29 de enero de 2013

Sergio Poli en Cita en las Diagonales: "Redondos, asociaciones libres" (2/3)


Segunda entrega de nuestra entrevista a Sergio Poli, violinista argentino. En este extracto nos contó acerca de una de las experiencias más impresionantes que le tocó vivir en su larga carrera de músico: cuando tocó ante 40.000 personas en el estadio de Huracán. "Tal vez, lo menos importante fue lo musical, pero sí lo social, lo emotivo. Empezar a tocar un solo de un disco que había salido hacía 3 días a la venta, y cuando me quiero dar cuenta, escucho que lo estaban cantando".

Otro de los temas que recorrimos fue el de las asociaciones libres en la música. Nos comentó que su experiencia más radical en este área fue un concierto imporvisado que dio en un parque ubicado en Japón con 20 músicos con los que no pudo intercambiar ni una sola palabra!

Finalmente, nos contó cómo influyó en su vida (personal y musical) el psicoanálisis. "Si te ponés a ver las láminas de disco “Señales de humo”, entre los agradecimientos pongo a Cecilia, que es mi analista. Obviamente no voy a poner “a mi psicóloga”, pero puse 'A Cecilia por la cirugía cerebral'".

Disfruten de la nota y no olviden pasar por www.citaenlasdiagonales.com.ar.


Sergio Poli en Cita en las Diagonales: "Redondos, asociaciones libres" (2/3)


-Susana Hoffmann: Sergio, ¿qué significó para vos tocar con Los Redondos?
-Sergio Poli: Fue una experiencia muy fuerte. No soy un tipo demasiado vinculado al movimiento del rock, más allá de que en mi adolescencia y a partir de los 24 me relacioné con el mundo del clásico, del jazz y del tango también. De golpe descubro, en el año 91, a Los Redondos. Hasta ese momento no los había escuchado –fijate hasta qué punto no estaba relacionado con el rock, no me interesa demasiado el rock-, los descubro, los empiezo a escuchar y me gustaron mucho. Mee fui empezando a fanatizar, así que cuando me caen con la propuesta me agarran justo en un momento cuando yo estaba bastante fanatizado con Patricio Rey, tenía sus discos, los escuchaba mucho y un día llego a casa y me encuentro con un mensaje de la Negra Poli, la mujer de Skay [guitarrista de la banda, NdelE.] para hablar conmigo. Ahí me entero de varias cosas: me entero de que toqué con Cordal Swing tres veranos seguidos en la Costa (íbamos a Villa Gesell), a tocar a la gorra, que obviamente a las dos semanas ya estábamos tocando en boliches y nos tomábamos un mes de vacaciones tocando por todos lados; y ahí, en uno de esos lugares, un día pasó Skay con la Negra Poli –nunca supe que estuvieron-, estuvimos charlando, nos tomamos una cerveza y después me entero a la vuelta de los años que ahí, cuando me vieron, les quedó siempre la idea de invitarme a hacer algo con ellos. Y esto ocurrió finalmente en el 93, que es como me convocaron a tocar en un disco y para tocar en el estadio de Huracán. Fue una experiencia muy fuerte haber vivido… de costado, era una fiesta ajena, no era como la mía, pero haber participado de esa fiesta fue una cosa my interesante. Tal vez, lo menos importante fue lo musical porque musicalmente es una de las tantas cosas que hice en mi carrera, interesantes o no, pero sí socialmente, emotivamente. Empezar a tocar un solo de un disco que había salido hacía 3 días a la venta, no más de eso, los tipos largaron el disco días antes, me sorprendió cuando largó el concierto que el público cantaba las letras todas, de punta a punta. Pero no solamente eso: cuando empiezo a tocar mi solo de violín, cuando me quiero dar cuenta, escucho que están cantando el solo (risas). Entonces digo, a ver eso yo no lo vi –mira que en cierta época iba a ver muchos conciertos de rock, he ido de pibe-, nunca vi eso; nunca vi esa comunión dentro de un escenario y más a esa masa, mucha masa!

(Extracto de uno de sus conciertos)

-Susana: estuve escuchando cosas de Sofi y de la gente que vos tenés en tu página web y es muy interesante el diálogo que se produce a nivel del encuentro de los instrumentos a nivel de la improvisación en la composición jazzística.
-Sergio: con Sofi se dio la cosa así, que en general es parte constitutiva del mundo del jazz, justamente esa posibilidad de comunicación a partir de que tocamos, en general, muchas veces, conocemos una determinada cantidad de temas. Eso te permite decir “bueno, vamos a tocar determinado tema” sin mayores precisiones. Es muy interesante. Obviamente, como con todo en la vida, hay gente con la cual tenés feeling y con la cual no tenés feeling. Con Sofi se dio eso. Era alguien a quien yo no conocía –siempre soy un tipo que busca esas redes-. Como dice un violinista uruguayo que vive en Nueva York, “los violinistas de allá somos pocos pero varios”. Es verdad, no somos muchos, no es como con los pianistas, que los pateás. Cuando me empiezo a enterar de que hay una violinista, trato de contactarla inmediatamente. Ver quién sos, qué hacemos. Da la casualidad, o no, de que ella está en pareja, está casada con un violinista que sí es amigo mío, violinista de tango que vino a la Argentina tocar tango; bueno así que a través de Leonardo la contacto a Sofi, consigo su mail, le mando un mail, le digo que tengo la posibilidad de armar cosas en La Plata, en la ciudad vieja, y qué le parece si armamos algo. Un contrabajo, una guitarra y listo. Fui un día a la casa a ensayar y se dio eso, se dio esa cosa que a mí me toca, de salir a tocar juntos con una persona a quien no conocía.

(Extracto de Sergio y Sofi)

Pero eso me ha pasado muchas veces en muchos lugares, por suerte. Si querés el dato extremo, es una experiencia que tuve cuando fui a Japón creo que fue en 2004, fui 5 veces a Japón, y en una de esas giras se me ocurrió empezar a buscar en Google gente vinculada al estilo Django y encontré un par de guitarristas. Les mandé un mail, medio champurreando en inglés. Cuando llego allá, los contactamos yo no podía tocar en boliches porque iba con una empresa que nos llevaba y por una cuestión contractual no podía trabajar. Entonces armamos una especie de reunión informal en un parque, como si fuera Palermo. Domingo a la tarde, con los gansos nadando por el lago y la gente caminando con los chicos. Quedamos en encontrarnos en una estación de tren, me encontré con ellos y no podíamos intercambiar dos palabras porque hablaba en inglés y ellos en japonés. Nada. Los seguí, tomamos un tren, llegamos a un parque, nos instalamos y cuando me quise dar cuenta pasaba gente con guitarrras y había un par de violines, un contrabajo y un acordeón… éramos 20 tipos y tocamos como dos horas y media, vaya a saber uno qué. Agarramos un libro mío y veíamos si los temas los conocían o no, lo iban leyendo, fuimos tocando y no pude intercambiar ni una sola palabra con esta gente. Cuando terminé les dije chau y me fui.

-Susana: cómo es esa libertad que te brinda el jazz y lla búsqueda del psicoanálisis, porque sabemos que te analizabas. ¿Cómo fue esto?
-¡Uh! (risas). No sé. Me gusta la idea de la asociación libre, el desvarío, esto de hablarle al techo. No estás viendo nada y ves cómo se disparan ideas. Lo que más me llama la atención (debe ser la cuarta vez que hago, con la diferencia que esta vez empecé y dije que me voy cuando me echen, cuando me digan que no venga más, y hace 10 años que hago). En algún momento, pasé de grado, pasé de diván. Salí del sillón y me metí en el diván. Fe muy fuerte la experiencia de encontrarme hablando… para ustedes es algo diario, pero para mí fue raro, no le estoy hablando a nada [mira hacia el techo], y descubrí posiblemente una de las razones de esta historia; de golpe, ver que una de las imágenes… las ideas se disparan para un lugar distinto de donde se disparan cuando hablás con otras personas. De alguna manera, esa libre asociación es más libre todavía. De pronto te cuento mi experiencia. Andá a saber si no tiene que ver eso con el hecho de que yo toco y cierro los ojos, es casi imposible que toque con los ojos abiertos. Es antinatural para mí. Y me ha pasado… me pasa, habitualmente, que cuando toco un solo de un tema, dura 2 minutos, lo que peude durar un solo, y cuando termino de tocar el solo abro los ojos y descubro que… vos abrís los ojos imaginando lo que vas a ver y estoy mirando otra cosa, así que de golpe giré en el escenario, a veces dos grados, no importa cuánto, pero que en vez de mirar hacia allá estoy mirando ligeramente hacia acá y de eso no tuve conciencia en ell momento del sollo. De alguna manera, ese perderte es interesante.

-Susana: ¿Podés dar cuenta de algún efecto que haya tenido el psicoanálisis sobre tu música?
-Sergio: Todo. Todo.

-Susana: (risas) ¿A ver?
-Sergio: En mi música, en la vida, a punto tal que si te ponés a ver las láminas de disco “Señales de humo”, entre los agradecimientos pongo a Cecilia, que es mi analista. Obviamente no voy a poner “a mi psicóloga”, pero puse “A Cecilia por la cirugía cerebral” (risas). Rompe lla idea de Pink Floyd en un disco que se llamaba “Cirugía Cerebral”. Era una especie de metáfora de Pink Floyd, quien quiera saber que lo sepa y quien no, no, no importa. Hasta ese punto le estoy agradeciendo a mi analista en un disco, porque ese disco tiene que ver con… no sé si lo viste, es una especie de festejo por 25 años con la música, un festejo con amigos. Mucho tuvo que ver con el psicoanálisis, no hay ninguna duda, con el proceso al cual me llevó el psicoanálisis.



22 de enero de 2013

Dra. Mónica Katz en Cita en las Diagonales: "Vocación de psicóloga" (2/3)

Luego de la gran repercusión que logró la primera parte de nuestra nota a la Dra. Mónica Katz, nutricionista, fundadora de Fat-Fit y autora del libro "No dieta", presentamos la desgrabación de la segunda parte de nuestra charla.

Este extracto está íntegramente dedicado a la exploracción de la vocación profesional de la Dra. Katz. Monica nos contó cómo tuvo que resignar su vocación por la psicología en favor de otras opciones debido al cierre de facultades (como la de Ciencias Sociales y la de Filosofía y Letras) que orquestó la última dictadura militar. Luego, cuando ya cursaba la carrera de Medicina, se encontró nuevamente (como vimos en la primera parte) con el cuerpo del otro. Finalmente, se inclinó por la nutrición, donde encontró espacio para ayudar a los demás desde una dissciplina que le permitía integrar lo físico con lo emocional.

Les dejamos el video y la desgrabación. No olviden que pueden ver la nota completa en nuestra web, www.citaenlasdiagonales.com.ar.

Dra. Mónica Katz en Cita en las Diagonales: "Vocación de psicóloga" (2/3)


-Susana Hoffmann: Contaste cómo te fuiste armando ni en relación a esa identificación dura con Esther ni a lo contrario. Y aparece tu especialidad. ¿Vos entrás a Medicina ya sabiendo qué querés ser especialista en nutrición?
-Mónica Katz: No.

-Susana: Entonces, vamos un poquito para ese lado: ¿por qué medicina?
-Mónica: En realidad, yo quería ser psicóloga, pero en ese momento aparece la dictadura militar, cursé en medio de ella y los militares cierran filosofía y letras y todo lo que sea en la rama en la que yo quería entrar. Ciencias Sociales estaba cerrado. Y entonces empiezo a asesorarme sobre cómo hago para lograr ser psicóloga, o por lo menos hacer algo parecido. Yo no quería ser psiquiatra en ese momento. Hoy me doy cuenta que hubiera sido psiquiatra, pero bueno. Y me orientan a la medicina y que haga psicoanálisis. Entonces entré a medicina para ser psicoanalista. ¿Por qué? Creo que tenía que ver también con… siempre fui muy sensible al dolor emocional, al dolor psíquico. A mí me pareció siempre que el dolor físico es fuerte y no te permite distraerte, pero el dolor emocional te permite distraerte y eso es lo peor. Es intangible, y me parece entonces que merece que le dediquemos tiempo y lo estudiemos más. Entonces, a mí que una patología fuera desafiante, que siempre fuera de servicio, de tener en cuenta al otro, de por qué eso, me atrajo mucho y me pareció que todo lo que sea psicoanálisis o tratamiento psicológico tiene mucho que ver con eso, con poner un rato en blanco la cosa para escuchar al otro, desaparecer un rato para que aparezca el otro con todo lo que tenga y tratar de acompañarlo. Y yo creo que uno hace lo que nació para hacer si dejás que la vocación te encuentre.

-Susana: Quisiera volver a cómo hay un giro en tu vocación, o cómo se construye la articulación entre vos entrando a medicina para ser psicoanalista y esta ruta de especialista en nutrición y luego Fat-Fit.
-Mónica: En principio, cursar medicina es enfrentarte al opuesto que yo pensaba, porque básicamente en primer año no tenés otra que ver cuerpos inertes, personas que son y no son, tengo un relato, estábamos estudiando cabeza y cuello. Yo llego temprano, voy a buscar mi preparado y me dan la cabeza de un señor oriental, y yo la tomo con los ojos mirando hacia mí, pero tenía un pasillo largo, muy largo, con un salón levemente iluminado, bastante tétrico, y esas mesadas a lo largo de ese pasillo enorme donde yo tenía que llegar al lugar casi opuesto de la entrada, y empiezo a caminar con ese chino, japonés, con esa cabeza con los ojos entrecerrados, solo su cabeza y su cuello, y empiezo a caminar y cuando tomo conciencia de que no es un preparado sino una persona, veo eso y empiezo a correr por ese pasillo y tiro esa cabeza,, que rueda y cae al piso. Eso fue una bisagra para mí, era primer año, se supone que el estudiante de medicina está preparado para eso pero yo ahí me doy cuenta de que el cuerpo es apasionante en sí mismo y que es toda una presencia, más allá del psiquismo y las emociones que yo traía, así que cursar en medicina fue encontrarme con el cuerpo. Fue un maravilloso encuentro con el cuerpo y sus secretos. El secreto de toda la maravilla que somos.

-Susana: cuándo te diste cuenta que la cuestión estaba por el lado de la nutrición y el poder darle al otro una ruta particular de saber hacer con la comida.

-Mónica: eso fue casualidad. Bueno, qué se yo, de pronto aparece amigo de mis padres, el jefe de servicio de Nutrición del hospital donde me formé, el Hospital Durand, me escucha en una conversación y me dice “Mónica, venite conmigo. No es endocrinología, es nutrición, pero vas a poder dedicarte a lo nutricional también”. Es verdad, tienen una cercanía la especialidades, como una interacción muy importante -me di cuenta que sí, absolutamente-. Hice mucha endocrinología y no me queda otra que saber endocrinología. Neuroendocrinología, o psiconeuroendocrinología. Y bueno,, así es como llegué a nutrición, llegando de la mano de lo emocional, lo intrincado del cuerpo humano y básicamente la endocrinología, y así llego.

-Susana: ¿Cuándo se produce esa toma de conciencia que pareciera… decís que hay muchos momentos de tu vida donde vas adquiriendo saber acerca de vos, como que las cosas se te van armando. ¿Cuándo vas adquiriendo un saber acerca de esta cuestión de la infancia ligada a los excesos y a los trastornos de la alimentación de Esther y tu elección?

-Mónica: Sí, tengo muchísima terapia, cada tanto hago un service (risas), cuando de pronto hago un impasse hago un service, cuando tengo momentos de verdad, de enorme cambio –tuve momentos de muchos cambios y de enormes pérdidas, que fueron las dos situaciones que yo, después de muchos años de terapia, hago lo que yo llamo un service. Hubo un momento y un proceso con una terapeuta maravillosa, siempre agradeceré a Lía, en donde yo pude comprender que en cada paciente nutricional que yo abordaba, yo estaba ayudando a Esther. Esa enorme paciencia, esa enorme vocación de entender, de comprender o de acompañar, de alguna manera estaba ayudando a alguien que no podía. Indudablemente no podía con su conducta alimentaria, con sus emociones mezcladas, con… de alguna manera, el alimento obtura maravillosamente bien. Y cada vez que un alimento pudo obturar lo que sentís o lo que decís o lo que pensás, deja una huella en el cerebro y vas por más. Eso le pasaba a mi madre.

18 de enero de 2013

Dra. Mónica Katz en Cita en las Diagonales: "De Anteojito a ¿quién es esta chica?" (1/3)

Muchos de nuestras lectores reconocerán a la Dra. Mónica Katz, nutricionista e impulsora de un modelo de alimentación basado en el placer, por su reconocido libro "No dieta" y su emprendimiento "Fat Fit". Pero, ¿qué historia de vida hay detrás de la mujer que leemos frecuentemente en los medios de comunicación; aquella que se anima a dar charlas en TEDx, que es consultada por centenares de pacientes cada mes y que se anima a decir que "pasar hambre y dejar de lado el placer no sirve"?

Susana Hoffmann, directora de Arte y Producción de nuestra revista audiovisual, entrevistó durante más de una hora a la Dra. Katz. 

Resumimos el resultado de la charla entre estas profesionales de la salud en tres extractos que pueden encontrarse en nuestra web, www.citaenlasdiagonales.com.ar, y también pueden leerse aquí en nuestro blog. 

Los dejamos con la Dra. Katz. Esperamos que disfruten de sus anécdotas tanto como disfrutamos nosotros.





Dra. Mónica Katz en Cita en las Diagonales: "De Anteojito a ¿quién es esta chica?" (1/3)


-Susana Hoffmann: una amiga de la vida, es Mónica Katz. Es médica especialista en nutrición, docente, investigadora. Nos llama mucho la atención esta orientación que tenés en relación al deseo, al placer, a este giro que hacés como contrapunto entre las dietas y esto que vos llamás la “no dieta”. Pero vos sos una persona muy conocida, con una trayectoria muy importante y habíamos pensado con Tomás en comenzar esta conversación hablando acerca de vos y el cuerpo, pero cuando eras muy pequeña, como para ver si podemos construir algo de lo que es la perla de cómo llegaste al hoy. Contanos.
-Mónica Katz: Mi relación con el cuerpo fue compleja, cuando uno lo piensa como para atrás. Uno lo arma, en general, a veces extemporáneamente, las cosas pasan cuando tienen que pasar y uno las integra cuando puede, pero básicamente creo que mi cuerpo no es un eje en mi vida hasta que tengo 12 años. Era una chica de una talla promedio, con un sobrepeso y una cara redondita, y el peso no era un tema importante pero sí conviví con alguien, mi madre, Esther, para quien el peso era todo un tema. Mamá –después de un tiempo, pude procesarlo-, fue el motivo de que yo esté sentada acá con vos. Sin saberlo, desde muchos lugares. El primero porque desde muy joven peleó tanto con las anfetaminas como con el exceso de peso que tuvo –llegó a ser hiperobesa, comedora nocturna-. Lo integré mucho más tarde, porque yo no tuve consciencia ni siquiera cuando empecé la carrera de que tenía que ver con Esther esta historia. Por eso te digo, no se relacionó con una elección mía, mi cuerpo comenzó a darme señales de que era importante para mí cuando tenía 12 años. Usé anteojos desde los 3 añitos, y los anteojos, cuando sos pequeño, te distancian del mundo. Te distancian y te protegen. Parece mentira, solo los ojos tienen un vidrio que te separa de la vida, pero vos te sentís protegido.  Y eso que no fui una chica muy tímida: desde pequeña canté, bailé, trabajé... no digo en olimpíadas matemáticas porque me considero discapacitada en matemática, pero sí en todo lo que tenga que ver con lengua, historia (estaba siempre en las competencias culturales y en lo que implica el canto, la actuación). Sin embargo, el cuerpo mío no me complicaba, y eso que no me sentía muy bella ni muy atractiva ni nada, y afeada, te diría, con esos anteojos gruesos que me protegían y me separaban de la gente. Pero hete aquí que sucede algo que tomo como un antes y un después, y es que voy al oftalmólogo y resulta que me dice que no tenía que usarlos más. Está estable su problema oftalmológico y los puede usar cuando quiera. Yo no lo puedo creer cuando salgo de allí, pero parece mentira, me miro al espejo y digo wow, el mundo se ve diferente. Y hasta hoy no uso mucho mis anteojos aunque necesitaría usarlos más, no porque no vea nada sino porque veo mejor con anteojos, de lejos, inclusive, pero me encanta ver el mundo como lo veo. A veces, me río con oftalmólogos, con médicos colegas que me dicen “Mónica, ¿por qué no usás los anteojos?” –veo muy bien de cerca, pero de lejos, para manejar, etc., a veces no los necesito usar tanto porque veo- y digo “me encanta ver el mundo no perfecto, no tan nítido. Este mundo de certezas moribundas, no me molesta verlo así, creo que hasta me viene bien. Pero ese día me miro al espejo y veo otra Mónica.  Increíble, veo una Mónica diferente. Y hete aquí, esas casualidades, que mi hermana, que me lleva dos años, es mayor, me invita a un baile, que se llamaba en esa época, esos donde cada uno llevaba algo, con sus amigos, que eran dos años mayores. Voy a ese baile vestida diferente, sin anteojos, y los chicos preguntan quién es esta chica. Me suelto el cabello (usaba colita y anteojos) me arreglo más, y me siento diferente. Ese es el día en que empiezo a tomar conciencia de que mi cuerpo va a ser algo importante para transitar mi vida.

-Susana Hoffmann: ¿Y lo de Esther fue un exceso también, en relación a la cuestión de tu visión?
-Mónica: Mirá, yo no sé cómo se junta en ese momento porque mi peor sobrepeso y la peor conducta alimentaria de mi madre no fue en esa época. Se gestaba, digamos, y llegó ser mil veces peor cuando yo era más grande. En ese momento, mi cuerpo empieza a tener importancia. Después creo que sí, por supuesto, que todo hijo que tiene un padre obeso o hiperobeso como llegué a tener a mi madre, en un punto tiene dos caminos. Y eso lo veo desde la clínica hoy. O repite la historia inexorablemente o se opone y simplemente como una manera de recorrer su individuación hace el camión contrario. Entonces es un obsesivo dietante, muerto de hambre y flaco toda la vida. Bueno, yo creo que no hice ni uno ni otro. Por eso me hice especialista en nutrición (risas).   

-Susana: ¿Qué viste cuando viste esa Mónica sin lentes?
-Mónica: Vi alguien que no era fea. Alguien que tenía un cuerpo armónico, alguien que podía seducir a través…  no por lo intelectual (yo era muy intelectual, era toda cabeza, todo intelecto, todo estudio). Y ese día, lo que vi es alguien que, además de un cerebro más o menos lógico, podía tener un  cuerpo atractivo. Tal es así que los amigos de mi hermana, que eran de la misma edad o un poquito más grandes decían “quién es esa chica”. Tuve varios acercamientos en ese asalto, como llamábamos en ese momento al baile improvisado de chicos y chicas, ¿te acordás? Volví con la sensación de que en la vida se podía tener un intelecto lógico, un mundo íntimo relacionado con la cultura y con los libros, pero también se puede tener un cuerpo que también sea un buen compañero. Hasta ese momento, yo estaba medio peleada. Me decían “Anteojito”.
Voy a ese baile, me saco los anteojos, y en ese verano hago un crecimiento increíble, de 1,67 m me voy a 1,73. Me ponen en cama, piensan que tengo nosequé, hacen miles de diagnósticos, me empiezan a llenar de comida porque me puse muy flaca (era una nena normal, rellenita de chiquita y después… veo fotos de ese verano y me impresiono. Llegué a 1,76 casi.

-Susana: ¿Tenés una anécdota de esa época?
-Mónica: Sí, de la altura. A mí me gustaba un compañerito. Y él era muy bajito. Muy bajito. Éramos muy buenos compañeros, no había nada más que eso, pero había una onda entre nosotros… teníamos 13 años.  Pasó la vida, cada uno hizo su camino, después del colegio él se fue por otro lado. Yo ya estudiaba medicina, iba en colectivo y me bajaba en Paraguay y Junín y en general cuando bajaba me iba hacia atrás, para poder bajarme por la puerta de atrás del colectivo. Una tarde que voy ingresando no me acuerdo si era a Anatomía, Kinesiología, los primeros años, me bajo. Este chico me reconoce, yo no me di cuenta. Él estaba sentado en el último asiento. Me dice “Mónica”. Me di cuenta que era él. Bueno, lo miraba para arriba (risas). Entonces, los dos nos reímos mucho, nos fuimos  a lo que hoy es la Plaza Houssay, que en ese entonces no se llamaba así, charlamos un rato, llegué un poco más tarde a mi clase y los dos dijimos “qué asignatura pendiente, qué tarados que fuimos”. Fue una linda anécdota y un aprendizaje de que las apariencias engañan y sobre todo de que las apariencias no tienen paciencia.

16 de enero de 2013

Sergio Poli en Cita en las Diagonales: "Tiempo loco" (1/3)

Sergio Poli, músico platense, violinista por opción y por pasión, es nuestro primer entrevistado del año. Para que el público lo ubique, cometeremos una injusticia: diremos que fue "el violinista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota" en tres de los discos de esta banda (el disco doble "Lobo suelto, cordero atado" y "Último bondi a FInisterre"). Pero la carrera vocacional y profesional de Sergio es mucho más que ese detalle de color, como podrán leer en la biografía que adjuntamos más abajo.
Nosotros recorrimos su vida y su carrera al estilo de Cita en las Diagonales. En este primer extracto, Sergio nos contó detalles del surgimiento de su vocación, la relación con su familia (con hermano mayor, padre y abuelo músicos, pero también con una madre dueña de una voluntad a prueba de todo), sus primeras bandas y su relación con "esa cajita de madera" con la que se sintió "muy cómodo desde el principio".

Biografía propia (extraída de la web de Sergio, www.sergiopoli.com.ar)
Se inició en el estudio del violín a la edad de ocho años. Fueron sus maestros José Bondar, Rafael Gíntoli, Ljerko Spiller y Fernando Hasaj, y Héctor López Fürst en improvisación de Jazz. Integra desde 1982 la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata, en la que en la actualidad se desempeña como solista adjunto y, desde 1984, la Orquesta de Cámara de la Municipalidad de La Plata. Fue integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional. En 1987 fundó la Camerata Universitaria (perteneciente a la UNLP). Ha realizado numerosos recitales de música de cámara integrando dúos, tríos, quintetos, etc. Entre 2002 y 2004 integró el Trío La Plata, junto a la pianista María del Carmen Calleja y el violoncellista Claudio Poli. En el campo de la música popular su actividad se ha desarrollado en varios géneros. Integra el grupo de jazz Cordal Swing, emparentado estilísticamente con el legendario Quinteto del Hot Club de Francia. Integra asimismo el grupo A La Gurda/Tangos. Ha sido convocado por la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota para participar en las grabaciones de los CD "Lobo suelto, Cordero atado" (1993) y "Último Bondi a Finisterre" (1998) y actuó junto a la banda en los conciertos ofrecidos en el Estadio de Huracán en Noviembre de 1993 y en Diciembre de 1994. Realizó giras de conciertos por España, Portugal, Japón (en cuatro oportunidades), USA, Canadá, Puerto Rico y Egipto. Ha tocado con artistas de la talla de Eduardo Ravera, Ricardo Pellican, Néstor Gómez, Héctor López Fürst, Norberto Machline, Pablo Ledesma, Ricardo Lew, Jorge Navarro, Mingo Martino, Enrique Varela, Néstor Astarita, Alfredo Remus, Miguel Angel Bertero, Omar Valente, Osvaldo Requena y José Collángelo, entre otros. En Septiembre de 2003 participó en forma activa del workshop de improvisación brindado en Buenos Aires por el Maestro Stephen Nachmanovitch, autor del libro Free Play.


Sergio Poli en Cita en las Diagonales: "Tiempo loco" (1/3)



-Susana Hoffmann: Te agradezco que estés en Cita en las Diagonales. Recorriendo un poco tu obra, me impacté un poco –y Tomás también- por la temprana entrada al mundo de la música, si bien tenés una familia de músicos. Entonces ayer estábamos conversando con Tomás a la noche acerca de lo que él había leído y lo que yo Bhabía leído más algunas cosas que están en Internet y los dos nos quedamos con la necesidad de volver un poco a tus comienzos. ¿Tenías 7, 8 años cuando te encontraste con el violín?
-Sergio Poli: tenía 7 años recién cumplidos cuando empecé a ir a clases…

-Susana: ¿Y antes de eso ya habías estado en contacto del violín?
-Sergio: No. Fue como empezar… vengo de una familia de músicos que se remonta a mi abuelo., que era bajista, y mi viejo. Ya tenía un hermano que, para esa época, estaba estudiando violoncello –él me lleva 7 años-, de modo que alguna vez mi viejo me preguntói si tenía ganas de aprender violín. Es más, ni siquiera fue una pregunta de si quería, fue como una sugerencia que me hizo un día. Siempre digo que si bien no lo elegí, fue como un amor a primera vista. Al poco tiempo de haber empezado con el violín ya sabía que eso iba a ser lo mío y no me equivoqué, evidentemente,
Fue una cosa que se mamó en mi casa desde chico, desde antes de empezar, para mí era normal ir a los conciertos.

-Susana: ¿Cómo fue eso del amor a primera vista? ¿Qué te pasó con el violín?
-Sergio: No sé, me sentí muy cómodo con ese instrumento, con esa cajita de madera, no sabría explicarte. El tipo de sonoridad, el tipo de música, porque obviamente empecé a escuchar música vinculada al violín y me fui enamorando de esa sonoridad, sobre todo en aquel momento, era todo muy vinculado a la música clásica. Me fue enamorando mucho los repertorios para violines, los grandes conciertos, la doble sonata, la música de cámara.

-Susana: a vos qué te pasó con el violín, ¿dormías con él, comías con él?
-Sergios: (risas) No creo que durmiera, pero sí hubo una vocación desde el principio, una cosa que, para mí, a partir de los 7 años, una conviencia diaria, cotidiana, todos los días practicar un poco,  en la semana tener clase, unos años después entré al conservatorio, donde también descubrí que había un mundo aparte. En el conservatorio estuve poco tiempo, pero fue un salto interesante en cuanto a que conocí a un montón de gente que tenía mie dad y que no estaban en lo mismo. No estaba tan solo en el mundo.     

-Susana: ¿qué significaba para vos ir al colegio y que tus amigos supiesen que tocabas esa cajita de madera?
-Sergio: hay como un doble juego donde por un lado sos el especial y en algunas cosas sos el bicho raro. Por un lado esa especie de fascinación que genera un tipo que toca el violín y por otro lado era el bicho raro que decía que el sábado a la mañana se tenía que levantar igual para ir a clases de violín, cosa que el resto no hacía a los 8 años.

(Extracto de un recital)

-Sergio: tuve formación académica toda mi vida.  Bah, toda mi vida: hasta los 21, 22 años, mi formación fue puramente académica. Obviamente, como buen adolescente de mi generación, hice algún flirteo con el rock, pero yo me vinculaba al rock más por la guitarra que por el violín. En la primera época, también fui tocando la guitarra medio solo, pero yo me vinculaba con el rock más por la guitarra que por el violín.
El violín era para mí… como que había una escisión en mis actividades. El violín tenía vinculación con el mundo de lo clásico, no había descubierto el mundo de la música popular en el violín todavía. En los instrumentos de orquesta en general no nos lo dan. No nos enseñan. No aprendemos a jugar con el instrumento.

-Susana: cuándo empezaste a poder jugar, improvisar. ¿Fue en el encuentro con el jazz?
-Sergio: Sí. Un poco me empecé a meter con las banditas de rock al final de la adolescencia y luego decidí tomar clases de improvisación. Me fascinaba el jazz, me gustaba cada vez más, pero me daba cuenta que no tenía herramientas para abordarlo. Tenía herramientas técnicas, en todo caso, pero no tenía herramientas técnicas de lo que implica la formación de un músico de jazz.
En ese punto empecé a tomar clases con Héctor López Fürst, que era el violinista de jazz en aquella época, simultáneamente formé mi primer grupo, que se llamó Cordal Swing –te estoy hablando del año 84, tenía 23 años-.
Para mí, era como natural que me iba a dedicar a la música. Nunca lo puse en duda. En algún momento sí lo puse en duda, terminando la secundaria, en esa ebullición donde todos empezaban a pensar qué carrera iban a seguir y un poco me picó el bichito por seguir una carrera. Recuerdo que lo hablé con mi viejo en aquel momento, le planteé eso que estaba evaluando, y recuerdo la respuesta que me dio en ese momento, que para mí fue uno de los mejores regalos que me dio. Me dijo que sí, que obviamente si quería seguir una carrera lo podía hacer, y que lo único que él me quería recomendar era que no me desvinculara del todo con el instrumento, porque no conocía a nadie que lo hubiera ya hecho que no se haya arrepentido. Después, la vida me lo demostró: me sigo encontrando con tipos a quienes les quedó la espina clavada.
Con mi viejo, lo que sí me dejó fue el enorme compromiso, la vocación por esto. Él me decía que había que ser como un sirviente, en el buen sentido, de la música. Estar al servicio de la música. Esa era su filosofía. De alguna manera, lo cumplió en su propia vida. Él laburó 54 años en el teatro argentino y cuando se fue del teatro creo que vivió 2 o 3 años más. Creo que su vida estaba en eso. Creo que uno podría decir sí, qué mal que hizo en no haber previsto… no sé si hizo mal. Creo que en el fondo vivió su pasión a su manera. De él creo que heredé esa pasión. Y de mi vieja, por ejemplo, que no se dedicó a la música,  heredé las ganas de estar haciendo cosas todo el tiempo. Mi vieja era una mina que a los 50 años tenía 6to grado. Y en algún momento se mandó a la secundaria y terminó psicología social e hizo teatro. Tiene 79 años y sigue metida. Cada tanto aparece con proyectos nuevos. Eso, creo que lo heredé más de mi vieja que de mi viejo. 

15 de enero de 2013

Escriben los psicoanalistas: "El sinthome style frente a la epidemia del Gangnam style", por Marina Recalde

El sinthome style frente a la epidemia del Gangnam style


De estilos y coreografías 

Hace unos meses, el cantante coreano Park Jae Sang, más conocido como PSY, recibió la orden de Okgwan al mérito cultural en su país, otorgada por el ministro de Cultura.

Su mérito, al decir del Ministro, es ser “un héroe en Corea, ya que con su tema Gangnam style ha hecho ver a Corea en todo el mundo”.

El tema en cuestión en realidad es un baile que imita a un caballo, repetido durante todo el video por su creador y simultáneamente por muchas personas, que ha hecho estos últimos meses bailar al mundo entero. Su video en YouTube es un record absoluto de visitas, sobrepasando los 700 millones.

El Gangnam Style en cuestión es un distrito rico en Seúl, Corea, sobre el cual este tema ironiza, y que se ha convertido en la gran novedad de la cultura pop.

En distintas ciudades del mundo se han producido concentraciones donde la masa baila la coreografía, al unísono, repitiendo todos el mismo paso.

Por caso, en nuestro país, en septiembre se realizó en el Obelisco un baile masivo (“flashmob”) del Gangnam Style, que fue filmado para subir a YouTube en homenaje a su “ídolo”. Recientemente inclusive lo ha bailado Madonna.

Su pegadizo paso del caballo ha adquirido una viralidad tal, que el presidente Obama al ser reelecto declaró: "Acabo de ver el video por primera vez y creo que puedo hacer ese movimiento. No creo que la celebración del nuevo período presidencial sea apropiada para bailarlo. Tal vez lo haga en privado para Michelle". El hombre tiene su estilo…

Como vemos, un Gangnam style en las antípodas del sinthome style. Un style, un estilo, impuesto para todos, al unísono, cabalgando cómicamente como un caballo, que se ha vuelto una plaga que está dando la vuelta al mundo. No importa la letra, no importa la música, el placer está en bailar todos a la vez el mismo pasito.


Todo se mueve demasiado rápido

PSY, su autor, no puede creer lo que está viviendo: "Hice esto durante 12 años solamente para Corea, no para el extranjero. No me esperaba algo así. ¿Qué puedo decir? Todo se mueve demasiado rápido".

Efectivamente, todo se mueve demasiado rápido. ¿Cómo dar una respuesta sin entrar nosotros, analistas, en una coreografía viralizada, que nos unifique a todos en un mismo style?

¿Cómo puede vivir la pulsión un sujeto que ha atravesado la fantasía radical?

Sabemos que la travesía no implica un cambio en la pulsión. Es necesario un paso más. Es un atravesamiento que desarticula fantasma y pulsión, en tanto éste ya no funciona como velamiento pulsional. Ese resto de goce, lo pulsional una vez que se ha atravesado el fantasma, deviene sinthome.

Entonces, ¿cómo dar una respuesta sin entrar nosotros en una coreografía viralizada? Aquí estamos, a la búsqueda de otro style, de otro estilo, el nuestro, el de cada uno, aquél que nos lleva a sostener un análisis que lleva tiempo, que horada y hace caer hasta donde se pueda los significantes que, proviniendo del Otro, nos producían mortificación. Y lo que surge al final, o al menos es la orientación, es un significante que ya no se inscribe en esta cadena que se enlazaba neuróticamente al Otro. No importa –pienso- si se trata de un nombre nuevo o no. Lo nuevo es el uso.

Hay tantos sinthome como soluciones de los sujetos que han terminado su análisis y dan cuenta de ello. Dan cuenta de ello de un modo singular. Hay tipos de síntomas, no de sinthome. Cada uno de ellos nombra el punto más singular, punto de invento donde el parlêtre ha logrado enlazarse de otro modo al Otro, por la vía de este nuevo estilo.

Entonces, ¿es un significante nuevo? ¿Es un uso nuevo y como tal entonces es un significante nuevo aunque esté conformado por las mismas letras que aquél S1 enlazado a la neurosis y que el atravesamiento fantasmático permitió separar? El sinthome así entendido, le da un nombre propio al sujeto, da un nombre a su singularidad, que bordea el agujero, que no forma clase, que lo vuelve incomparable, y que permite que el significante ya no mortifique al cuerpo sino que lo vivifique, enlazándolo nuevamente pero de otro modo, sin tanto sufrimiento, al Otro.

Será así un nombre nuevo, dado por el uso, sin lugar a dudas también nuevo, y que implica una satisfacción. Nombre que adviene cuando se ha logrado transformar el sufrimiento del síntoma en la satisfacción del sinthome. He aquí, entiendo, la singularidad más singularísima (si se puede decir así). Múltiples soluciones encontradas, luego de un generalmente extenso recorrido analítico

Estilos. Diferentes estilos. Aquellos estilos que me permiten evocar la maravillosa frase de Deleuze, quien nos dice que un estilista es el que trata de excavar en la (propia) lengua, y encuentra una lengua extranjera” (1).

Estilos que nos permitirán armar, en todo caso, una “coreografía” donde cada quien haga su paso, el del calzador-sin-medida, el de la encarnada, el peleador impolítico, el de la palabra impronunciable y la satisfacción de hacerse escuchar, el que hace payasadas de lalengua, el del sin toma, el del caballo –por qué no- y el de tantos otros que ya existen, los recién llegados y los por venir. En suma, armar una coreografía donde cada uno haga su paso, sí, soporte el del otro, también, pero no por eso quede fuera.

Marina Recalde
Publicado con autorización de la autora

(1) Deleuze, G., ver entrevista en http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.com/2009/08/gilles-deleuze-abecedario-p-q-r-s-t-u-v.html donde alude a ideas desarrolladas en su libro Crítica y Clínica.

2 de enero de 2013

"Vocaciones": Melina Seldes, "Release; let go" (3/3)

Tercer y último extracto de nuestra entrevista a Melina Seldes, performer, coreógrafa e investigadora.

En esta última parte de nuetra nota, Melina nos contó todos los detalles del "Release", un movimiento dentro de la danza que surgió en la década de 1960 como respuesta a la quietud que imponía el formalismo de la danza clásica.

También pueden acceder a la primera y segunda parte de nuestra nota. En la primera parte figura una pequeña biografía de Melina y algunos links de interés para quienes estén interesados en profundizar en su propuesta.

No olviden visitar el resto de nuestras entrevistas en www.citaenlasdiagonales.com.ar.


Melina Seldes, "Release; let go" (3/3)


-Susana Hoffmann: Contame qué es la técnica release que estudiaste tanto. 
-Melina Seldes: La técnica de release, breve reseña histórica: es un movimiento que nace en EEUU, en los años 60, después del gran cambio de la danza moderna con Martha Graham y Dorys Humphrey, etc.; en Europa por supuesto mucho más apagado, por el tema de la guerra, y en EEUU empieza a haber un movimiento, especialmente dentro de nueva York, en donde se empiezan a preguntar cuál era la esencia del movimiento. Si hacemos un cliché de la danza, si ahora pregunto qué es la danza, todo el mundo haría un paso de la danza clásica. Si voy en taxi y digo que soy bailarina, en seguida se asocia con la danza clásica. Ahora, un poquito gracias a Tinelli, acá... Entonces, contra el clásico, pero no porque les interese ir en contra suya sino por decir que tiene que haber otra manera de generar movimiento que no sea desde la imposición de la forma, sino que esa forma tiene un contenido. Y así la danza posmoderna empezó a deconstruir –por supuesto que eran cuerpos construidos, que, entre paréntesis, es el problema que hay hoy, que se quiere deconstruir en base a la deconstrucción (tenemos un problemita lógico)-, y empezaron a decir que bueno, si lo esencia, lo que queda siempre, es el cuerpo. El cuerpo anatómico, el movimiento de los órganos, del alma, de las emociones, todo lo que ya está inherente en el cuerpo. Después será casual la forma formal que tome el cuerpo. Ese es más o menos el movimiento que se genera. Empiezan a explorar, empiezan a improvisar; por supuesto, los hippies… todo lo que estaba pasando en la época, y desde ahí empieza a surgir este movimiento. “Release” viene de dos o tres mujeres que después se separan y ellas tienen sus discípulas y van creando distintas ramas. Release en inglés es soltar, pero no es soltar como dejar que algo se caiga sino que es to release, no existe la traducción literal. Tiene que ver también con “let go”, y let go es también para nosotros soltar. Pero sería más como “dejar ir”. En base a estos principios, cada una de estas mujeres, muy influenciadas también por las técnicas somáticas (que son técnicas que se basan en la experiencia corporal), empieza cada una a definirse y a crear sistemas de trabajo. El que yo estudié es el release anatómico. Lo estudié con una de sus discípulas, quien armó un sistema orientado a la creación de danza y coreografía. Esta fue la escuela; ella la fundó, y lamentablemente cerró. Dado el movimiento no tan interesante que está sucediendo en Europa, todas esas escuelas cerraron. Después. Hay un release solo terapéutico, después hay un release que tiene que ver más con imágenes particulares. Lo más interesante del release es que le entrega al practicante la responsabilidad y la autonomía de organizar y de acumular y de organizar sus experiencias físicas para que ese sea su vocabulario de movimiento; opuesto al clásico, que sería “levanto un brazo, levanto la pierna, creo una forma, acá el entrenamiento es: yo te genero un contexto para que tu cuerpo sea marcado pero sos vos el que tiene que organizar la experiencia. A la vez, uno dice: es para muchos más, y por el otro es que hay que tener una sensibilidad mental y una creatividad más allá de lo formal para poder entrar en una experiencia release. Y por último, lo interesante de la técnica es que muy rara vez el guía (porque ni siquiera es un maestro) plantea una imagen. No muestra lo que esa imagen debería producir en el cuerpo sino que plantea una imagen y deja que esa imagen resuene en el cuerpo. Por supuesto que enseña cómo se inhala una imagen, la exhalación, se va acompañando al practicante como para que pueda vivir la experiencia de esa imagen. Una de las imágenes, para que te des una idea, es permitir que el eje del cuerpo caiga hacia el espacio.

-Entonces, a mí me gustaría que concluyamos tu entrevista pidiéndote el cierre con la palabra o el movimiento. 

-Si tuviese que elegir un final… si tuviese que elegir una imagen para ser fiel a mi filosofía de release, en vez de decir es un cierre, es un punto, diría, es puntos suspensivos...