13 de noviembre de 2012

Escriben los psicoanalistas: "Las Cartas de Van Gogh y el Seminario de la Ética de Lacan", por Tomás Hoffmann

Hace casi 25 años, leyendo por primera vez el 'Seminario de la Ética del Psicoanálisis' de Jacques Lacan me vi impulsado a escribir esto, a partir de allí y de lo que me habían conmocionado la obra y las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Theo, esto. Releyéndolo no quise cambiar ni una coma; pues creo que se sostiene.

Los subrayados fueron míos. 


Tomás Hoffmann

Las Cartas de Van Gogh y el Seminario de la Ética de Lacan

Tal vez fue por el amor que Jo Bonger tenía por el amor que su marido, Theo Van Gogh, le profesó a su hermano Vincent, que se ocupó no sólo de no destruir la obra del pintor – como muchos se lo aconsejaban - sino también de exponerla y además publicar – esto 24 años después de se muerte – sus cartas. Pero esto es otro comienzo.
Comencemos por un final: El 27-7-1890 Vincent Van Gogh se disparaba un tiro en el pecho y moría, tres días más tarde, acompañado de su hermano. Este relata que Vincent le decía: “No llores, lo hice por el bien de todos”, “quisiera morir ahora”. Llevaba consigo la carta que no llegó a despachar, por correo. Vincent escribía a su hermano Theo (652) : “Y bien; mi trabajo; arriesgo mi vida en él y mi razón se ha hundido a medias (...)
(en un momento en que las cosas están muy tensas entre marchands de cuadros de artistas muertos y de artistas vivos) ; que yo sepa, tú no figuras entre los marchands de hombres y puedes tomar partido actuando con humanidad; pero, ¿qué quieres?...” Vincent moría a los 37 años de edad, Theo, 6 meses más tarde, a los 33. Poco tiempo antes, desde el asilo de Saint-Rémy donde se había autointernado Van Gogh escribía, tras recibir una carta de su cuñada anunciándole su embarazo y que esperaban un hijo varón al cual llamarían Vincent, (604) : “trabajo como un verdadero poseído, más que nunca; creo que esto contribuirá a curarme. Tal vez me suceda lo que dijo Delacroix : ‘He encontrado la pintura cuando ya no tenía dientes ni aliento’... Trabajo en una o dos telas no demasiado malas; un segador, será para la exposición de los Veintistas si se acuerdan de mi en el momento dado , aunque para mí sería lo mismo, sino preferible que me olviden (...) en ese segador vi la imagen de la muerte, el motivo era hermoso y simple (...) en esta muerte no había nada triste, todo sucedía a plena luz, con un sol que inundaba todo con una luz de oro fino.”

Dejaba tras de sí más de 800 pinturas, 1700 dibujos y 800 cartas y, aquí y allá, varios que, a raíz de un encuentro, se interesaban por alguna causa por su obra. Se plantea la cuestión acerca del motivo por el cual no fue abolido del campo de los deseos y los museos como lo fue en vida. ¿Habrá sido por el hecho de que algunos habrán sido más sensibles a cierta dimensión trágica?, y con ello a lo que Lacan, en su comentario sobre Antígona –advirtiendo que no es de su exclusividad- denomina: “la posición, la suerte de una vida que se confundirá con una muerte segura, muerte vivida de manera anticipada, muerte insinuándose en la vida, vida insinuándose en la muerte (...) la zona así definida tiene un efecto singular en el efecto de la tragedia : en su atravesamiento el rayo del deseo a la vez se refleja y se refracta, culminando en el efecto más profundo de lo bello sobre el deseo (...), que parece desdoblarlo allí donde prosigue su ruta.”

Prosigue su ruta, tal vez no la ‘carretera principal’ en el caso de Van Gogh, a pesar de que, en las distintas traducciones de sus cartas, no hayamos encontrado (salvo una indicación acerca de ‘errores de construcción y puntuación’ en algunas de sus frases en francés) lo que podríamos calificar de trastornos del lenguaje; ni momentos francos de desencadenamiento; mucho menos alguna estabilización delirante al estilo de ‘ser la mujer de Dios’ o ‘El pintor del futuro’; sino textualmente “ser un pequeño eslabón en la cadena de sucesivas generaciones de pintores”. No deja de llamar la atención el hecho de que los distintos psiquiatras que lo atendieron en vida vacilen acerca del diagnóstico, que Humberto Nágera hable de psicosis pero poniendo de relieve mecanismos neuróticos, que Karl Jaspers ponga honestamente en duda su diagnóstico de esquizofrenia y que Colette Soler lo ubique dentro de una serie de psicóticos ilustres junto a Joyce y a Rosseau. Hace pocos años se determinó que Van Gogh padecía del sindrome de Meniére (enfermedad del oído interno con vértigos, a veces paroxísticos, y trastornos de la audición). ¿Y?:

Volvamos al Seminario de la Ética de Lacan donde retoma y enfatiza los aspectos fundamentales de la ética del análisis. Dice : “Implica, hablando estrictamente la dimensión que se expresa en lo que se llama la experiencia trágica de la vida...” (implica) “elegir cómo patrón de medida la relación de la acción con el deseo que lo habita (...), digamos que la relación de la acción con el deseo la habita en la dimensión trágica se ejerce en sentido de un triunfo de la muerte –más precisamente del ser para la muerte -, formulada en el caso de Edipo en la maldición asumida, consentida.”

Algunos datos. El 30-3-1852 nace muerto el primogénito del reverendo Theodorus Van Gogh y su esposa. Es llamado Vincent Willem Van Gogh; la lápida que lleva su nombre se encuentra en el cementerio adyacente a la iglesia donde su padre predica. Exactamente un año más tarde, el 30-3-1853 nace el 2. hijo del matrimonio; es llamado Vincent Willem Van Gogh y se encontrará todos los domingos de muchos años de su vida con la lápida que lleva su nombre.

Algunos fragmentos de cartas de Van Gogh a su hermano; algunos datos: Carta 106: ... “desayuné un trozo de pan seco y cerveza: es un medio que Dickens recomienda a los que están a punto de suicidarse para alejarlos durante un tiempo todavía de su proyecto.”
Mientras tanto Van Gogh retoma una y otra vez la cuestión que lo desgarra: cuál podría ser su manera de ser útil en el mundo, concluyendo que debería hallar un lugar y un oficio al cual consagrarse enteramente, con amor, eligiendo así el de predicador.
Carta 126: ... “Por las tinieblas hacia la luz (...). Es en el cementerio donde prefiero tomar la palabra, porque todos hollamos el mismo suelo y allí nos damos cuenta.”

Se instala en una zona minera de Bélgica, cede su vivienda, su cama, su ropa, su comida a los mineros enfermos; le retiran su nombramiento debido a su ‘excesiva pasión’. Escriba a Theo. Carta 133: “Soy un hombre de pasiones, capaz de hacer cosas más o menos insensatas de las cuales me arrepiento a medias (...), tengo una pasión irresistible por los libros y nostalgia por la pintura y tengo necesidad de comer mi pan (...). Mi tormento no es otro que éste: ¿para qué podría yo servir? ¿cómo ser útil? ¿cómo saber más? (...) me digo que alguien lo ha escrito en un libro o hecho en un cuadro (...) pero me siento prisionero de no sé qué jaula horrible sin saber qué es lo que me encierra... tú sabes como puede desaparecer la prisión: en base a un afecto profundo, serio; amar..., eso abre la prisión por un encanto muy poderoso. El que no tiene esto permanece en la muerte.”
Un mes más tarde Van Gogh se ha volcado de lleno al dibujo. Su correspondencia con Theo se centra en reflexiones acerca del arte, sus progresos personales, sus tropiezos, sus amores y desengaños.
Carta 233: “El arte es un combate; en el arte es necesario jugarse el pellejo.”
Carta 237: “No apruebo los principios ni los considero dignos si no se traduce en actos (...). Lo sublime no es un efecto del azar, hay que quererlo realmente... decidir si, en el punto de partida los actos deben conducir al hombre a sus principios o los principios a los actos, es tan indecidible como lo del huevo y la gallina.”
Carta 256: “Cuando se es pintor uno debe abstenerse a querer ser otra cosa en la sociedad que pintor, haciendo abstracción de todas las ambiciones sociales.”
Carta 310: “Prefiero tener algunos años de esta existencia que muchos años soñando con eso y postergándolo siempre; dar la vida por algo (...), creo poder concluir que mi cuerpo aguantará bien durante algunos años, de 6 a 10 años.” (escrito 7 años antes de su muerte).
No abjurará de esta posición, será inflexible; así se verá arrastrado en más de una ocasión, no sin gran dolor, a bordear y concretar la ruptura con Theo, su único interlocutor y sostén económico, cuando éste intente darle ‘buenos’ consejos acerca de cómo conducirse en la vida: así se precipitará la ruptura con Gauguin y con ella, el derrumbe de su proyecto de formar una pequeña sociedad de pintores, derrumbe que lo arrastrará en su caída final.
Lacan. La Ética del psicoanálisis; “¿qué es el deseo?, sólo puede recordarles que realizar su deseo se plantea siempre desde una perspectiva de condición absoluta.” ¿Qué implica esto?: que en el deseo como condición absoluta se produce un desasimiento, una separación del Otro de la demanda. Van Gogh: “el segador será para los Veintistas si se acuerdan de mí, aunque para mí sería lo mismo, sino preferible, que me olviden.”

Mientras tanto; Van Gogh y la sublimación.
Lacan retoma a Freud: “la sublimación es la satisfacción de la tendencia en el cambio de su objeto –por la articulación significante- sin represión; en ésta definición está implícito que el deseo no es más que la metonimia del discurso de la demanda.” Lacan da un ejemplo: “Hay de comer...el libro”. Van Gogh. “Tengo pasión por los libros, nostalgia por la pintura y... necesidad de comer mi pan.”
Este ‘sin represión’ es, más allá de cierto esclarecimiento brindado por el énfasis puesto en la metonimia, lo más enigmático y problemático. Lacan, en su crítica de Bernfeld, no sólo pone de manifiesto que, a su entender, no se trata de una transferencia de libido objetal a los Ichziele, sino que además lo crítica en tanto que Bernfeld “sólo llega a captar la sublimación en tanto correlato de la represión.”
Lacan lee a Freud: “Introducir como primordial la función del padre –a partir del mito de Tótem y Tabú, el Nombre del Padre en su función significante- representa una sublimación.”
Que el destino de esta misteriosa sublimación sea, en última instancia, actuar en la represión no es la paradoja menos llamativa. (Si bien se podría aducir que el Nombre del Padre como sublimación es ‘en el mito’ ¿por qué no pensar qué el mismo puede –o no- recrearse en cada cual?). Si así fuese ¿qué hace que el padre asesino-asesinado del mito se transmute en Nombre-del-Padre?. Freud dice: ambivalencia; amor-odio. Si, gracias a las precisiones de Lacan, sabemos a qué conduce el amor-odio del narcisismo, debemos concluir que nada sublime podrá encontrarse a su salida; para que una mítica ininterrumpida sucesión de asesino-asesinado se detenga en algún punto, debe, en algún momento, surgir algo distinto, enigmático, en el amor al padre. En la ‘Ética’ Lacan afirma que el amor cortés es el paradigma de la sublimación. Es ‘otra Cosa’; ya no el Padre, sino la Dama, la que es elevada por un amor, cortés, el cual se resiste por todos lados a ser encuadrado dentro de las categorías del amor-odio narcisísticos.

Van Gogh. Carta 218: “... ¿Qué soy yo a los ojos de la gente?. Una nulidad, un hombre desagradable, alguien que no tiene situación social ni la tendrá jamás; en fin, un poco menos que nada. Bien, supongamos que sea exactamente así; entonces quiero mostrar por medio de mi obra lo que hay en el corazón de esta nulidad, de este excéntrico. Esa es mi ambición y se inspira menos del rencor que del amor (...) en la casa más pobre, en el rincón más pobre veo cuadros, dibujos (...) quisiera hacerlos de modo tal que golpeen a ciertas personas. ‘Sorrow’ –un dibujo- es un pequeño comienzo, quisiera expresar un profundo dolor.”

Más allá del eventual ‘hacer(se)’ ver, mostrando lo que hay en el corazón de una nulidad, golpe a golpe, cuadro a cuadro ..., tal vez un intento de cierre de un circuito pulsional apuntando, como Lacan lo subraya en su Seminario XI, a la causación de ‘un nuevo sujeto’; querríamos subrayar esta ‘ambición que se inspira menos del rencor que del amor’; ese no-todo amor a ciertas personas, que luego se mudará a ‘amor al arte’, aunque, para él, el arte sea no Todo del amor y lo lleve a la amargura de haberlo hecho perder el ‘verdadero’ amor(en relación a una mujer). Extraña posición excéntrica, que, dentro de las coordenadas de la tragedia, debe haber contribuido a elevar una obra a una belleza sublime que apenas logra disimular el horror.
Vincent Willem van Gogh, tal vez su máxima ambición haya sido la de des-hacerse de un nombre –transmutándolo en color (llegó a ‘firmar’ un cuadro de rojo porque necesitaba contrastar el verde) o no ‘firmando’ muchas obras para que fuesen reconocidas ‘a simple vista’- paradójicamente terminó siendo nombrado, y será por un tiempo recordado, como el primer pintor expresionista.

Tomás M. Hoffmann