28 de diciembre de 2014

OTRAS VOCES - Iván Ruiz Acero.

OTRAS VOCES

Otras voces es un documental sobre el autismo a partir de la experiencia de nueve padres, madres y abuelos de niños diagnosticados de autismo; del testimonio de Albert, un joven de 20 años diagnosticado de Síndrome de Asperger; y desde la mirada de diversos psicoanalistas de toda Europa.
Los testimonios de todos ellos nos acercan a otra manera de entender y de tratar el autismo. La experiencia de los padres, emotiva a la vez que llena de optimismo, nos permite descubrir qué implica vivir y convivir con el autismo: los primeros indicios de algo que no iba cómo se esperaba en sus hijos, sus primeras palabras, los diversos recorridos hasta encontrar a alguien ayudase a sus hijos y a ellos mismos; la búsqueda de una escuela donde poder estar y aprender; los avances y las dificultades en cada caso, la llegada de la adolescencia, la preocupación por su futuro, …
El viaje a Bruselas de Albert, para visitar por primera vez el Museo Tintín, una de sus grandes pasiones, es el hilo conductor del documental que nos permite descubrir su particular manera de vivir y de entender el mundo.

Tratamiento argumental

"Siempre me pregunté cómo era su mundo al que yo no tenía la posibilidad de acceder… empezó a hablar muy tarde, sólo repetía frases sin sentido… le daba igual si estábamos o si nos íbamos… hablaba pero me di cuenta de que no dialogaba… prefería estar siempre solo, daba la impresión de tener un saber silencioso… vivía algunos movimientos o ruidos imprevistos como una amenaza a su soledad… los cambios de rutinas le llevaban a la desesperación… no me reconocía en él… ara puedo querer al hijo que tengo, no al que imaginé…"
Otras voces es un documental que muestra un diálogo con el autismo desde otra mirada, la mirada diferente que el psicoanálisis lacaniano aporta hoy. Con Otras voces se desmontan los mitos de que el psicoanálisis culpabiliza a los padres del autismo de sus hijos y de que el tratamiento consiste en estirar a los niños en el diván; y se demuestra también su validez y eficacia más allá de la supuesta evidencia científica en la que se fundamentan otros tratamientos. A la vez, nos damos cuenta de lo que sucede cuando damos voz a la subjetividad y nos alejamos de los sistemas evaluadores que sólo aportan cifras. Entendemos lo que sucede cuando se evitan los tratamientos de domesticación de la conducta y evitamos la simplificación que silencia lo más particular del ser humano.
EL TESTIMONIO DE LOS FAMILIARES
Nos explican cómo hicieron frente a las dificultades que surgieron en su paternidad; sobre todo, la de dar un lugar singular a sus hijos, renunciando así a las perspectivas e ideales previos.
EL TESTIMONIO DEL PROTAGONISTA
Albert nos transmite su vivencia de un mundo vivido desde lo radicalmente extraño al sentido común.
Con su testimonio nos damos cuenta de lo supone para él hablar, una experiencia reconocible por cualquiera pero de la que se desconoce habitualmente la complejidad que supone..
LOS PSICOANALISTAS
Diversos psicoanalistas de España, Francia, Bélgica e Italia aportan su mirada y experiencia con el autismo desde el psicoanálisis lacaniano, que hace prevalecer la singularidad en la subjetividad de unos y otros.
EL ESPECTADOR
Este documental ofrece al espectador la posibilidad de escuchar y reconocerse en otras voces que hablan de algunos elementos privados (nunca generalizables) de la manera de estar y entender el mundo de personas que viven y conviven con el autismo.


Tratamiento narrativo

El tratamiento narrativo de Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo, se detiene en la atención. Una atención que viaja de las voces a las imágenes con un ritmo que deja espacio para escuchar más que para sentir y para mirar más que para ver. Para ello, enfatizamos los discursos y los lugares; para ello damos especial relevancia a la textura y a la composición de las imágenes, a los testimonios, a las localizaciones escogidas, a las transiciones narrativas y a la banda sonora.
Respecto a la textura y a la composición de las imágenes, se trabajan los encuadres con diversos valores de planos y diferentes puntos de cámara. La iluminación nos ayuda a recrear atmósferas íntimas, poéticas y positivas.
En cuanto a los testimonios y al protagonista, damos toda la relevancia a sus palabras. Y para hacerlo, respetamos el ritmo interno, las pausas y las expresiones de sus discursos; y mostramos y evidenciamos los cortes efectuados por razones de montaje.
Las localizaciones en que se ubican los testimonios son simbólicas y están relacionadas con el psicoanálisis o con el autismo. Se trata de espacios que propician una entrevista de carácter intimista. Respecto al joven protagonista, su testimonio se aborda desde una doble perspectiva: la entrevista intimista y la movilidad cotidiana. Así, además de asistir a un espacio simbólico, también le acompañamos en su viaje de descubrimiento de Bruselas, para visitar con él el Museo Tintín. De esta manera, él nos incita a escuchar y entrar en su particular vínculo con el mundo.
Las transiciones abordan una triple función: narrativa, visual y de separadoras de discurso. La más utilizada es la referencia sonora en la que escuchamos las voces de diversos niños que, intuimos, juegan en una habitación; así como también los sonidos, ruidos y fragmentos de músicas que surgen de los objetos que les acompañan. También, y a modo de transición, asistimos a diversos pasos del tiempo elaborados a partir de las localizaciones (cambios de luz, pasos de sombras, preparaciones de sets,..) como recursos para presentar espacios y protagonistas.
La banda sonora, compuesta especialmente para el documental, termina de envolver y definir el estilo intimista, reflexivo y artístico del documental; puntúa discretamente algunos momentos, quedando inserta en la trama del texto.


Equipo

Iván Ruiz y Sílvia Cortés Xarrié dirigen este documental producido por Teidees.
IVAN RUIZ
Psicoanalista, psicólogo y música, centra su investigación desde hace años en el autismo y la psicosis en la infancia. Publica regularmente algunas de sus investigaciones en revistas especializadas y escribe artículos divulgativos en la prensa de alcance general. Trabaja en un centro de desarrollo y atención precoz desde donde se ocupa últimamente en la confección de un Programa específico para el diagnóstico y tratamiento del autismo desde la atención pública ambulatoria. Es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Actualmente, Iván Ruiz Acero tiene entre manos dos grandes proyectos relacionados con el autismo: el documental Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo, que supone su primer contacto con el mundo audiovisual, y la organización del Foro "Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo"; un foro que se celebrará en Barcelona el próximo 19 de junio en el World Trade Center y que contará con la presencia de expertos de toda Europa (www.foroautismo.com).
SÍLVIA CORTÉS XARRIÉ
Barcelona, 1972. Directora, realizadora y guionista, le gusta explicar cosas importantes y hacerlo de manera bonita y comprometida. Empieza su carrera en Barcelona Televisió (cadena local distinguida por su innovación en libertad creativa y experimentación) donde dirige documentales y reportajes durante seis años. Mas tarde, se aplica en la exploración de programas de televisión culturales, divulgativos y de entretenimiento de diversas cadenas nacionales y autonómicas. Pero siempre que puede vuelve al documental como directora, realizadora o guionista (Melodies Búlgares (2002), Los que no olvidan (2004), L’alegria que passa (2007). Actualmente, co-dirige su propia productora Teidees, con el deseo de desarrollar proyectos documentales sobre cosas que considera importantes y hacerlo de manera bonita y comprometida.

TEIDEES
www.teidees.com
Teidees es una joven productora audiovisual, liderada por cuatro mujeres con una larga experiencia en el mundo audiovisual. Es un colectivo de profesionales de diversas áreas del mundo de los medios de comunicación, unidas para generar ideas y proyectos de programas para televisión, documentales o cualquier otro tipo de producto audiovisual. Son directoras, guionistas, realizadoras, montadoras, cámaras y diseñadoras con una sólida experiencia. Son un nuevo motor de creación que nace de esta experiencia pero también de la creatividad de cada uno de sus miembros, y de la capacidad para desarrollar sus propias ideas y ofrecer un producto acabado.

Juan Romagnoli - Mendoza - Minificciones / Bio.



 
Juan Romagnoli

 

SUEÑO DE MARIPOSA


Chuang-Tzu, con la picardía propia de un anciano sabio, sonríe cada vez que sus discípulos lo consultan sobre el significado de su famoso sueño con la mariposa. Él sabe que, en este mundo ilusorio, la aparente paradoja no es tal, pero prefiere que ellos reflexionen por sí mismos sobre el asunto. Esa sonrisa es, además, un modo de despedirse: su edad es avanzada, y bien sabe que de un momento a otro la mariposa despertará.


CERTIFICADO DE GARANTÍA II

Nuestra empresa garantiza, durante el término de tres meses, la vida útil del corazón HT-30, en adelante “el órgano”, que usted acaba de adquirir. El correcto funcionamiento del órgano ha sido testeado con la más moderna tecnología. Los alcances del presente certificado de garantía quedarán anulados de practicarse incorrectamente el implante, tanto por intervención de personas no autorizadas, como por efectuarse el mismo bajo indebidas condiciones de asepsia. En caso de malfuncionamiento del órgano, podrá reclamarse el reembolso de su valor, teniendo en cuenta los precios de plaza al momento del reclamo y según disponibilidad del mismo modelo o equivalente. La presente garantía no tiene validez fuera del territorio nacional y no cubre reembolso por maltrato amoroso del órgano.


JUEGOS DE SEDUCCIÓN II
(la precuela)

Mi amigo Daniel nunca fue rechazado por una bella dama, salvo una primera y única vez. Siendo adolescentes, con el grupo habitual de amigos, fuimos a uno de nuestros primeros bailes de secundaria. A poco de llegar, Daniel invitó a bailar a la más bella de las damas, aquella a la que nadie se le animaba, y fue rechazado. No se inquietó. Lo que hizo a continuación se transformó en la comidilla del barrio y es una anécdota que no deja de contarse en reuniones de amigos. Buscó a la chica más fea del lugar y la invitó a la pista. Bailaron muy apretaditos. Quizá lo habría hecho toda la noche de ser necesario, pero no fue el caso: en menos de media hora, la más bella, humillada, se retiró del salón de baile.
Nunca más Daniel fue rechazado por una bella dama.

BIO


Juan Romagnoli

Nació en La Plata, Argentina, en 1962;  se crió en Mendoza. Reside en Ciudad de Buenos Aires. Entusiasta investigador e impulsor de la Onirología. Ha cultivado sobre todo el género del cuento y del microrrelato. Algunos de sus micros han sido publicados en la revista mexicana “El cuento” e incluídos en antologías como “Dos veces bueno 3″, “De mil amores, Antología de microrrelatos amorosos” y “4 voces de la microficción argentina”, de Raúl Brasca; “Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera” (Montesinos, Barcelona, 2006), de Neus Rotger y Fernando Valls; “El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo” (Menoscuarto, Palencia, 2007), de Laura Pollastri; en “Velas al viento. Los microrrelatos de la Nave de los Locos”, Fernando Valls (Cuadernos del Vigía, Granada, España, 2010) y en “Minificcionistas del El Cuento, revista de imaginación”, Alfonso Pedraza compilador (Ficticia, México, 2014). Ha reunido sus microficciones en “Universos Ínfimos” (Tres Fronteras ediciones, Murcia, 2009), reeditado por Macedonia (Buenos Aires, 2011). “#ElSueñodelaMariposa” (Macedonia, Buenos Aires, 2013) reúne tres años de twiteratura de su cuenta twitter @jromagnoli.

Gabriel Guerrero - Montevideo Uruguay - Minificciones

Gabriel Guerrero


La boca

No se puede pensar, lo peor es que no se puede pensar, es todo tan ensordecedor, tan confuso desde el momento en que comienza que no podes… no sé, es como si te arrancaran el interior…
Tenés las manos atadas, la capucha, una bota en la cabeza, te arrojan adentro de un auto sin ningún cuidado, te pisan, te insultan, te odian con tanta ferocidad que llega un punto  en que solo oís como una especie rara de ladridos feroces, rabia. Te llevás las cosas por delante, caes, te levantan, te tiran, estás en sus manos, eso, en sus manos, como si fueras un bulto, pero un bulto con conciencia de que es un bulto para los perros feroces que ladran y ladran…
Después de un tiempo querés llegar, el auto frena y pensás que llegaste pero no, el auto vuelve a arrancar y  pasa por encima de algo, luego acelera y vuelve a frenar. Te agarran, te levantan y te llevan en andas a toda velocidad, como si entraran con una urgencia a un hospital, pero no, todo el apuro es para masacrarte, para aprovechar tu desconcierto, tu desesperación y que cantes, que des un nombre, que entregues a otro, otro que va a pasar por lo mismo que vos, otro, te piden a otro, a cualquiera que conozcas, da lo mismo, otro para acostar en la misma reja, otro para vejar, te piden que otro no sea nada para vos, que seas solo vos en ese instante queriendo parar el horror de un dolor inimaginable, deseando desesperadamente un mendrugo de aire, que seas vos y solo vos queriendo transformar los ladridos en una voz de aprobación, de comprensión, de cuidado, la voz de tu madre, que ya a esa altura sabe y no quiere saber… y te piden y te piden, y dale, dale, decí, decí… y te sientan y te cachetean y no podés ni llorar o tal vez si, llorás… no sebés nada, nada, ni mucho menos lo que te conviene y lo que no; solo abrís la boca para gritar y te dan, y te dan, y te dan… Entre todo suena una música enloquecida, la luz parpadea y te vas, por fin te vas y cuando abrís los ojos no ves nada y querés mirar y al mismo tiempo no querés ver nada, estás solo, por fin solo, tirado en el piso y escuchás a otro apenas diciendo su dolor y un llanto ahogado, el ruido de los otros que vienen de algún lado, de tu alrededor, otros que de pronto se llevan, otros que llegan, otros que se sacuden y gritan y vos sabes donde están, vos sabes y cuando te vienen a buscar  para dártela de nuevo, en principio no lo podés creer, no lo ves venir, te dieron tanto de entrada que pensás que ya está, que ya pasaste y todo vuelve a comenzar y otra vez sin saber como volvés a abrir los ojos en la oscuridad de la capucha, en el mismo piso helado, otra vez inmóvil, muerto de sed, solo, sabiendo que habrá otra y otra y quien sabe cuantas más…
La expectativa de la tortura te pone en un estado de alerta que podría dejarte noches y noches sin dormir, sino fuera porque en ese lugar inmundo, uno se duerme porque te sacan hasta el último jugo del cuerpo que pudiera mantenerte despierto, y por más dramática que sea esa espera, posibilita al menos, una forma de prepárate para resistir o para morir aunque sea… ahí empecé a contar las lunas y los soles que apenas podía presentir, ahí me di cuenta que ya habían pasado de sobras las veinticuatro horas de resistencia que habíamos pautado afuera, sabiendo que en la tortura se canta, veinticuatro horas para que se salve todo lo que se pueda, ya habían pasado, las veinticuatro horas, de sobra habían pasado y en ese tiempo no había dicho una sola palabra, ni siquiera había pensado en entregar algo, me di cuenta que solo gritaba o les rajaba unas puteadas descomunales, pero nada de lo que ellos me pedían, nada, ni una sola dirección, ni un nombre, nada. y cuando me di cuenta de eso sonreí y cuando sonreí sentí la boca y la boca fue, desde entonces, lo único que en aquel momento  sentí verdaderamente mío. Pensé en tu boca también, en tus labios mojados, en tus labios estirados y amontonados en un beso, vi la boca de Milton arengando a los obreros,   los labios de Omar haciendo uno con el pucho,   la boca de mi madre rezando una plegaria,   la boca de Alfredo diciendo el poema,   las múltiples bocas de los compañeros sosteniendo la consigna y me decidí a gobernar sobre el único trozo de carne en el que se concentraba el último reducto del amor que me habían dado; y los perros, claro, enfurecieron y mordisquearon y tironearon hasta el cansancio, sin hacerme decir nada, y entonces, ya,  dolidos de impotencia, me sacaron el nombre, me pusieron el número y me arrojaron en el altillo junto a otro números dolientes.
Para mi sorpresa, aún en la peligrosa clandestinidad del susurro, los números,  pasaban sus nombres a través del cerco para gravar los rastros de su travesía por los cuarteles del exterminio y ello suponía saberse buscados, queridos, parte de lo humano, objetos de un amor inextinguible. Allí estuvo Mabel esperando dar a luz a Victoria, Sergio a dos pasos, apenas, de su niñez, la espléndida Rosa, el padre Mauricio, la delicada Paz, Enrique, Octavio y tantos, tantos otros compañeros, dispuestos como siempre a dar hasta la última migaja de lo que les quedaba. Ahí, en ese límite, más que en cualquier otra batalla de la realidad, supe que la lucha era verdadera.
Una noche trajeron a Lucio, lo tiraron al lado mío, esperé que los perros salieran y le hablé al oído, Lucio no contestaba, trataba de quedarse quieto pero no lo conseguía, por encima de la capucha se notaba su respiración jadeante; para darle confianza los otros se fueron presentando con su nombre de letras; Lucio trató varias veces de incorporarse y decir algo, pero apenas pudo ponerse boca arriba. Rosa, que se dio cuenta de que yo no me animaba, lo acarició y Lucio largó el llanto. Quise sacarle la capucha pero me lo impidió y lo dejamos así hasta que se quedó dormido. Pasé toda la noche sin saber que estaba al lado de uno de mis seres más queridos.
Al otro día al descubrirnos nos abrazamos largamente, Lucio seguía sin poder hablar, cada vez que lo intentaba ingresaba en profundas crisis de llanto, por entre los ojos se le veía la mirada presa, hundida, lejana, constantemente movía la cabeza de un lado a otro como alguien que piensa, silenciosamente, en una desgracia. Como era costumbre en aquella catacumba todos se ocuparon de su fragilidad, Lucio llegaba a conmoverse a tal punto con esos actos, que a veces no podía siquiera tragar el agua sucia que nos daban para comer y entonces decidimos no tocarlo, darle tiempo, le dejamos la mínima cortesía del saludo y la preocupación constante por su estado y esperamos, esperé, ansiosamente, que me diera su palabra.
Después de un tiempo de haber pasado sin sufrir los tormentos de la tortura me llevaron otra vez  para no preguntarme nada, para que no me acomodara, me dijeron, para que no me sintiera a gusto, para que no me fuera a olvidar de que se trataba aquella experiencia, esa vez solo rieron  a carcajadas, ebrios de su propia maldición, ciegos del resplandor que les llegó tiempo después. Me arrojaron luego  en mi rincón oscuro y desperté a las horas recostado sobre el cuerpo de Lucio que me acunaba mientras miraba fijamente algún horizonte, apenas me vio despierto, sin dejar de acunarme,  hizo una leve mueca con los labios que a mí me pareció sonrisa, me dio tanta alegría tenerlo de vuelta que quise retomar con él el tono de afuera.
-          No sabes la biaba que les di… - le dije y me reí,  y nuevamente al reír noté mi boca.
Me miró, los ojos se le llenaron de lágrimas pero logró, levantando la cabeza, contener el llanto y hablarme.
-          Me llevan – me dijo con su mano en mi cabeza – hoy nos traslada a unos cuantos.
-          ¿A dónde? – le pregunté como un estúpido - ¿A dónde?
-          Pero no quería irme sin decirte algo – la voz se le estranguló, pero tragó y continuó hablando – yo canté flaco, no aguanté ni media hora… canté… como una gallina, dije todo, hablé… perdóname…
Lo abracé y le dije que no se preocupara, se lo dije inmediatamente, porque realmente, para mí, aquello no tenía ninguna importancia, muchas de los que estábamos allí habíamos sido cantados por otros y nadie se ocupaba de ello, sino por el más cercano, por el que teníamos ahí, al lado, porque siga vivo, por seguir viviendo. Pero todo eso no lo disipaba, era algo con él y con los otros dentro de él lo que lo atosigaba y no paraba de reprocharse hasta quedarse sin voz. Me aterró volver a quedarme sin ese sonido, me aterró la crueldad con que miraba su propia imagen, lo abracé y busqué en silencio la forma infalible de volver a traerlo, de que estuviera conmigo, de que no me dejara, me acerqué y le dije al oído: “Yo también canté, hermano… yo te entregué a vos, perdóname”.

27 de diciembre de 2014

María Magdalena - Poema Visual - Cortometraje.

María Magdalena- Poema Visual


María Magdalena nació en 1984, en Capital Federal. Es escritora, poeta y estudiante de psicología. En 2013 publicó su primer libro,  Spleen, por editorial Letra Viva, prologado por Luciano Lutereau.

Gabriel Guerrero- Montevideo Uruguay- Minificciones- Bio.

Gabriel Guerrero

La boca

No se puede pensar, lo peor es que no se puede pensar, es todo tan ensordecedor, tan confuso desde el momento en que comienza que no podes… no sé, es como si te arrancaran el interior…
Tenés las manos atadas, la capucha, una bota en la cabeza, te arrojan adentro de un auto sin ningún cuidado, te pisan, te insultan, te odian con tanta ferocidad que llega un punto  en que solo oís como una especie rara de ladridos feroces, rabia. Te llevás las cosas por delante, caes, te levantan, te tiran, estás en sus manos, eso, en sus manos, como si fueras un bulto, pero un bulto con conciencia de que es un bulto para los perros feroces que ladran y ladran…
Después de un tiempo querés llegar, el auto frena y pensás que llegaste pero no, el auto vuelve a arrancar y  pasa por encima de algo, luego acelera y vuelve a frenar. Te agarran, te levantan y te llevan en andas a toda velocidad, como si entraran con una urgencia a un hospital, pero no, todo el apuro es para masacrarte, para aprovechar tu desconcierto, tu desesperación y que cantes, que des un nombre, que entregues a otro, otro que va a pasar por lo mismo que vos, otro, te piden a otro, a cualquiera que conozcas, da lo mismo, otro para acostar en la misma reja, otro para vejar, te piden que otro no sea nada para vos, que seas solo vos en ese instante queriendo parar el horror de un dolor inimaginable, deseando desesperadamente un mendrugo de aire, que seas vos y solo vos queriendo transformar los ladridos en una voz de aprobación, de comprensión, de cuidado, la voz de tu madre, que ya a esa altura sabe y no quiere saber… y te piden y te piden, y dale, dale, decí, decí… y te sientan y te cachetean y no podés ni llorar o tal vez si, llorás… no sebés nada, nada, ni mucho menos lo que te conviene y lo que no; solo abrís la boca para gritar y te dan, y te dan, y te dan… Entre todo suena una música enloquecida, la luz parpadea y te vas, por fin te vas y cuando abrís los ojos no ves nada y querés mirar y al mismo tiempo no querés ver nada, estás solo, por fin solo, tirado en el piso y escuchás a otro apenas diciendo su dolor y un llanto ahogado, el ruido de los otros que vienen de algún lado, de tu alrededor, otros que de pronto se llevan, otros que llegan, otros que se sacuden y gritan y vos sabes donde están, vos sabes y cuando te vienen a buscar  para dártela de nuevo, en principio no lo podés creer, no lo ves venir, te dieron tanto de entrada que pensás que ya está, que ya pasaste y todo vuelve a comenzar y otra vez sin saber como volvés a abrir los ojos en la oscuridad de la capucha, en el mismo piso helado, otra vez inmóvil, muerto de sed, solo, sabiendo que habrá otra y otra y quien sabe cuantas más…
La expectativa de la tortura te pone en un estado de alerta que podría dejarte noches y noches sin dormir, sino fuera porque en ese lugar inmundo, uno se duerme porque te sacan hasta el último jugo del cuerpo que pudiera mantenerte despierto, y por más dramática que sea esa espera, posibilita al menos, una forma de prepárate para resistir o para morir aunque sea… ahí empecé a contar las lunas y los soles que apenas podía presentir, ahí me di cuenta que ya habían pasado de sobras las veinticuatro horas de resistencia que habíamos pautado afuera, sabiendo que en la tortura se canta, veinticuatro horas para que se salve todo lo que se pueda, ya habían pasado, las veinticuatro horas, de sobra habían pasado y en ese tiempo no había dicho una sola palabra, ni siquiera había pensado en entregar algo, me di cuenta que solo gritaba o les rajaba unas puteadas descomunales, pero nada de lo que ellos me pedían, nada, ni una sola dirección, ni un nombre, nada. y cuando me di cuenta de eso sonreí y cuando sonreí sentí la boca y la boca fue, desde entonces, lo único que en aquel momento  sentí verdaderamente mío. Pensé en tu boca también, en tus labios mojados, en tus labios estirados y amontonados en un beso, vi la boca de Milton arengando a los obreros,   los labios de Omar haciendo uno con el pucho,   la boca de mi madre rezando una plegaria,   la boca de Alfredo diciendo el poema,   las múltiples bocas de los compañeros sosteniendo la consigna y me decidí a gobernar sobre el único trozo de carne en el que se concentraba el último reducto del amor que me habían dado; y los perros, claro, enfurecieron y mordisquearon y tironearon hasta el cansancio, sin hacerme decir nada, y entonces, ya,  dolidos de impotencia, me sacaron el nombre, me pusieron el número y me arrojaron en el altillo junto a otro números dolientes.
Para mi sorpresa, aún en la peligrosa clandestinidad del susurro, los números,  pasaban sus nombres a través del cerco para gravar los rastros de su travesía por los cuarteles del exterminio y ello suponía saberse buscados, queridos, parte de lo humano, objetos de un amor inextinguible. Allí estuvo Mabel esperando dar a luz a Victoria, Sergio a dos pasos, apenas, de su niñez, la espléndida Rosa, el padre Mauricio, la delicada Paz, Enrique, Octavio y tantos, tantos otros compañeros, dispuestos como siempre a dar hasta la última migaja de lo que les quedaba. Ahí, en ese límite, más que en cualquier otra batalla de la realidad, supe que la lucha era verdadera.
Una noche trajeron a Lucio, lo tiraron al lado mío, esperé que los perros salieran y le hablé al oído, Lucio no contestaba, trataba de quedarse quieto pero no lo conseguía, por encima de la capucha se notaba su respiración jadeante; para darle confianza los otros se fueron presentando con su nombre de letras; Lucio trató varias veces de incorporarse y decir algo, pero apenas pudo ponerse boca arriba. Rosa, que se dio cuenta de que yo no me animaba, lo acarició y Lucio largó el llanto. Quise sacarle la capucha pero me lo impidió y lo dejamos así hasta que se quedó dormido. Pasé toda la noche sin saber que estaba al lado de uno de mis seres más queridos.
Al otro día al descubrirnos nos abrazamos largamente, Lucio seguía sin poder hablar, cada vez que lo intentaba ingresaba en profundas crisis de llanto, por entre los ojos se le veía la mirada presa, hundida, lejana, constantemente movía la cabeza de un lado a otro como alguien que piensa, silenciosamente, en una desgracia. Como era costumbre en aquella catacumba todos se ocuparon de su fragilidad, Lucio llegaba a conmoverse a tal punto con esos actos, que a veces no podía siquiera tragar el agua sucia que nos daban para comer y entonces decidimos no tocarlo, darle tiempo, le dejamos la mínima cortesía del saludo y la preocupación constante por su estado y esperamos, esperé, ansiosamente, que me diera su palabra.
Después de un tiempo de haber pasado sin sufrir los tormentos de la tortura me llevaron otra vez  para no preguntarme nada, para que no me acomodara, me dijeron, para que no me sintiera a gusto, para que no me fuera a olvidar de que se trataba aquella experiencia, esa vez solo rieron  a carcajadas, ebrios de su propia maldición, ciegos del resplandor que les llegó tiempo después. Me arrojaron luego  en mi rincón oscuro y desperté a las horas recostado sobre el cuerpo de Lucio que me acunaba mientras miraba fijamente algún horizonte, apenas me vio despierto, sin dejar de acunarme,  hizo una leve mueca con los labios que a mí me pareció sonrisa, me dio tanta alegría tenerlo de vuelta que quise retomar con él el tono de afuera.
-          No sabes la biaba que les di… - le dije y me reí,  y nuevamente al reír noté mi boca.
Me miró, los ojos se le llenaron de lágrimas pero logró, levantando la cabeza, contener el llanto y hablarme.
-          Me llevan – me dijo con su mano en mi cabeza – hoy nos traslada a unos cuantos.
-          ¿A dónde? – le pregunté como un estúpido - ¿A dónde?
-          Pero no quería irme sin decirte algo – la voz se le estranguló, pero tragó y continuó hablando – yo canté flaco, no aguanté ni media hora… canté… como una gallina, dije todo, hablé… perdóname…
Lo abracé y le dije que no se preocupara, se lo dije inmediatamente, porque realmente, para mí, aquello no tenía ninguna importancia, muchas de los que estábamos allí habíamos sido cantados por otros y nadie se ocupaba de ello, sino por el más cercano, por el que teníamos ahí, al lado, porque siga vivo, por seguir viviendo. Pero todo eso no lo disipaba, era algo con él y con los otros dentro de él lo que lo atosigaba y no paraba de reprocharse hasta quedarse sin voz. Me aterró volver a quedarme sin ese sonido, me aterró la crueldad con que miraba su propia imagen, lo abracé y busqué en silencio la forma infalible de volver a traerlo, de que estuviera conmigo, de que no me dejara, me acerqué y le dije al oído: “Yo también canté, hermano… yo te entregué a vos, perdóname”.


Gabriel Guerrero, nació en Montevideo el 9 de julio de 1969. En 1973 tras el golpe de Estado en Uruguay, parte junto con su familia al exilio y se establece en Buenos Aires, donde reside actualmente.  Con el advenimiento de la democracia en Argentina,  se suma a la campaña contra la dictadura Uruguaya, participando en las filas del Frente Amplio organizado en el exilio. 
Se incluye luego en el resurgimiento del movimiento estudiantil en Argentina a través de los centros estudiantiles hasta llegar a presidir el Centro de Estudiantes de la Escuela de Educación Media 6 de Ramos Mejía.
Terminados sus estudios secundarios, retoma la militancia en el Frente Amplio y comienza con la carrera de Psicología. En 1989 con un grupo de compañeros regresa a Montevideo y se suma a la militancia estudiantil en la Universidad de la República, por razones de índole personal debe volver a la Argentina, en donde se  avoca a terminar sus estudios y a escribir. Paralelamente a la Universidad, profundiza sus estudios de psicoanálisis y se dedica a diversos ensayos de escritura, entre ellos dos novelas, unas de las cuales, El Silencio es publicada por la Editorial Nueva Generación y la otra queda inconclusa.
Durante el transcurso de sus estudios toma contacto con un grupo teatral, hace una adaptación de su novela El silencio que se estrena el día de la presentación del libro en el auditorio de ATE. Escribe varios monólogos teatrales.
En 1998 se recibe de Licenciado en Psicología y atraviesa por varios seminarios de Postgrado hasta comenzar a frecuentar diversos grupos de estudios de los textos psicoanalíticos. Una vez recibido comienza a dedicarse con exclusividad al ejercicio de la clínica con orientación psicoanalítica y a dar cuenta teórica de la práctica a través de la producción de numerosos escritos publicados en diversos medios del campo. Escribe una serie de comentarios de textos de autores tales como Hans -Georg Gadamer, Maurice Leenhardt, Jean Allouch, etc.  que son publicados por la revista Psicoanalítica.
En el 2009 comienza el proceso de investigación que convergirá en el ensayo histórico La certeza de Luz, durante el transcurso de este trabajo escribe varios textos de ficción, entre los que se cuenta un proyecto televisivo, Las armas, basado en las controversias que se desatan en el seno de las fuerzas de izquierda en Uruguay, entre  las décadas  del sesenta y   del setenta, respecto del uso de las armas en la contienda política de la época; dicho proyecto se encuentra en vías de ser considerado para la confección de un guión cinematográfico.
Entre 2012 y 2013  escribe dos obras teatrales, El Recurso Burstein, que aborda en tono de comedia las dificultades respecto a la cuestión de  la paternidad, y El conductor donde se trabaja la relación entre   locura e interpretación.