8 de noviembre de 2014

Gabriela Aguilera V - Chile - Microrrelatos Históricos. l Edición





Microrrelatos Históricos

 Los Tigres de Arkán

 Su líder tenía prontuario. Había sido un fugitivo desde que tuviera dieciocho años, pasando de una región a otra y dejando a su paso una estela de fechorías. Después, desempeñó misiones especiales para la policía secreta de su país y el gobierno cubrió su rastro ante los tribunales de justicia. Para los que no pertenecían a sus huestes, era un psicópata, un delincuente erigido en Señor de la Guerra. Para los Tigres, hábiles en el uso del hacha, el cuchillo y la kaláshnikov, era un héroe. El último patriota.

El líder, con el pecho cruzado por la bandolera, cantó pidiendo que la poderosa mano de Dios defendiera la nave del futuro y que a la hora de ir a batalla, lo guiara derecho hacia la victoria. Terminado el himno, se ajustó la boina negra en cuyo frente un tigre mostraba los colmillos. Pasó revista a los jóvenes y muchachas con boinas negras, iguales a la suya. “¡Pronto se verá el color de la sangre!”, gritó, levantando su arma al cielo. Los guerreros respondieron a coro y el rugido carnicero remeció las montañas.

 ( de Tatuajes en la Tierra - Inédito) 

Falaris
            Muge, Falaris.
Las llamas acarician tu piel reluciente, las crines dibujadas con golpes de cincel. Que tu grito se eleve, que rompa el crepitar de los tizones, que salga convertido en un tronar de cuerdas vocales. El fuego muerde ahora tu cuerpo metálico en la oscuridad flamígera del sótano castellar. Los inquisidores alzan la cruz, te rodean musitando las oraciones que los mantendrán a salvo del demonio que te habita. Sus sombras rapaces reverberan contra los muros. No los ves, Falaris, estando como estás, envuelto en un cuerpo de metal.
Brama, Falaris, rostizado al rojo vivo. Y el alarido del hombre condenado y convertido en toro deja su rastro en la historia oscura del poder clerical.
(de LAS PUNTAS DE LA CORONA, inédito)
El Hechizado

Cuando el niño nació, la dinastía llevaba tiempo acumulando genes agotados. Se habían cruzado entre ellos tantas veces, que el azar contaba con poco material para escoger al momento de dotar al  nuevo descendiente, heredero de los cuatro puntos del reino.
Era feo y desangelado. Tenía la mirada ausente, el cuerpo algo torcido y la baba resbalaba de su boca entreabierta. Enfermaba a menudo y murmuraban que sería el último representante de su linaje, debido a la conformación de sus genitales. Decían también, que una bruja lo había hechizado condenándolo a permanecer en un mundo extraño, lejos de los imperativos de la corte. Sus pensamientos eran un misterio y parecía una alimaña caminando torpemente por el palacio, afirmándose en las paredes. Sin embargo y contra todo presagio, llegó a edad adulta, fue coronado y se casó dos veces.
Los cortesanos no tendrían que envenenarlo: sabían que iba a morir por causas naturales. Eso ocurrió una tarde de noviembre, a días de que cumpliera treinta y nueve años. Dicen que en el momento en que el rey expiraba, el sol se oscureció y los pájaros dejaron de cantar. Dijeron, entonces, que un nuevo ángel había entrado al paraíso.

(de LAS PUNTAS DE LA CORONA, inédito)