19 de noviembre de 2014

Fernando Ainsa- Zaragoza España-Minificciones- Troya- l Edición

Fernando Ainsa


Troya


Eres un pescador que vive feliz con su familia de los productos de este mar generoso frente al que se levanta tu aldea. No conoces otro horizonte y cuando sales de madrugada con tu barca y las redes, das las gracias por no haber tenido que emigrar como otros y porque la naturaleza te brinda sus frutos al alcance de la mano, merced a tus reconocidas habilidades en el arte de la pesca.
Hoy, cuando estabas mar adentro, te ha sorprendido descubrir como el horizonte se iba cubriendo con la silueta de trirremes acercándose a la costa al ritmo pausado de sus remos. Son más de diez, aunque no los has contado.
Has regresado apresuradamente y has visto como la flota acostaba en la playa. De su borda saltan guerreros armados y remeros de anchas espaldas que han empezado a levantar tiendas de campaña cerca de la orilla.
Luego, todo ha sido un trajinar de soldados y de un grupo de oficiales que ha venido a vuestra aldea a reclutar soldados para la tropa que debe conquistar Troya, la nueva ciudad que se alza en lo alto de los arenales. Os ofrecen trabajo por unos días; deberán todos vestirse con los uniformes griegos que os entregan, enarbolar lanzas y escudos y avanzar en tropel, pero en riguroso orden militar, hacia esas murallas. Eres alistado como voluntario y estás contento : saldrás de la rutina de tu vida como pescador y, si la suerte te acompaña, vivirás algún instante de gloria
Al parecer se trata de rescatar a Helena de las manos de Paris, príncipe de esta ciudad que la robó a su esposo Menelao, rey de Micenas. Al mando de las tropas griegas está Aquiles —hijo de la Diosa Tetis y el mortal Peleo— un joven de aire petulante que se pasea altanero con su coraza brillante al sol. Es rubio, atlético y lo miras desde lejos con admiración.
El día de la batalla luces tu uniforme de cuero con orgullo. Tu familia te ha despedido con cierta preocupada tristeza, pero ya hacen planes de lo que comprarán con la mesada que te han prometido.
Son más de mil los integrantes de la tropa y estás entre ellos.
Soldado anónimo, perdido en la masa que avanza al ritmo de trompetas y tambores, quisieras ser —aunque fuera por el instante en que los focos de esta guerra que no es tuya te iluminen— el protagonista de una toma. Corres, tratas de acercarte a Aquiles, para entrar en el marco del enfoque de su cuerpo dando grandes zancadas espada en mano rumbo a las murallas de Troya. Con tu pesada lanza enarbolada vas cubriendo los metros que te separan de su aguerrida silueta. Quieres que las cámaras colgadas de las grandes grúas que con sus traveling van filmando los pasos de Aquiles, te encuadren.
Quieres estar junto a Brad Pitt al entrar en Troya y cuando lo logras te giras y sonríes a los objetivos que te inmortalizan en esta película que se filma el tórrido verano del 2003 en tu aldea, cerca de Los Cabos, en Baja California, en México. Tu perfil, en primer plano se reflejará por un instante en la pantalla, junto a un desconcertado Aquiles.
Luego, en el fragor del combate en que el héroe cae con su talón herido, arderá la Troya de cartón piedra que han levantado sobre los arenales : con sus cien metros de longitud y cincuenta de altura, todo reducido a cenizas.
Tú sobrevivirás con alegría para contar la historia a todo aquel que quiera escucharla ahora —yo, entre ellos— y enseñarás las maltrechas fotos con tu uniforme de soldado griego que llevas en el bolsillo como prueba de que fuiste extra de la película Troya, dirigida por Wolfgang Petersen y con Brad Pitt como protagonista, esa película que dejó en la región un beneficio de veinticinco millones de dólares y a ti —como era previsible— muchísimos menos, aunque lo intentas compensar vendiendo a los turistas copias CD piratas de la película.

Nota: 
RELATO BREVE DE MI PROXIMO LIBRO “Desde el otro lado” que publicará la editorial PREGUNTA