11 de noviembre de 2014

Lilian Elphick - Minificciones - Chile.

Lilian Elphick


Llave

{ con esta llave abrirás la puerta de mi casa   su forma es extraña  no te asustes cuando debas introducirla en la abridura  no te inquietes cuando no haya puerta pues nunca hubo un cierre eficaz  pasa  entonces  siéntete cómodo y huele las postrimerías del silencio (la cafetera humea  el pan se entibia en el horno  los terrones de azúcar están un poco deshechos  al fondo a la izquierda)  no mires de un lado a otro para preguntar si ‘hay alguien aquí’  debo aclarar que el suelo que tus pies pisan es un allá y que estas indicaciones redactadas en el preciso momento del ahora  las escribiste tú  bañado de un pasado arenoso (¿recuerdas tu risa tan alta caminando por el bosque?  yo iba de tu mano  ¿lo recuerdas? corre que corre detrás de los árboles y arriba de ellos también  pasaron nubes  por supuesto  grandes algodones de llanto contenido  te di las llaves de mi casa  no fuera a ser que uno de los dos se perdiera)   con esta llave pequeña podrás acceder a la caja de madera  gírala suave hasta que tintinee el entusiasmo  reconocerás tu letra y leerás las cartas casi rotas por los dobleces  el papel se habrá desteñido   si te acercas a la ventana  no toques el visillo  alguien puede notar que en la casa hay movimiento  mejor quédate sentado sobre la cama   cómo cruje  ¿no?  a veces vengo a recostarme  me doy vueltas y vueltas (corro de tu mano con la risa tan alta hasta que los dos caemos y por unos segundos continúa el zumbido de las balas que muere en la sordera misma del eco)  vueltas y vueltas  sin cerrar los ojos  pero las llaves las tienes tú   es un alivio }

Voz

En este espacio perdido, donde me ciega el resplandor de la ausencia, es beneficioso tantear tu voz, dragón alado, hasta repasarla con los dedos para fabricar, en la forja de mi lengua, la imagen de tus labios moviéndose.

Coordenada precisa, ofréceme el aire que las noches me niegan de tanto oírte; en la insistencia lujuriosa el fuego va a lo ya incendiado y se multiplica.  Y es cierto que espero con la desnudez a cuestas que silbes mi nombre y aquí-mejor-me-detengo.

Entretanto, equilibrada en tu cuerda, que es vocal y consonante, regreso al deseo: casa y refugio;  instalada la piel en su sitio, regreso y agrego un batir de alas al recuerdo del mal paso. Porque caería al precipicio, caería ahora mismo, con tal de ser recogida por tus exhalaciones. Es ahí, mi monstruo, mi verdadera ficción, donde quiero estar.


         Venus de los tajos

Delicia de perderse en la imagen presentida.

Alejandra Pizarnik


El espejo no me salvó, lector variable, de estas palabras. Ya quisiera haberte cantado un mugido alegre, enfundada en el lamé de Marilyn, pero (siempre hay peros en las tragicomedias) preferí el más obsceno de los silencios, ése que se abre de piernas para mostrar comunicaciones e imprecisiones. Opté por el cuchillo hundido en mi piel y que antes saboreó Slasher Mary en su acto de rabia.
Cada tajo es una escritura y una contemplación.
Cada escritura es un modo de decir que no.
Cada contemplación es la arruga de una historia venida a menos. Porque los grandes momentos épicos del espejo han sido barridos por la escoba de una desconocida.
Aquí está el amor de la neoplasia, la dentellada caliente que vive sola y que muere sola.
Aquí está mi ofrenda: Tómala, hunde tus dedos en ella; escarba en cada una de las heridas, agrandando así el espacio entre deseo y poder.


(*) Texto basado en el cuadro Venus del espejo, de Velázquez, tajeado por Mary Richardson, Slasher Mary, en 1914.