22 de enero de 2015

MARCO FOCCHI en MARCO FOCCHI




MARCO FOCCHI Corresponsal desde Milán
MARCO FOCCHI Corresponsal de Cita en las Diagonales en Milán.
(AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis).en DOS FUNDAMENTALISMOS OPUESTOS Y CONVERGENTES
Corresponsal de Cita en las Diagonales en Milán.
(AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis).
En medio de aquella que muchos comentaristas han definido una guerra en el corazón de Europa, y en el momento en el que las plazas se movilizaban con slogans contrastantes que reafirman la libertad de expresión (“Je suis Charlie”) o el sostenimiento de la fe (“Je suis muslim”) , Vanesa y Greta, las voluntarias italianas secuestradas en Siria hace algunos meses, fueron liberadas después de largas negociaciones desarrolladas obviamente fuera de los reflectores de los medios. ¿Se pagó un rescate? El ministro de Relaciones Exteriores, sin resultar convincente, en el Parlamento afirma que no. Los terroristas naturalmente no son personas que liberen a un rehén porque ya se cansaron de verlo. Debe haber una contrapartida de intereses, que no necesariamente se concreta en dinero. Las negociaciones pueden comprender intercambio de prisioneros, garantías de impunidad, ventajas políticas o bélicas de algún género. El dinero sigue siendo la hipótesis más fuerte, aún siendo la menos sostenible públicamente, ya que todo el dinero que llega a las cuentas de los secuestradores termina financiando la guerra, alimentando ulteriores actos terroristas. Con la única hipótesis firme del dinero en mente, un político que nunca fue señalado particularmente por su apertura mental, lanza un Twitter no muy sofisticado destinado a golpear en el imaginario más áspero de los sectores de la población más pobre - desde el punto de vista ideológico- sosteniéndose en sus fantasmas masculinos más prohibidos. “¿Sexo consentido con los terroristas? Y nosotros pagamos”, chirriaba el político sin esfuerzo de perífrasis. Las dos muchachas recién repatriadas, interrogadas por los magistrados afirmaron que no han sido abusadas ni violadas. Sin embargo, hay algo – para un cierto tipo de mentalidad bloqueada en una zona oscura, en comparación a la cual el medioevo era una época de extraordinario progreso- que hace difícil pensar a dos muchachas junto a un número de hombres por un determinado tiempo, sin que esta cercanía se transforme en despertar libidinal que deba resultar en actos sexuales. La deducción del político en cuestión es inmediata: si no hubo violencia es porque las relaciones fueron consensuadas , y los ciudadanos italianos les pagamos estas costosas vacaciones a las dos muchachas para que se den el gusto de una aventura erótica con la audaz guerrilla.
Este episodio desolador se junta a otro hecho que, en la actual contingencia, resulta particularmente expresivo. En una cobertura de la RAI realizada en Kobane por la extraordinaria enviada especial Lucia Goracci , las tomas televisivas nos muestran una parte de la ciudad reconquistada por los combatientes curdos luego de haber estado por un tiempo en manos de los soldados del ISIS. La cámara hace un recorrido sobre las ruinas de las casas que fueron bombardeadas y se detiene sobre una pared que quedó en pie, sobre la que hay pintada una imagen femenina sin el velo: la imagen aparece acribillada por los disparos de una kalashnikov. Los terroristas expresaron su rabiosa intolerancia contra el símbolo de pecado representado por esa mujer, implacablemente, sobre una imagen que evidentemente tiene la culpa de haber aparecido ante sus ojos. La imagen femenina sin velo no se admite, ni siquiera en una pintura.
Ambos episodios expresan dos bancos opuestos del fundamentalismo. El primero expone un sistema de pensamiento bien enraizado en algunos estratos de la mentalidad occidental, donde la mujer existe sólo en el espacio de los fantasmas de los que constituye el objeto – de consumo. El segundo muestra un sistema de pensamiento donde la mujer no tiene lugar en el espacio público, porque su sola presencia expresa el mal.
El conflicto al que hoy estamos asistiendo no es el choque de civilizaciones del que se habla, retomando publicitariamente el título de Huntington, sino un choque mucho más radical que atraviesa diagonalmente tanto a la civilización occidental como al mundo islámico. La primera línea separa dos formas opuestas pero convergentes de fundamentalismos, de un pensamiento que sería reduccionista definir laico porque el problema no es simplemente su separación de la religión. De un lado encontramos de hecho un mundo de pasiones tristes, hecho de tramas, complicidades, complots; del otro encontramos el esfuerzo de potenciar la vida, esfuerzo quizás disperso, incoherente, pero con una continua posibilidad de autocorregirse, de cambiar de camino, de buscar una vía propia. De un lado está el rostro serio, incapaz de sonreír, como bien ha esclarecido nuestra colega Cinzia Crosali en el texto publicado en el N° 460 de Lacan Quotidien ; del otro está el empuje mercurial de la vida para sortear los obstáculos, la penetración rigurosa de la crítica, la fuerza punzante de la sátira, la potencia de la risa liberadora que había encontrado particular expresión en las chicas poco convencionales de las viñetas de Wolinski.
En occidente como en el mundo islámico la línea divisoria no pasa por las diferentes religiones; pasa más bien entre una vida que puede y quiere expresarse, que no tiene miedo de la risa ni de lo femenino, y el fascismo interno a todos nosotros, creyentes o laicos que seamos; un fascismo caracterial que se cierra en el espacio farsante de una fortaleza identitaria, para purificarse de todo aquello que es diferencia, movilidad, novedad, riqueza, alegría incontrolada.
Traducción: NATALIA PALADINO