18 de marzo de 2015

LA BREVEDAD QUE DURA por Adrián Scheinkestel. Sesión breve.



                        
 Adrián  Scheinkestel


    LA  BREVEDAD  QUE  DURA .



Brevedad  y  real

Instante, tiempo y momento, son los 3 modos en que J. Lacan introdujo, temprana y decisivamente, la cuestión del tiempo en el psicoanalisis. Fue en su escrito “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”: Instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir.
1)      el objeto pulsional mirada y sus afinidades con el instante.
2)      el tiempo que un discurso requiere, su espesor; que no nos permite contentarnos
con un presente instantáneo. Es el presente que invade algo del campo del pasado,
con su “no ser más”, y algo del futuro con su “no ser aún”.
3)      el momento, que introduce el carácter no homogéneo del tiempo, insertando un
punto al infinito; haciendo a las sesiones, no breves, sino infinitas.
                                                           
  Fue el verdadero escándalo en el psicoanalisis que propuso Lacan: haber puesto en cuestión la duración fija o anticipable de las sesiones ( formando parte del llamado “encuadre psicoanalítico”). De este modo, Lacan queda ubicado fuera del tiempo, fuera del tiempo de los post-freudianos. Con Lacan, se terminan los post-freudianos. Él mismo no es un post-freudiano. El tiempo y lo real es una pareja fundacional en su enseñanza.
Hace falta tiempo para llegar en un analisis, a lo que del síntoma no es verificable; a lo que del síntoma no es verdad descifrable, sino goce.
Ese tiempo atraviesa la dimensión fuera del tiempo del inconsciente y su deseo indestructible. Ese inconsciente simbólico, transferencial, se nutre de la repetición, que a su vez busca lo nuevo.
En esta dimensión, el pasado no existe; sólo existe por la actualización que pone en marcha la presencia del analista, su cuerpo. El encuentro entre el “aún no”del analizante y el “ya allí” del analista.
Hace falta tiempo para pasar de ese inconsciente eterno, al inconsciente del instante, al inconsciente de Baltimore al amanecer.
Ese inconsciente, real, confronta al hablanteser, con su soledad, con su exilio del discurso del Otro, con el Uno solo que itera, se reitera, que no hace lazo al Otro, que no hace relación simbólica. Es el Uno que existe, y que no consiste en ningún ser.
Es en esa brevedad que paradójicamente dura, que el analizante tendrá su chance de constatar una satisfacción que sólo él podrá bien decir, bendecir.                                                                                                 

Brevedad  y  contingencia

Una joven analizante, que venía ocultandole a su madre sus noches en compañía de su novio, decide enfrentarla finalmente, diciéndole la verdad. Sorprendida, le responde : “De acuerdo, pero que no se haga costumbre”.  Esta expresión que hace alusión a que no se repita, a que sea la única vez, ya en boca del sujeto que habla, deja ver el deseo de que una contingencia del orden del amor no pase a la máquina trituradora de lo acostumbrado, de la necesidad.
Ésto demuestra las afinidades de la brevedad con lo imposible; es en la brevedad que puede precisarse eso que  en la tradición filosófica permanecía confundido: la diferencia entre lo posible y lo contingente.
Es en la brevedad de la sorpresa, que lo imposible, lo que no podía ocurrir, ocurre. Se vuelve acontecimiento, cesa de no escribirse.


                                                                                                  Adrián  Scheinkestel.