15 de marzo de 2015

LAS SESIONES BREVES SILVIA ELENA TENDLARZ



Desde el comienzo de su enseñanza Lacan se opuso al alta cronométrica de las sesiones. La temporalidad del inconsciente no responde a un standard analítico. El corte de la sesión es un instrumento de la cura. Ahora bien, muchos se preguntan por qué el corte de la sesión debería conducir a su brevedad. ¿Acaso no alcanza con que el paciente desconozca el momento de finalización de la sesión y que el corte -en una sesión más larga- relance la dialéctica subjetiva ? El corte puede operar como puntuación o como interpretación sin confundirse con ellas. Tampoco se confunde que la finalidad propia de la brevedad de la sesión. El sujeto intenta decir en el breve tiempo que dispone el punto central de su congoja subjetiva. El tiempo apremia y nunca está a tiempo para decirlo todo : tiempo en más, otras veces en menos, el inconsciente muestra su pulsación de borde a la que apunta la escansión del discurso del paciente. En tanto que la transferencia se vuelve el cierre del inconsciente, la precipitación del corte va en contra de este impasse y extrae al sujeto de la complacencia de su desdicha. Las sesiones breves vacían de sentido al discurso del paciente y eso tiene como efecto que el sujeto se deshaga de las identificaciones que traman su destino y se vea  advenir como objeto al final del análisis. Lo inefable encuentra así su marco, hurtado del goce que el analizante encuentra en las palabras.