27 de noviembre de 2014

Gabriela Aguilera V - Microrrelatos Memorialísticos.



Gabriela Aguilera V

  
Microrrelatos Memorialísticos:

La necesidad de las respuestas
 Al Capitán Pedro Fernández Dittus
Era el día 2 de julio, pleno invierno en Santiago. La mañana de barricadas se convirtió en llamas con olor a bencina. La piel se chamuscó y los gritos se hicieron silencio, acallados por las frazadas.
La pregunta es si aquel que dio la orden, ése que encendió el fósforo y miró el espectáculo, sintió el arañazo del miedo o la angustia mientras olía la carne asada. La pregunta es si aquel hombre puede vivir sin recordar. La pregunta es si el asesino sueña que las víctimas lo tocan con sus brazos de fuego, si la garra de la bestia lo alcanza, al fin. 

(de ASTILLAS DE HUESO, Ed. Sherezade, 2013)


El fondeo I
A mi padre y a mi abuelo
Mi padre susurró: «A Manuel lo fondearon». Mi madre dejó se servir la sopa. En la calle, alguien pasó silbando y mi padre se puso el dedo en la boca, instándonos a guardar silencio. Escuchamos hasta que el silbido se perdió.
«Fueron muchos. Los tiraron al mar por orden del presidente», susurró mi padre, «al fondo del mar». No pude imaginar eso. Para mí, el mar era un dibujo en mi cuaderno, igual que la cordillera. Era un sonido tremendo en una concha de loco que después se transformaba en cenicero en el living de mi casa. Era la playa sembrada de algas y el dolor del golpe frío del oleaje. El mar era algo luminoso y feliz. Imaginé a mi primo Manuel, en el fondo del mar, llevado por las corrientes hasta un lugar donde no podríamos alcanzarlo.
En los años siguientes, cada vez que fuimos a la playa, esperé ver a Manuel viniendo hacia nosotros montado en la cima de una ola.            

(de ASTILLAS DE HUESO, Ed.Sherezade, 2013)
El fondeo II
            En qué momento se torció el uso de la palabra, nunca lo supe.
            Había quedado para mí pegada al fondo del mar, en esos años de dictadura ibañista, cuando yo era un niño. Resurgió casi cuarenta años después, aunque su significado era diferente. Los fondeados eran los que estaban escondidos de la policía secreta que los buscaba sin dar tregua.
Nunca supe cuándo me transformé en un fondeado, en las dos acepciones de la palabra.

(de ASTILLAS DE HUESO, Ed. Sherezade, 2013)