12 de enero de 2015

Gustavo Dessal / Sesión breve.

GUSTAVO DESSAL


BREVE CARTA A CITA EN LAS DIAGONALES SOBRE LA BREVEDAD DE LAS SESIONES

Queridos Susana y Tomás: Cita en las Diagonales vuelve a convocarme de nuevo, con esa generosidad a la que me están malacostumbrando
No pude responder a vuestro pedido de un micro relato porque es un género que no practico ni como lector ni como escritor. Por supuesto, no se me escapa la delicadeza del arte de narrar en pocas frases (recordemos el infinitesimal Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allíde Augusto Monterroso), pero aún así -y como diría Lacan- es algo que no consuenacon mi inconsciente.
En cambio sí diré algo sobre vuestra pregunta acerca de las sesiones breves, uno de los paradigmas de la orientación lacaniana.
Como bien sabéis, Lacan realizó un esfuerzo muy elaborado para desmontar el estándar de lo que entonces se conocía como el encuadreanalítico, un término que ya en sí mismo alude a algo cerrado, clausurado, incluso claustrofóbicoEl tiempo, la duración de las sesiones, fue una de las razones que le costaron la excomunión. Se trataba de encontrar una temporalidad favorable para la pulsación del inconsciente, y Lacan consideró que un tiempo prefijado constituía un obstáculo para ese propósito. Cincuenta minutos, o cuarenta y cinco, establecidos como norma, son más bien solidarios del cierre del inconsciente que de su apertura. Con los años, la fluctuación del tiempo de las sesiones fue derivando hacia la brevedad, es decir, que el movimiento lacaniano acabó por encontrar en la sesión breve (¿cuán breve?) algo que, sin ser el estándar tradicional, ha perdido algo de su originalidad primera. Ahora se nos conoce como los analistas de las sesiones cortas, y los analizantes ya están acostumbrados a eso, al punto de que no resulta nada inusual que se nos adelanten al corte con la advertencia irónica: Supongo que cuando acabe de decir esto, usted va a dar por finalizada la sesión.
Las sesiones largas son el terreno abonado para la palabra vacía. Allí, el discurso prospera en la superficie de la banalidad, de lo anecdótico. La resistencia encuentra en la prolongación excesiva de la palabra un aliado incondicional. Pero creer que las sesiones breves son un antídoto contra dicho fenómeno, participa del error de seguir confundiendo el tiempo cronológico con la lógica del inconsciente. La temporalidad del inconsciente, al menos en mi experiencia de analizante y de analista, es subsidiaria de la sorpresa, de la palabra que conmueve lo real, que despierta a otra realidad, que alcanza de algún modo la vivencia del cuerpo. Ello no solo se logra mediante la brevedad de las sesiones, sino que es el resultado de obrar según lo que los griegos llamaban el kairós: el momento  oportuno. El kairós lacaniano, si se me permite decirlo así, puede suceder en cinco minutos, como resultado de un corte apropiado, o en veintidós, acompañado de una palabra del analista. O incluso producirse cuando la sesión ya ha acabado, en el instante de la despedida.
En síntesis: las sesiones breves, sí, pero en el más amplio contexto de las sesiones de tiempo variable. A veces, el analizante también se toma su tiempo para seren una sesión. Y es preciso concedérselo.
Reciban mi saludo afectuoso,
Gustavo