24 de julio de 2013

Vocaciones.Un ingenioso dispositivo llamado “Cartel”.Irene Kuperwajs Junio 2013 Escriben los Psicoanalistas.




 
Irene Kuperwajs





Un ingenioso dispositivo llamado “Cartel”
1-El Cartel como órgano de base de una Escuela
Lacan  introduce el Cartel como principio de funcionamiento de su Escuela en el Acto de Fundación de 1964 y la convierte en una herramienta privilegiada del trabajo en común de los analistas. ¿Para qué?  Para una elaboración de saber sostenida bajo la modalidad de “un pequeño grupo”. Podríamos decir que es un dispositivo que tiene una función respecto a lo epistémico referida a la formación de los analistas porque sirve para la investigación y el aprendizaje pero también tiene una función política ya que presenta al cartel como órgano de base de su Escuela.  ¿En qué consiste? Si bien es un grupo, el cartel no funciona como tal, no es un grupo de estudio. Intenta ir en contra de los efectos de grupo y de la masa, a los que llamó “obscenidad imaginaria” e intenta reducirlos, limitarlos.  En ese momento Lacan estaba muy interesado en estudiar y combatir lo que era la posición de los líderes y el fenómeno de las masas, las pandillas y sus efectos nefastos en las universidades…y en las instituciones analíticas. El cartel pone sobre el tapete la dificultad que tenemos para desligarnos de los fenómenos imaginarios de grupo y funcionar en el trabajo más allá de ellos.  Es decir que Lacan parte de su propia experiencia y toma como antecedente los estudios de Bion sobre lógica colectiva. Se trata de un pequeño grupo conformado por 4+1 participantes, que pueden ser tanto miembros como no miembros de la Escuela. No se les exige a los cartelizantes que hayan concluido su análisis para integrar un cartel pero se demuestra que en general tienen una probada relación al inconsciente.  Cuatro se eligen entre sí y luego eligen a un quinto que funcionará como Mas Uno que “si bien es cualquiera, debe ser alguien”.  La función del Mas Uno es crucial. No es un líder, pero  tampoco es uno igual que todos. Su función es la de seleccionar, causar el debate, y velar por el destino de ese producto final de cada uno, no colectivo. Se trata de que se pongan a cielo abierto los obstáculos, las crisis y el producto propio de cada uno. El cartel se inscribe en la Escuela en un catálogo de carteles que se renueva anualmente y los trabajos producidos en el cartel pueden presentarse en las Jornadas Nacionales de Carteles de la Escuela, que se realizan todos los años.  Los  carteles tienen la particularidad de que eligen un tema en común para investigar y discutir (un concepto psicoanalítico, un seminario, algún interrogante clínico) pero a la vez cada uno elegirá un “rasgo” particular que lo convoque especialmente. Se reúnen con una frecuencia según su decisión, en un consultorio o en un restaurante, pero al cabo de dos años de trabajo este cartel deberá despegarse.  Así convocaba Lacan al trabajo en 1980, en un texto llamado “El Sr.A”: “Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa… Se trata de que la Causa Freudiana escape al efecto de grupo que les denuncio .De donde se deduce que solo durará por lo temporario, quiero decir, si uno se desliga antes de quedar tan pegado que ya no pueda salirse….Además se necesita que junto con eso instaure yo un remolino que les sea propicio. Eso o el pegoteo seguro”.(1)
2-¿Qué sostiene el lazo entre los analistas?
 Frente a la soledad del acto analítico se impone un hacer lazo con otros con quienes poder compartir el peso de lo real de la práctica. Ese hacer lazo, nos lleva con Lacan, a una articulación entre el Cartel y la Escuela. Por supuesto que el cartel no es el único modo en el que hacemos lazo los analistas en la Escuela. Pero no hay que olvidar que cuando Lacan funda la Escuela, el cartel está en el centro de la experiencia.  El cartel como dispositivo de trabajo conjuga el lazo social que permite la producción con la palabra contingente de cada uno, con el rasgo propio, con su síntoma, con su nombre. Se opone a la burocracia y aloja la contingencia. Permite la producción de un saber no acabado, de cada uno con los otros. Es como afirma Lacan un pegotearnos para después despegarnos, a partir del producto, con la perspectiva de la permutación y la disolución. Para volver a empezar.                                                                         El cartel está atravesado por el lazo social en todo su proceso, pero de un lazo que no hace masa y se distingue del fenómeno grupal que se sostiene en el Nombre del Padre para poder hacer algo diferente: un trabajo de Escuela. El Mas Uno intentará asegurar la diferencia con el grupo desde su función de “agujerear las cabezas” sostenido en la transferencia de trabajo que hace posible que el trabajo se pase, se desplace.
3-¿Cómo articular en un grupo, el modo de gozar de cada uno y la solidaridad de un trabajo conjunto?  
Para Freud el pasaje del sujeto a lo colectivo es la identificación. Lacan no deja a la identificación solamente del lado del significante en el lugar del Ideal  sino que ubica un objeto en el lugar del Ideal e incluye al goce en la psicología de los grupos. Todo lazo social ocupa el lugar de una ausencia irreductible, se instala en el lugar de ese agujero. El lazo social está empapado de  la cuestión libidinal. El cartel presenta por un lado lo que entra en el lazo social y a la vez lo que no es colectivizable, al igual que el dispositivo del pase inventado por Lacan para demostrar cómo se finaliza un análisis y cómo se adviene analista. La lógica del cartel se apoya en un agujero de saber, se constituye alrededor de un vacío. Por esta vía es posible operar una transformación en la posición subjetiva respecto al saber en función de lo que de su goce cada uno está dispuesto a comprometer en una experiencia colectiva en su nombre.
El cartel es una experiencia a la que se entra porque se quiere saber, a la vez que se trata de producir un nuevo saber, de cada uno pero con los otros. Miller recuerda que conviene a la posición del analista no quedarse solo, sin Escuela, ya que tiende a defenderse del discurso analítico. El cartel entonces, como forma de lazo que resiste al grupo, al pegoteo, y a los fenómenos de masa, como una política del lazo, es una apuesta por las sorpresas del discurso analítico que conviene a una Escuela de psicoanálisis en la que “no se sabe” qué es un analista.
(1)   Lacan J., “El Sr.A”, en El Cartel en el Campo Freudiano, Eolia, Buenos Aires, 1991.
Irene Kuperwajs
Junio 2013