17 de diciembre de 2014

Norma Raggi - Poesías - Santa Bárbara California- Premio.




Itinerario


No encuentro mis diferencias con el mar.
Tengo su paz azul,
doy frescura
acuno
refresco
soy inestable
a veces me siento horrible
y me mareo
y te mareo,
turbia.

Pero la calma retorna
salvo cuando me enfurezco.
Entonces
traiciono
y trago un ángel.

Por las noches
mi intensidad no decae.
Si me querés,
descanso
si me has olvidado
bramo, oscura
fiera y temible
y finalmente
soy toda de agua.

  18 de julio 1994



duelo
a los ojos
a las piernas
derrumbe sobre el derrumbe sobre los hombres
sobre el hombre

calle
aullido

altavoces:
memoria.
Grietas.

Calle:
alma

ayudar
sostener
retroceder el tiempo
silencio de sirenas: muerte

¿y la vida?

vuela por los aires
en escombros
nube amarilla

caer, volar, reír,
reír.
Causa
¿causa?

Silencio: explosión
gema.
La vida: gema.

Metal: quejido.
Suero.
Manos. En lo alto. Suero.

Y los restos
y los sueños
¿los sueños?

 
La mirada recostada en el mar
me dije

Quiero ver el sol cuando sube
quizás soy de agua
y salpico
y calmo el fuego.

Quizás.

Quizás el mar me necesita
para contenerse.
Necesita de mis ojos
que lo frenen.

Recuerdos de pez me sacudieron
pero me dije

Todavía
quiero ver el sol cuando sube.
 
 Me gustó mucho
mucho
mucho
volver a encontrarte

volver a quererte
sin amarte
volver a sentirte
sin rozarte.




Primer amor.

  
No quiero que lo olvides

comenzaba la noche
y no deseábamos perderla.

Cómplices
de silencio
organizamos el festín
con trajes suaves
y hermosas máscaras.

Ajustamos las riendas
para que no se desbande
lo que nunca ha de detenerse
si sale.

Nos escuchamos.
Acariciamos lo que rodeaba al otro
sin quedar en evidencia
y elegantemente
nos despedimos.

¿Te gusta?
Era de noche
y el aire tenía el cuerpo
de nuestro cuerpo.

Es un secreto.
Lo saben tu entorno
y mi conciencia.

 
A este día
que se levantó apenas
y se arrastró,
pesando.

Al que luego llegaron
la esperanza
y las sombras amadas

se le ha prendido una flor.
Una flor.

Es todo.

Y alcanza.
  

Desvelo.
Sueños de algodón.

Amor de ayer.
Caricias.
Ojos de carbón.




Libertad.


Verdes, amarillos, ocres.
Campo.

Un caballo de ojo alerta
galopa
sin sonido.

Alambres de púas
cortados,
vencidos.

La vida brotando
bajo el sol
y con las estrellas.
  
Pompa de semillas. Vi alejarse su tenue sombra.
Qué bien, me dije.
Nada la detiene
en la noche fría
arrastrada por el viento.

La casualidad dibuja su camino
estrellas la iluminan.

Para ella, arrastrarse es volar,
liviana, resplandeciente.



Me preocupan
las calles cercadas por paredes
como jaulas.

Quiero
caminar de cara al sol
liviana y sin tiempo.

Me preocupa, en fin,
que el paisaje de cemento
se me incorporte
y aplaste perfumes,
letanías,
memorias,
ansiedades.



Confabulación armoniosa de átomos
olvido de tus memorias
caminabas.

Un niño pequeño extendió sus brazos.

Lo mirabas.

Tu piel tu amor tus sueños
tu sonrisa
te desbordaban.

El niño señaló el camino.
Desdobló su mirada:

lo mirabas.

Recuerdos de ternuras
voces lejanas
ausencias.


Confabulación misteriosa de átomos
memorias del olvido
te acosaban.

 

Flor rosada
siento tu poema

clamor y deseo
juguemos a ser fuego

el mármol está ausente
es tiempo de vibrar

juguemos a ser arena
arena caliente
en tiempo de amar.




Si en la oscuridad no titila una luz breve

si el amor es empañado por la sombra de la duda
y hay niños que no encuentran
tibieza y cuidados entre los hombres,

me digo
qué soledad, Tierra.
¡Qué soledad!




Me ama
entonces seré hermosa
Él, mi alegría,
me sueña.




Las horas áridas
la creación dormida
el recuerdo que duele
desaparecen
porque te quiero.
La vida se hace vida
cuando te veo.


Escribimos hoy
nuestra historia, mi amor
en la brisa del mar.

Y nuestra piel, mi amor
una sola.



Perfección de amor
y de olvido.
Cada beso el primero
y el último.

 




Me mirabas.

Entre las voces
sólo la tuya, ausente,
escuchaba.

La lluvia
en
los árboles.




Secretaria

Preste atención
cierre la puerta
use lápiz y hoja blanca.
Apague el pájaro.

Escriba
“te quiero”.



Insectos caminan en mi cuerpo.

Se me hace que debo partir
que si vuelo me quiebro.
Que ni pájaro ni reptil: sólo un puro sueño.

Ni flor ni fruto ni nada que viva.
Sólo un puro sueño
de un final que llegó
años ya.








Vino a buscarme la muerte
y le dije: “estoy ausente”,
mirando el vacío, en mi traje azul.
Los codos sobre la mesa
el vaso constante.

La muerte partió,
desorientada.







Amigo, estás enfermo.
Te han dicho que vas a morir
...y el día recién comienza.

Que cada minuto depende de tu fe,
tu fuerza,
tu ansia de luchar.

Hoy a tu cargo
tu vida y tu muerte.
Eso, lo habíamos olvidado.

Estás, de vida plena,
en la cúspide de la felicidad
y del desamparo.

Es un día como todos,
en tu interés, tu inteligencia
tu deseo.

Sólo que hoy
pesa tu final.
De eso te han hablado.
Era posible,
pero lo habíamos olvidado.


Miguel, amigo mío,
quisiera recobrar tu tímida arrogancia
tu inteligencia
tu nobleza
la ternura de nuestra amistad.
Irme lejos de este día
tu deseo desprendido del cuerpo enfermo.





Hay cenizas en tu mirada.
Amás la vida,
pero ella te deja.

Tu obra queda trunca.
Tus hijos, Miguel.
No hay para darles
más que el leve evanescer de tu ansia.

Dónde se perderán los “te quiero”.
Viajarán un rumbo incierto.
Tus “te quiero”
metiéndose en la piel
grabándose en la memoria.
Apuntalando nuestro desvalido sobrevivirte.

Me pregunto
dónde viven los amores sin cuerpo.
Qué es la alegría
cómo haremos.


Si tus ojos
ya no miran
No es casualidad el otoño, amigo.




Me equivoco
pensé que te enfurecerías
en cambio me dejaste ir.

Me equivoco mi amor pájaro
creo que me querés
y me dejás ir

pienso que me olvidaste
y estás aquí.

Me equivoco, amor.
Nada sé.






Necesito recordar
si eran flores silvestres
y si ella las quería.

El mensajero sabe
que el amor es implacable:
Crece cuanto más le temen.

Necesito recordar
si las recibió en sus brazos
y si ella sonreía.

¿Qué vio el mensajero?
¿por qué no olvida?
¿serían quizás silvestres?
y ella,
¿quién sería?




¿Nunca te pasó que
-en un sueño,
alguien tendiera un puente hacia vos,
y te besara...

...y que
despierta,
lo vieras
enredando su andar
en un puente interminable?

 





Si acepto que la vida
es sólo un parpadero
en un planeta descarriado
entiendo por qué te amo:
me juego a vivir,
sin temer.



 



Hoy he visto, amor,
mi aromo
sufriendo.

Mi árbol se ha debilitado.
Yo sólo supe acariciarlo y recoger sus hojas
que con un soplo caen,
y quedarme a su lado.









 
Arlequín,
quiero contártelo.
Muy cerca
es un susurro.

Hoy perdí la ilusión. Estoy avergonzada.
La necesitaba para vivir.

Arlequín,
sé reemplazar ilusiones.
Amor no compartido es tierra sembrada,
flor por nacer.

Hoy granizó y tuve miedo
o fue un huracán
se vaciaron mis manos.

Otros labios rozaron los míos.
Estamos vivos, Arlequín.



Nada aprendo ya,
ni al amor le temo.

Mezclo
esperanza en la tristeza
risa en el llanto
violencia en el amor.

Nada puedo discernir
ahora que la vida
se ha presentado
y se ha borrado el tiempo.




Para encontrar
el equilibrio
estamos buscando
una solución provisoria
a una humanidad
deshumanizada.



 


Aunque llegue la noche
y no estés en la memoria
olvidarte no existe
no vale la angustia.

Tu vida
pétalo
agua cristalina
juega
su historia de aire.

Tu tierra no tiene fronteras
allí nadie muere.
Tu risa de cascabel
invade los silencios.

Te miro.
Te escucho.
Descanso,
mi amor.


Negar que nuestros juegos de amor nos aprisionan
es tomar la vida de espaldas
arrojar el capullo al cesto
dar un rodeo
y luego regresar
a recoger la flor
ansioso por saciar su sed.


Creí que había límites
y eran sólo vallas.
La alucinante realidad
desbocada
arrasaba imaginación
y esperanza.


 
 




Para dibujar este día
elegiría
un árbol de flores lila
un cielo gris
una mujer alejándose
y la ausencia de una niña
risa de cascabel.

¿Y qué verías?
La timidez de la soledad
la prepotencia de la muerte.


 

De la vida quiero
el abrazo apasionado
y la amistad.
Quiero lo que no se ve
y tu mirada
si es ardiente,
mi amor.


 
Cada mañana
cada hombre
sale.
Pone su corazón sobre la mesa
y según las cosas
algunos días comemos corazones
y otros días
el perfume de las flores.
Devoramos todo.


 
Doy vueltas alrededor del fuego.
Las llamas trepan en la noche.
Algo me deslumbra.

Nuestras manos se detienen
alrededor del fuego.

 
Me olvidaste en un rincón
pequeña y oscura
y te pregunto
si el mar
el cielo,
mi aromo
mis hijos
mis sueños
lo que quiero y lo que detesto
y hasta mi estruendoso palpitar
es silencio.

 
                                            2001


Mujer
imagen del desconsuelo
muñeca de trapo
cabeza de alfiler.


Niño. Piel curtida
pantalón antiguo
Oasis ignorado.


Mujer aullando de cara al niño
su impotencia de calle.
Desgarrada.
Imperdonable.


Piel cavada por la miseria
un hueco en la mirada
fruto del polvo
imagen del hambre.

Malestar de culpa anónima.
Niño sin niño.
Ternura ignorada.




 
En la libertad y el amor

El aire fresco de la mañana
apacigua las humeantes pesadillas
tan grande es la herida.

Creo en tu canto, hijo.
En la inteligencia con sueños de futuro.
En las manos creadoras.

Tu juventud vital y alerta
contra la muerte
en el miedo y el dolor.
Para vivir.

   
A mi amigo le nace la música en el pecho
con un brinco de alas.
Sonríe desde adentro hasta el fondo
y nos tiende un puente hacia la mañana.

De él se enamoran
mi perra y mi pájara
las plantas desde sus macetas
y todas las mujeres de Francia.

Mi amigo tiene viento en el cabello
y un rumor de río lo acompaña.

Yo le escribo estos versos
volando
sobre una paloma blanca.

    Sé transformar sueños. Dar vida. Hacer canciones.
Poner en marcha la vida inventada.
Puedo calmar ansiedades.
Cuando amo
encuentro el amor.

Pero hay algo que no alcanzo.
Lo más difícil.
No me alcanzo.
No me encuentro.
Todo viviendo alrededor mío
y
yo
ausente.


   

El cemento calentando el aire.
Las casas humeando negros.
La vida buscando. En silencio. Gris la idea.

Apartarse.
Verse.
Huir hacia la vida donde el lago es verde,
azul el cielo
y hay brisa de árboles.

Para que surja la idea
para vivir viviendo
para respirar.



Que todo cambia
así te siento.

Que es real este amor
que antes fue consuelo.

Que mi ternura te envuelve.
Un amor cuando crece
equilibra nuestro entorno
acaba con la miseria.
Así te siento.


Está conmigo.
Se ha puesto su mallita gastada
y su sombrero.

Mira, que ni sé si me mira.
Sus pies se balancean
desnudos.
Y su mano,
¡su mano!
apoya
descarga
un reguero rojo
como la sangre.

Tibio,
no juzga ni pregunta ni exige.
Pero está atento
y de mí,
todo lo espera.

Seguimos, sigamos juntos, Arlequín.
Joven y viejo.
Atento y lejano
compañero.


 Viento y lluvia del otoño.
Caprichoso.
Cambiante.
Me gusta que sea inesperada
mi ciudad.
Que el clima me recuerde
lo inestable.

(Sensación de vislumbrar
la propia fuerza).

Mis desequilibrios se acomodan
en el equilibrio cósmico.
   

Pase, señora, deje sus zapatos, su cartera.
Aquí no necesita nada. Quítese el reloj.
Acuéstese en la camilla.

¿Acaso logré realizar alguno de mis proyectos?
No recordaba que un día mi ropa sería inútil
y que no habría respuestas a mis preguntas.
Tal vez, adormecida, dejarán de interesarme
mi laberintos.
Se esfumarán mis zapatos, el traje, la cartera,
la sonrisa.
Por más lazos que haya tendido.

Relájese, señora, diga qué ve.

El mar pesando en mis oídos,
fuerte y denso bajo las olas.
El sol calentando el aire.
Arriba, las bicicletas esperan
y las margaritas silvestres se estremecen con la brisa.
Hay otros sonidos pero es la música del mar
 la que cuenta.
Y más flores blancas, rosadas,
que han nacido sólo por nacer, como vos y como yo.
Algunos perros van a perseguirnos
cuando, riendo, corras detrás de mí.
Yo huiré, y estarás buscándome.

  
Soñé que era pájaro.
Mi pájara y yo acurrucábamos amores
en la tibieza del compañero.
Mi casa era un nido.

Muy cerca
uno como yo dormía su soledad
en una enorme jaula.
Una mujer hacía una lágrima verde
y lo miraba.

Desperté sobresaltado: una mujer
hacía una lágrima plana y fría
y me miraba.

 Para disimular la tristeza
la cubrimos con cosas.

Tu ausencia se instala en todas ellas,
amor.

Evitamos el calendario
y descubrimos que nuestro cuerpo
es
la memoria.

Los ciclos recorren su camino
en nuestro cuerpo.
Las fechas se anuncian solas.
Todo permanece.

Y te amamos.

  
Llega y desaparece. Íntegra. Intensa.
La caricia. El beso que envuelve y ata y libera.


Es ternura. Es violencia.
Es retorcerse en el otro.
Poseer. Confundirse.
Hundirse en ávida búsqueda.
Penetrar y grabarse.

Es hallar la plenitud más allá de la piel,
de las palabras. Más allá de los sueños.

En el territorio
de
la fertilidad.

   
Tu nombre amargo rueda en el pasto
y rueda tu paz de cielo abierto
con el mate, el fogón, el canto.

Marga madre tantas veces como sueño de mujer.
Tierna. Desovillando amor.

Callada ante la agresión.
Activa y vital en la armonía.

En calma tu intensa vida.
En silencio tu solitaria muerte.
Marga valiente.
Tu muerte estirándose en los brazos y los brazos
y los brazos de tus hijos
de tu compañero
ahora que despunta el país y te necesita
tras tanta ofensa.

Marga. Cálida intimidad.
Tu abrazo, amiga.
Extraño tu abrazo.

     
Pasemos la vida en vela.
Unidos.
Alerta.
Conteniendo el aliento.
La mirada develando el desatino.
No dejemos que la paz nos adormezca.
No permitamos que la muerte se acerque.
Defendamos lo que creemos, lo que amamos.
Velemos la vida entera,
mi amor.


       Tus palabras
saltando en las notas del piano.
Inasibles
etéreas
como tu amor.
Leño ardiendo
pasión
resumida
en la bruma de tu ausencia.





Yo nací... era un campo
con bichos de luz, aromos, estrellas.

Encuentro ambivalente la vida, el amor, la muerte.
Pero tiene una sola cara la paz, una sola el hambre
o el niño abandonado.

Estoy pero no me quedo.
Soy parte del aire y del mar
y aún así
¡es tanto lo que siento!




 Llega la primavera. Y tu descanso. Tu sonrisa, mi amor.

A veces la única posibilidad es apartarse,
buscar la soledad.
Dejar a los que amamos.

Nos sumergimos en el caos del esfuerzo,
los requerimientos de la vida, la necesidad de crear,
de amar, de alimentar nuestro cuerpo.
Intentamos continuar cuando ya perdimos.
Cuando los amigos ríen y ya no nos interesa.
Cuando sólo causamos dolor al que amamos,
y nuestro cuerpo perdió su maravillosa armonía.

Nosotros
tercos
obstinados
ciegos
seguimos.

De pronto escuchamos el vacío, reconocemos el fin.
Aullamos. Nos aislamos en silencio. Miramos sin ver.
Cerramos los ojos
...y todo
es un momento,
amor.

Vi una luz
lejos en la distancia
te dije
vamos.

Es nuestra luz
la estrella que perseguimos
es nuestra llama
mi amor.

Estaba perdida.
Te dije
tenemos que ir.

La vida es un viaje
que haremos juntos.

Hay un camino
y habrá tal vez
una respuesta.

Caminando las calles
vi una luz
brillar en la oscuridad
lejos
en la distancia.


       El vestido era celeste
igual que el cielo.

Tus ojos y tu voz eran cálidos.
El mar ejercía su fascinación.

Trenzábamos la vida.
Juntos éramos una fortaleza.

Era yo,
en el amor, el mar, el cielo.
Era yo,
más tarde
toda madre,
toda amor,
toda paciencia.

Era yo
cuando en Ezeiza
pesaban en mis ojos las itakas.

Era yo en tu voz, amor
toda madre
toda herida
y más
y más.
Era yo
ésta
la que se recupera
después de tanto amor
como fuego
como bálsamo
como puro daño.


Era yo
irresponsable reincidente
del latir cotidiano.
Cuando el país se vaciaba a mis pies,
precipicio tragando
hombres,
pasiones, ideas.

Era yo
ésta
la que empezó tantas veces
la que se recupera
acurrucada en un rincón
tramando una piel nueva
emitiendo otra vez
el balbuceo
del que comienza.

...el amor es una mano que trenza la vida
es en tierra de ternuras
que se siembra y se cosecha.

Sí. Era yo aquella.





No confundir  pasado con presente.




Cómo pudiste hacer eso
cómo pudiste dejarme
si yo te quería tanto,

decías, y me besabas.

Tus ojos son del marrón del barro
con que se construyen casas
en el sol de la mañana.

No confundir

decías, y me besabas.

Pasado con presente.





Un sauce
era la morada de un hombre.

Primero un sauce,
luego
bajo torrentes de lluvia
su morada fue
más abajo de un banco de plaza
más abajo de mis pies
y del cemento.


Es muy trabajoso
oí decir a la muerte.

Las flores caían estrepitosamente.
Hacían eco de hielos resquebrajados.

Es tanto esfuerzo.

Cargaba en sus ojos
imágenes de vidas sin futuro, de promesas olvidadas,
y de cuerpos como trastos abandonados.

Quise tomarle la mano.

No te acerques
porque no está aquí
lo que buscas.

Trabé mi aliento
en el ritmo sostenido
de un jadeo.

Me había echado a parir.
Eso
sostuvo mi sueño.

Y seguí pariendo
salvaje, ineludible.

Porque no sé cómo nació el amor
porque es magnífico y es espléndido
porque resiste a tantos embates
y es casualidad con causa,
por eso.


No sabría decirte cuánto te quiero.

No sabría con palabras

quebrar tu silencio.

 Podría sin embargo

borrar el tiempo.

Tomarte de la mano

y caminar a tu lado

para que no te perdieras

en ese largo camino arbolado

que se cierra sobre tu recuerdo.