23 de febrero de 2015

Jacques-Alain Miller en Los hiperactivos y otros tifones.

Jacques-Alain Miller
Los hiperactivos y otros tifones
http://www.wmarg310.com.ar/eolpostal/uploads/ritalin.jpgFuente EOL POSTAL
Viernes, 13 de febrero
Había prometido leer el artículo del último Obs sobre la hiperactividad. Conforme a la nueva estrategia editorial del semanario, el título está in your face: “¿Su hijo es hiperactivo?” El  porqué del artículo está en la hoja: “La Haute Autorité de Santé (Alta Autoridad de la Salud) reconoce la hiperactividad”.
La compaginación tiene todo de reportaje publicitario: los retratos de los niños con los nombres de las especialidades al lado. Paradigma: “Con Ritalina, Héctor mejoró rápidamente”. Sin embargo, el texto mismo tiene un buen enfoque. Señala en particular que el TDA/H –trastorno por déficit de la atención, con o sin hiperactividad‒ “es en Francia objeto de una guerra de psis muy viva”. Exacto: la mayoría de los practicantes en los CMP (centros médico-psicológico) no ven un trastorno a tratar por la molécula ad hoc, sino un síntoma ligado a un conflicto íntimo, a desanudar por medio de la palabra.
Por más que François Gonon, neurobiologista del CNRS (Centre national de la recherche scientifique) en Burdeos, haya mostrado que el déficit de dopamina atribuido al trastorno de la atención no existe, no por eso la Educación nacional insiste menos en hablar de la hiperactividad como una enfermedad neurológica, y la redactora del Obs, Anne Crignon, en citar a Jordan Smoller, profesor de Harvard School of Public Health, autor de un célebre pastiche que describe a la infancia como “una enfermedad en la que los signos principales son el onanismo, la inmadurez y la inestabilidad emocional” y a Jörg Blech, del Spiegel, por su libro sobre Les inventeurs de maladies (Los inventores de enfermedades).
Sobre Big Pharma, todo está dicho con precisión: “En Estados Unidos, donde está autorizada en la televisión la publicidad de los medicamentos, centenas de millones son gastados para promover el diagnóstico de la hiperactividad (…) El concepto de hiperactividad se difunde en el planeta, tanto como el de ‘trastorno bipolar’ (…) ‘Reclutar enfermos’: es así como se habla en los pasillos de las empresas”.
Un diagrama, página 66, informa al lector la prescripción de Ritalina en cantidad de dosis para 1000 habitantes. Islandia, Canadá y Estados Unidos tienen un lugar preferencial. Francia y el Reino Unido van atrás. Es ahí donde llevará el esfuerzo de marketing. ¿Cómo es que el lector no pueda liberarse del sentimiento de que el Obs con sus siete páginas, sus fotos, sus grandes títulos, participa volens nolens de ese esfuerzo?
En cambio, las dos páginas que Éric Favereau consagra al mismo tema en el Libé de ayer no inducen a malestar: es claro y sin errores. Dos entrevistas que dialogan completan el análisis. La primera es con el excelente Bruno Falissard, politécnico devenido psiquiatra infantil, del que  me burlé en otro tiempo por su promesa de  Mesurer la subjectivité en santé (Medir la subjetividad en salud) (Masson, 2001; 2da. 2008). La otra hace hablar a Patrick Landman, psiquiatra y psicoanalista, presidente del grupo Stop-DSM, en el que la l’École de la Cause freudienne está representada; acaba de publicar en Albin Michel Ediciones, Tous hyperactifs. L'incroyable épidémie de troubles de l'attention (Todos hiperactivos. La increíble epidemia de los trastornos de atención); ve en el TDA/H una “construcción social”.
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Régis Debray
¿Cómo distinguir un niño hiperactivo de un niño impetuoso o superdotado, o incluso fuera de la norma? Cuando conocí a Régis en la École Normale, él tenía ya 22 años, pero todavía era considerado superdotado y no solamente porque había sido el primero de su promoción dos años antes, en 1960. Era miembro de la UEC (Unión de estudiantes comunistas) como la mayoría de los althuserianos, pero respecto a ese grupo estaba aparte, un pie adentro y otro afuera y, en un rincón, una semi-sonrisa de no engañado que los irritaba, a los engañados. Éramos pedantes también, y cuando fue mi turno de integrarme, fui informado pronto que Régis, por supuesto, era Régis, que estaba destinado a un gran futuro, pero que era un estilista, un literato, y que de filosofía no sabía mucho.
Me ocurrió desde entonces que me lo crucé algunas veces, pero de lejos, y leyendo sus libros,  seguí su carrera. En suma, nunca “perteneció” durante mucho tiempo. Habrá cuidado toda su vida su costado gato de Kipling que se va solo, ya bien mostrado en otro tiempo. Para los animales de este tipo, la sociedad previó, cuando son un gran talento, los espacios reservados: las academias. Están cerca, no se reclutan ni unos ni otros, no se identifican más que con su propia diferencia. Por muchas razones, está en su lugar en los Goncourt. Ahí está al lado, justamente, de Bernard Pivot, al que asesinó antaño, nuevo Lorenzaccio para la “dictadura” que éste ejercía sobre el “mercado del libro”. He aquí ambos, no déspotas sino oligarcas. A fin de cuentas, los mejores hijos del mundo.
Si evoco a Régis, es porque La Croix ayer y Marianne hoy le dedican uno, una página y el otro, dos,  a la salida de su nuevo libro Un Candide à sa fenêtre (Un cándido en su ventana). Para decir que él escribe rápido y bien, y que publica mucho, el Sr. Raspiengeas, del diario católico, lo llama “ese grafómano”, el Sr. Conan, del semanario sui generis, “ese polígrafo genial”. Para el Sr. Canon, él está “liberado”, “se dio por vencido”, “no quiere combatir más”. El Sr. Raspiengeas piensa lo contrario: él finge “parecer indiferente aunque su pluma escupe fuego”. De hecho, ambos nos lo muestran luchando contra “la literatura sin escritura”; “la novela sin ficción”; el arte contemporáneo, “folclore para las elites transnacionales”; “la clase dirigente”, inculta; etc. Estos dos artículos me harían comprar el libro si ya no lo hubiera hecho. Me queda leerlo. Quisiera hablar de eso, cuando sea mi turno, antes de que aparezca el próximo.
Al dorso de la página Debray, La Croix señala dos publicaciones recientes sobre la derrota de 1870, “matriz de nuestro siglo XX”. En vista de la referencia que tomé el miércoles, en mi ataque de francofobia, de ese episodio doloroso de nuestra historia, es lo menos que les leo. Y ya deseo adquirir el Dictionnaire biographique des Protestants français de 1789 à nos jours (Diccionario biográfico de los protestantes franceses desde 1789 a nuestros días), del cual el primer tomo acaba de salir. “Los protestantes son franceses de pleno ejercicio desde 1787” subraya Patrick Cabanel. Para los judíos, será el 13 de noviembre de 1791.
Roland Dumas
Luc Le Vaillant hace un retrato del abogado ex-ministro en la última página de Libération. A los 92 años, se es difícilmente hiperactivo, pero se está fuera de las normas cuando se ha estado siempre. ¿Es bueno? ¿Es malo? No nos preocupemos más por eso: es un monumento. Yo no haré su retrato, era muy cercano a la familia Lacan, y especialmente a Sylvia, a la que había cautivado,  como hacía con todas las damas, incluso a la Sra. Thatcher, parece, sin ninguna otra intención. Sylvia le había puesto un nombre afectuoso y burlón que, creo, él no conoce. Se lo diré cuando nos crucemos.
Sylvia lo había conocido en el momento del proceso de la “Red Jeanson” (los “portadores de valijas” del FLN (Frente de Liberación Nacional de Argelia)). Su hija mayor, Laurence Bataille, estaba en eso, fue su defensor, ella recibió tres meses de prisión. Más comprometido, su sobrino Diego, hijo de su hermana Rose y de André Masson, estuvo por tres años. Sylvia les presentó a sus allegados, los Masson, los Giacometti (ella era muy amiga de Annette), los Leiris, y por Zette y Kahnweiler, su padre, accedió a Picasso que la amó, él también.
Roland había participado de la Resistencia siendo muy joven. Fue después de la guerra el abogado victorioso de Georges Guingouin, comunista, una alta figura de la Resistencia y se ganó el reconocimiento del Partido. Fue miembro del colectivo de abogados del FLN con Vergès. Fue por más de un decenio el abogado del Canard enchaîné. Era entonces un hombre de izquierda de pedigree, un impecable francmasón, y su devoción personal a François Mitterrand era total.
Había sabido conservar siempre, al mismo tiempo, relaciones con personajes situados a la derecha y a la extremo-derecha. "Su gavilla no era avara ni odiosa". Nada de lo que fuera humano era extraño para él. Sabía mantenerse a distancia y a su conveniencia de diablos y diablillos. Ejerció nueve años en una "sociedad de abogados" con un antiguo primer secretario de la Conférence du Stage, Jean-Marc Varaut, católico de derecha formado por los oratorianos, monárquico de la Acción francesa, uno de los animadores en 1966 de la campaña presidencial de Tixier-Vignancour, antiguo ministro de Vichy (director de campaña: Jean-Marie Le Pen), que llamará a la segunda vuelta a votar a Mitterrand, para la sorpresa general (o quizá no tan general, ¿no?). "Compartí con el Dr. Varaut  más metros cuadrados que ideas políticas”, dirá Roland, malicioso y conmovedor. Jean Marc Varaut, en cuanto a él, fue electo miembro de la Academia de ciencias morales y políticas.
Así, Roland tenía sus entradas en los convenios desconocidos de los sótanos. Tuvo siempre, por ejemplo, un acceso maravilloso a los poderosos del mundo musulmán, particularmente al coronel Kadhafi, al que llevó al presidente Mitterrand para un encuentro secreto en Creta, y el general Tlas, ministro sirio de defensa y hombre fuerte del régimen de Hafez al-Assad, padre de Bachar.
Al llegar la edad, se soltó más, y un Dumas bis emergió del primero. Un Dumas al que no le molestaba besar a Marine Le Pen en las dos mejillas, que le daba su apoyo al compañero de esta con el fin de que acceda al estatuto de abogado, que iba a reírse sin tener malas intenciones a los espectáculos de Dieudonné, que declaraba sin ambages el escepticismo que le inspiraba la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre: " no creo en eso".
A propósito de eso, ahora me acuerdo, Roland, que en uno de sus últimos libros de memorias,  relata con sorpresa que le habían dicho que dije que Lacan era antisemita. Y aporta su testimonio en descargo: nada en mis intercambios con Lacan, dice, me hizo pensar en eso jamás (cito de memoria).
Lo que yo dije en mi curso, Roland, es esto. A los 23 años, lo sabremos de manera cierta por una carta a Maurras de la famosa Pampille, la señora de Léon Daudet, Lacan era maurrasiano, entonces, según toda verosimilitud, antisemita o teñido de antisemita o haciéndolo creer. Y es el mismo hombre quien, diez años más tarde, se enamora de una actriz judía casada con otro, pierde a su esposa legítima más que romper con ella, salva a su amante de lo peor recuperando con valor su expediente y el de su madre en la comisaría de Cagnes-sur-Mer, y le da a su hija extramatrimonial, nacida en 1941, el nombre de Judith. Después se casa con Sylvia y consigue dejar su patrimonio a Judith. Gracias, Roland, pero ¿usted cree verdaderamente que le era necesario tomarse el trabajo de limpiar la memoria de Lacan de una acusación infamante que yo habría hecho contra él?
Para aliviar la atmósfera, le contaré una anécdota. Estaba todavía en la École Normale, le pregunto a Lacan: “Y, entre todos los que frecuentó, ¿a quién admiró más?”. Me responde con cuatro nombres: “Koyré, Kojève, Lévi-Strauss, Roman Jakobson”. Y agrega: “todos sabían cocinar” (1). Era una alusión a lo que le había dicho de Althusser, que él era un excelente cocinero. Esos cuatro tenían otro rasgo en común.
Lo que es seguro es que Lacan no era de esos humanistas sin valor para quien el judío no existe, para quien el judío es una ilusión “esencialista”, como dicen nuestros Diafoirus de hoy.
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Recortes de prensa
Todavía tengo algunas palabras para decir de los siete artículos que seleccioné en la prensa de ayer y la de hoy. Prometo ser breve, porque no tengo solo esto para hacer.
La inseguridad cultural
1.- El concepto de inseguridad cultural es tan pertinente que lo creemos nacido del espíritu de la época. Nada de eso. Fue introducido por el profesor Laurent Bouvet, que le dedicó un libro, publicado el 7 de enero en Fayard. Lo leeré sin falta. Ese concepto designa “un clima” determinado por “la puesta en tensión de las referencias, sean económicas, sociales o culturales, de las poblaciones en la primera línea de la mundialización y sus efectos, europeos particularmente”.
El Sr. Bouvet piensa por otro lado que las poblaciones que tienen de hecho los mismos intereses de clase (no, dice "intereses comunes, no me atrevo a decir de clase ") opuestos a las élites, están abusivamente divididas por diferencias culturales que en realidad son secundarias, pero que precisamente estas élites tienen el interés de mantener y sobreestimar (Libération, el 12 de febrero).
El mutismo del musulmán moderado
2.- Asne Seierstadt, escritora noruega, articula en dos páginas de Libé la masacre de Utoya, del 22 de julio de 2011, 77 muertos, y la reciente masacre de París. “El fin declarado de Anders Behring Breivik era purificar a Europa de los musulmanes. (…) Los terroristas franceses representan exactamente aquello contra lo cual Breivik combatía”. La noruega no es optimista: “En todas partes del mundo musulmán, las voces liberales se callan, sea porque los imanes moderados son matados por yihadistas, o bien porque los militantes laicos son puestos en prisión y torturados por los regímenes autoritarios”.
¡Oh! Los regímenes musulmanes autoritarios no reparan necesariamente en el detalle, torturan y matan después de todo a los yihadistas y a los hermanos musulmanes. Es el caso, en particular, del régimen del excelente Al-Sissi en Egipto, el salvador de nuestra industria aeronáutica y sus puestos de trabajo. Esto me hace pensar que vi anunciado en Harper la salida próxima del nuevo libro de  Ayaan Hirsi Ali, Heretic (Libération, 13 de febrero).
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Comprenderse mejor
3.- No hay ningún mal del que no pueda salir un bien. La masacre en París ya tuvo esta consecuencia positiva que “los delegados diocesanos para las relaciones con el Islam quieren aprovechar la renovación de la atención para proponerles a los cristianos y a los musulmanes comprenderse mejor”. Es en estos momentos donde la Iglesia es admirable. Los lirios del campo no hilan ni tejen, pero la Iglesia sí, teje indefinidamente el lazo social y remienda sin cansarse la tela rasgada de la pobre Francia.
Musulmanes y cristianos, ¿mejor comprenderse? Trabajo aquí en el mismo sentido, agregando en esto a los judíos, lo que no es un asunto menor, pues en lo que se refiere a la decencia dejan mucho que desear. ¿Qué quieren? No son universalistas. Le suplico, Roland, no decirlo en su próximo Esta vez, digo todo, el antisemita no es Lacan, soy yo.
Los judíos tienen algo de excesivo de lo cual se burlan ellos mismos y que llaman con una palabra en yiddish que es menos familiar a los franceses que a los americanos. Lo más simple es que reproduzca aquí la reseña bien hecha de Wikipedia: “Chutzpah es una forma de audacia, para bien o para mal. La palabra proviene del hebreo ḥutspâ (חֻצְפָּה), que significa ‘insolencia’, ‘audacia’ e ‘impertinencia’. En el uso moderno, tomó una gama más amplia de significaciones. En hebreo, la palabra chutzpah manifiesta una indignación hacia alguien que sobrepasara excesivamente y sin vergüenza los límites del comportamiento aceptable. En yiddish y en inglés, la palabra tiene connotaciones ambivalentes e incluso positivas. Chutzpah puede ser utilizada para expresar la admiración hacia un coraje no conformista. Sin embargo, en Les Joies du Yiddish, la expresión está ilustrada por la historia del parricida que implora la indulgencia del tribunal exclamando ‘tengan piedad de un pobre huérfano’… La palabra también pasó del yiddish al polaco (hucpa), al alemán (Chuzpe), al holandés (gotspe) y al inglés (americano), y designa la arrogancia, la audacia, el coraje y la ausencia de vergüenza”. 
Para volver a nuestros corderos islamo-cristianos (2), La Croix me informa entonces que la Conferencia de Obispos de Francia creó el Servicio de Relaciones con el Islam (SRI). ¿Sería oportuno que la Asociación Mundial de Psicoanálisis haga lo mismo? Le plantearé la pregunta a su presidente, Miquel Bassols. Él es catalán. Los catalanes tienen la reputación de ser los judíos de España, pero son los judíos sin chutzpah: se la pulieron los castellanos. En su lugar, ellos tienen el par seny y rauxa, el buen sentido condimentado por la locura de los grandes. Ver Ramon Llull, santo en Cataluña, apodado en su época (1232-1315) “Arabicus Christianus”; Gaudí y Dalí. (La Croix, 13 de febrero)
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Los poderes de la palabra
4.-  Es aún La Croix que me informa que la historia de Francia, de la cual hablaba el otro día,  está siendo reescrita de arriba abajo por Jean-François Kahn, en el estilo hiperactivo y enérgico que lo volvió famoso en Marianne: interpelaciones, exclamaciones, énfasis, amplificaciones, hipérbolas. Ya está por el tomo II, en el período 100-430, y el tomo I ya está prácticamente listo. Voy a tener que retomar todo eso.
Frédéric Mounier, que lo interroga, titula la entrevista con una frase de Kahn: “La Trinidad es un replanteamiento de la parte más terrorífica del monoteísmo”. Es muy astuto, muy preciso, hace pensar. Pero me digo que JFK no debe tener una excesiva benevolencia con el Islam, donde el Uno es excluyente de toda “shade of Grey”. Además, él confía que es para aceptar todos los mitos fundadores de “nuestra identidad nacional”, entre ellos la batalla de Poitiers y Juana de Arco.
Para hacerlo, él se recomienda la tesis de Raymond Aron, 1938, quien no se lee mucho. Retuvo de eso que, dice, “el historiador hace verdaderamente la historia al contarla”. En suma, diría Mallarmé, Francia está hecha para desembocar en un buen libro de Jean-François Kahn. ¿No hay ahí, en un judío, sin embargo muy asimilado, una pizca de chutzpah?
Me gustaría que JFK reciba mi flecha parta (3). Le haré llegar este texto por su primo hermano, mi amigo Gilles. (La Croix, 13 de febrero).
Problemas de la laicidad
5.- Apuremos el paso. En Marianne, dos notas sobre la laicidad. El Sr. Claude Obadia, profesor de cátedra de filosofía, muestra su sorpresa respecto a que la inspección general de filosofía, como la SRI, hayan aprovechado la masacre de enero para ofrecer a los profesores de filo de las academias de la Ile-de-France de formarse en “Recursos filosóficos y espirituales del Islam”.
Me pregunto quién orienta hoy la inspección general de filo. En otro tiempo, era mi viejo maestro Canguilhem. Era conocido por hacer llorar a las jóvenes filosofas a las que les tomaba examen, pero era un republicano irreprochable y un laico convencido. Hoy, nos creemos en un episodio de Sumisión, la farsa de Houellebecq. Y nos reímos a regañadientes (4). Ninguna ofensa aquí a los asiáticos, el amarillo en cuestión es el de la tez de los enfermos del hígado. Ninguna ofensa tampoco a los enfermos del hígado. Con lo políticamente correcto, no se da a basto.
Lo cierto es que el Sr. Obadia pide modestamente que pensemos un poco en los “valores que definen a la República”, así como en los padres fundadores de nuestra laicidad, en el total de los cuales cuenta a Renouvier, Victor Cousin, Durkheim, y Ferdinand Buisson.
Enfrente, un texto firmado por el presidente y el secretario general del Observatorio de la laicidad. Se trata de ese organismo oficial instalado en abril del 2013 por el Sr. Hollande, que observó tan bien las cosas que su presidente, el Sr. Bianco, había concluido en junio del mismo año: “Francia no tiene problemas con su laicidad”.
Esta frase quedó. El alto funcionario lamenta que ella haya sido “muy frecuentemente deformada”. Quiere decir sin duda que no ha sido comprendida conforme a su intención de significación, porque el enunciado circuló intacto. Esta frase –“pura como el alba”, habría podido decir Althusser, a veces lírico‒ llega a una cima tal en la denegación de los fenómenos empíricamente observables, que no sabría explicarse más que por altas consideraciones de filosofía moral y política que justificarían el pisoteo de todo fetichismo de los hechos. Este es seguro el caso. El Sr. Bianco sostiene en efecto que “la unidad de la República no es la uniformidad”. Distinción crucial. A los que confunden unidad con uniformidad los llamaremos mono-culturalistas. Los otros, que hacen la distinción, según el Sr. Bianco, serán los multi-culturalistas.
Entonces pues, todo lo que aparece en los “monos” como las ofensas inéditas a la laicidad, a combatir paso a paso y sin piedad, constituye en cambio, para los “multis”, avanzadas creadoras que solo necesitan para prosperar la neutralidad de los poderes públicos, tal neutralidad es, según ellos, la esencia misma de la laicidad.
Este ejemplo está bien hecho para ilustrar lo que puede tener de relativo el estatuto del hecho, debido a las interpretaciones que suscita. Esto no le impide en absoluto al Sr. Bianco  promover a cualquier precio “el desarrollo de la enseñanza laica del hecho religioso”. Si no me equivoco, la idea fue promovida en otro momento por Régis Debray, entre dos de de sus obras, las más trabajadas y las más resonantes: Dieu, un itinéraire (Dios, un itinerario), 2001; Enseignement du fait religieux dans l'école laïque (Enseñanza del hecho religioso en la escuela laica), 2002, con Jack Lang; Le Feu sacré: Fonction du religieux (El fuego sagrado: función de la religión), 2003.
En esa época, ya había puesto mala cara. Régis me había visto. Eso no le había gustado. Me lo había dicho. Me pregunto si siempre está en la misma frecuencia. Lo sabré posiblemente leyendo su Cándido. Lo cierto es que Sr. Bianco se regocija por haber sido convocado de ahora en adelante por la Sra. Vallaud-Belkacem, que creó “puestos de investigadores sobre islamología”. Los “multis” se alegrarán con el Sr. Bianco, mientras que los “monos” pensarán que esto no presagia a nada bueno. (Marianne, 13 de febrero)
Diplomados en laicidad
6.- El último texto es una joya. Fue publicado esta tarde en M, la revista de Le Monde, en cuya tapa hay una bella foto en blanco y negro del Sr. Marc Ladreit de Lacharrière. El multimillonario parisino, self made man cuyo nombre se remonta a Las Cruzadas, tiene en la mirada la misma chispa que actor Jean Le Poulain, hoy fallecido. M le dedica siete páginas. Pero es el pequeño recorte “sobre invitación” de Guillemette Faure el que me retuvo. Si me dejara llevar, lo pasaría in extenso, y todo sería dicho.
¿Saben bien? Un día del año 2007, Nicolas Sarkozy, entonces ministro del Interior, convoca al jefe de la oficina central de los cultos, funcionario de su ministerio, para intimarlo a poner en pie una formación universitaria en la interculturalidad (así se dice) y la laicidad. Le da un mes.
El Sr. Didier Leschi -es el nombre del jefe de la oficina- visita, a tal señor tal honor, la Sorbonne. Rechazo. Demanda reiterada. Nuevo rechazo. ¿Por qué? “Eso nos traerá barbudos, realmente no lo aguantamos”. (Respuesta informal).
Habiéndose filtrado la noticia, ¿qué personaje Bien-Necesario va entonces a la Place Beauvau (5) a proponer sus servicios? Les apuesto lo que quieran: ¡la Catho! Sí, el Instituto Católico de París, sito en la Rue d’Assas, el mismo del que Marine, nieta de mi madrasta Jacqueline, me alababa en otro tiempo los cursos de filosofía.
“Encontré esto descarado”, confía el Sr. Leschi. “Sí, me confirma mi amigo Nathan, los goys tienen a veces a veces un descaro infernal, ¡hasta eso nos lo han tomado!”. No tan rápido, Monseñor Lustiger murió el 2 de agosto de 2007. Y, ¿si él estaba detrás del chutzpah de la Catho? Eso debe poder encontrarse.
“¡Choquemos los cinco!”, termina por decir el Sr. Leschi. Y desde entonces, cada año del Señor, una nueva promoción ve que les entregan sus diplomas de laicidad Rue d’Assas. Estamos en la séptima promoción.
“¿Y qué es exactamente la laicidad?”, pregunta Guillemette, nueva Cándida, al asesor del ministro del interior, que está ahí bajo orden, representando al ministerio. Este ‒¿por qué está perdido? ¿por qué es prudente?‒ solo sabe dar a la periodista de M una definición por la negativa, la Negativabgrenzung de los alemanes, digamos, para hacer alarde: “la laicidad no es la ignorancia del hecho religioso”.
¡He aquí de nuevo! ¡El “hecho” religioso! ¡La pequeña bestia lanzada en la naturaleza, o más bien en la cultura, por el amigo Régis! Habrá avanzado en eso en trece años. “Es la pequeña bestia que sube… que sube… que sube…” (6) Ya está en la boca del asesor, sobre su lengua. “¿Quo non ascendet?” ¡Entonces, será el gran guili-guili final! ¡A la mendiga (7) se le reventó  posiblemente un vaso, y veremos, a la Félix Faure, el clímax de la República!
¡El hecho religioso! ¡Qué hallazgo, sin embargo! El truco es jugársela de positivista. No creyendo. No creyendo del todo. Decir: las religiones existen, es todo. Son datos históricos. Son como tales indudables, ineludibles. Están por todas partes, en la historia y en la geografía, en la filosofía y en la literatura, en las ciencias humanas o lo que queda de eso, en sus sueños y en sus pesadillas, en la arquitectura, la escultura, pintura, música, poesía, el teatro, el rap, hip hop y graffiti, la comida, las ropas, el modo de ser miserable o de limpiarse el trasero. Desempeñan un papel superior en la formación de todos los Weltanschauungen tanto individuales como colectivos que la humanidad conoció desde la noche de los tiempos. ¿Y habría que ignorarlas? ¿Silenciarlas? ¿Estar en la censura, la represión, incluso la denegación? ¿Y por qué? ¿Para complacer a algunos laicisistas, hiperlaicisistas, a los franchutes, francmasones, comilones de curas y descristianizadores de cuarta, que incluso no se tomaron la molestia de hacer el mínimo pequeño aggiornamento desde el asunto Dreyfus?
¿Están aquí? Sean descarados. ¡No tengan piedad!
Guillemette Faure nota con sentido común: “si la laicidad era tan simple de definir, no necesitaríamos formaciones de las 225 horas”.
Agrega que cada uno, el día de promoción, no podía no preguntarse cómo se había podido “llegar a conceder diplomas de laicidad en una sala decorada con un crucifijo, bajo el patrocinio del ministerio del Interior”.
Eligió su título en consecuencia, admirable por su simplicidad: “La laicidad bajo el crucifijo”.
                                                                                                                             Traducción: Alejandra Antuña
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(1) N.T.: “Tous savaient faire la cuisine”. Faire la cuisine, cocinar, hacer artimañas, tirar la lengua.  
(2) N.T.: Pour en revenir à nos moutons islamo-chrétiens. Revenir à nos moutons, es una expresión que se utiliza para retomar el tema del que se venía hablando después de una digresión; literalmente: volver a nuestros corderos.
(3) N.T.: Flèche du Parthe, flecha punzante, expresión que se utiliza para señalar un ataque verbal irónico o cruel, lanzada en el momento de retirarse, proviene de una técnica de combate de los Partos, antiguo pueblo que habitaba en los territorios de lo que hoy es Irán.
(4) N.T.: Et on rit jaune. Rire jaune, expresión que significa: reír a regañadientes, sonrisa forzada; literalmente: reír amarillo.
(5) N.T.: En la Place Beauvau se encuentra emplazado el Ministerio del Interior, por extensión a este se lo llama de esa manera.
(6) N.T.: Canción infantil que va acompañada de un gesto lento del adulto con la mano, imitando un bicho que sube por el brazo del niño, para terminar en forma rápida, en cosquillas y con la onomatopeya guili-guili.
(7) N.T.: La gueuse, la mendiga, la pordiosera, forma peyorativa de nombrar a la República francesa por parte de los realistas.