de esos templitos que a veces encontramos al borde de las carreteras. Quizá por eso me llamó la atención y me quedé mirándola. De su interior surgió la imperiosa voz de una mujer que, como un canto, me ordenó: «¡Cruza!», «¡Cruza!». Era una voz rubia, ensortijada, sinuosa, fresca. Levanté un pie y una mezcla de terror y de fatiga me lo detuvo en el aire. «¡Cruza!, ¡Cruza!», seguía entonando la voz que provenía del fondo de aquella tosca abertura. «No puedo cruzar», dije en voz alta. «Aún no me siento con las fuerzas suficientes para tomar uno de los tantos caminos». Entonces la voz me respondió: «Cruza y verás que si tomas uno de los más despejados, te llevará hacia bosques tupidos en los que te hundirás y de los que te costará desenmarañarte; y si tomas uno de los más turbios, tras mucho andar te regresará a donde estás. Ciertamente no es fácil el camino al Hades puesto que sus vías son tortuosas, pero has de cruzar para empezar a perderte». Cuando escuché aquellas desalentadoras y desconcertantes palabras sentí que no había llegado hasta allí para quedarme con el pie alzado, indefinidamente, privándome de mi último destino. Y crucé.

Flassaders, 6 de septiembre de 2002