27 de septiembre de 2012

"Vocaciones": Pedro Saborido, "Refugios, rock, sparrings, mujeres" (3/3)

Tercera y última parte de nuestra entrevista a Pedro Saborido, director, guionista y humorista argentino. Si quieren conocer una pequeña biografía de Pedro pueden acceder a la primera parte de nuestra charla aquí.

En esta parte final, Pedro nos contó sobre su relación con el rock ("en 1977 o 78 éramos hippies en Gerli. Mirábamos para afuera. No había nada acá, estaba la Dictadura), el rol del humor, su manera de encarar el trabajo ("Yo siempre digo, cuando doy charlas, que está bueno tener un montón de sparrings para comprobar, pero el tema es quiénes") y el humor de Todo por dos pesos y Peter Capusotto y sus Videos como una forma de integrar "lo culto, lo grosero y lo absurdo".

Pueden acceder a las desgrabaciones de las dos primeras partes aquí y aquí.



"Vocaciones": Pedro Saborido, "Refugios, rock, sparrings, mujeres" (3/3) 


Pedro Saborido-...porque tenía acceso a las cosas de los adolescentes. Música, escuchaba rock desde los 11 años, más por reflejo de mi hermano y de mis primos. Ellos tienen 5 años más que yo. Estaba más reflejado con ellos que con lo que me correspondía a mí a esa edad. A mí no me gustaba Travolta, no me gustaba el break dance, nada de eso. Todos los roqueros que teníamos 14, 15 años, vivíamos como hippies, diferidos en el tiempo. Había una comunidad hippie en Gerli. Diez años después de que terminó en San Francisco, en 1977 o 78 éramos hippies en Gerli. Mirábamos para afuera. No había nada acá, estaba la Dictadura y mirabas lo que había pasado. Todo lo que fuera política estaba enterrado entonces. Cualquier persona que se sintiera medianamente incómoda en el mundo usaba al rock como un lugar donde sentirse incómodo y decirlo, y disfrazarte de rocker, ponerte las botas negras y decir que no sos como todos.

Tomás Hoffmann- Eso era guerra en serio, no era humorístico.
-No, yo más que roquero era alguien que tenía la cultura rock. Era el único lugar donde podía ver algo medianamente de idealismo, de ver un mundo distinto. El último mensaje que había quedado flotando de un mundo distinto, podrías acceder a él. Al rock sí nos lo tomábamos en serio. 1978, un poco antes del Mundial, y también fue un lugar donde uno se agarró porque empezamos a dar el debate político de lo que pasaba en el país. Eso tiene que ver con el periodismo, ¿ves? Quizás ese reflejo del periodismo (mirá, me lo sacaste ahora) era lo que a uno le impactaba; esa pequeña ventana que había en medio de todo.Pensá que en Argentina se hacían campeonatos de ajedrez para poder cubrirlos.
Cuando empezamos a hacer humor con Omar, hacíamos humor político sobre todo -algo de lo que no reniego, sino que fue una etapa de lo que hacía yo-, sentíamos un poco de placer de venganza. Después uno estudia un poco más la cosa que funciona. Los bufones en las cortes tenían ese rol. El carnaval y el bufón se reían de toda al Corte, hacían chistes sobre el rey, el pueblo se reía, hacía catarsis y después otra vez a laburar.

-Volviendo al tema que mencionaste sobre aquello de que tu público es masculino en un 70%, en Marlene (Marlene Lievendag, su esposa) encontrás una buena interlocutora por el tema de la risa, ¿no?
-Marle tiene el mismo humor que yo y a veces es peor que yo con los chistes, no por mala sino por lo duros que son sus chistes. De todos modos, son dos momentos distintos. Una cosa es que yo haga reír y otra es que esté trabajando para hacer un guion. Son dos momentos distintos. Muy pocas veces me río de lo que escribo. Contadas veces me divierto con lo que escribo. A veces sí me sorprendo y Marlene me escucha que estoy tipeando en la computadora y riéndome. Generalmente es de un chiste muy estúpido. O los chicos me ven dialogando conmigo mismo mientras hago los diálogos, cuando estoy representando para ver los tiempos de los diálogos. Generalmente cuando trabajo estoy más preocupado, concentrado en que esté bien y tengo miedo.
Una cosa es confiar en una idea y otra es fascinarte. Cuando me fascino, desconfío porque es muy personal la fascinación sobre algo. Lo mismo me pasa con las vocaciones, por eso te digo: cuándo confío, me siento seguro de que con eso puedo avanzar, ahí es donde siento un trabajo para hacer o el real sentido de la vocación. Cuando me siento fascinado por algo pienso que se puede deshacer en 15 segundos, un par de horas.

-¿Te das cuenta solo, ni siquiera necesitás ponerlo a prueba?
-No, ya tuve muchas pruebas y cada tanto vuelvo a tener una nueva prueba cuando digo que tengo una idea, al cuenta y entiendo que se lo conté a tres personas y ninguno se emocionó y ya está, listo. Uno va aprendiendo, también, que lo que hace no le va a gustar a todo el mundo. Marlene viene al programa conmigo y se ríe en los lugares donde menos me espero, y donde espero que se ría se queda en silencio. Pero me fascina porque tiene un exacto punto de cuidarme y de decirme la verdad. Es un peligro tener un montón de gente viéndote. Yo siempre digo, cuando doy charlas, que está bueno tener un montón de sparrings para comprobar, pero el tema es quiénes.

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Para mí, la gente, según sus problemas psicológicos puede encontrar lugares en el aparato reproductivo. El ejemplo es el sádico cirujano (risas). Al tipo le tiene que gustar abrir a otro. Hace poco le pregunté a uno que hace implantes de pelo, cirujano él, cuándo se había dado cuenta que le gustaba. Me contó que una vez le habían metido una bala a un tipo y que le tuvieron que sacar todo el aparato digestivo y él lo tenía que sostener en la mano. Lo agarró y dijo "wooow".
Tengo un método que es que cuando no me sale algo lo escribo como un cuento. Lo escribo sin saber a dónde voy. Y sale, empieza a salir. Cuando escribís salen más ideas que cuando las pensás. Si yo me quedo pensando en todo lo que voy a escribir me siento y tengo el 20 por ciento. Cuando me puse a escribir, es como empezar a tirar de una cuerda. Después sacás pedazos, los borrás, qué se yo.
Yo siento que tengo la necesidad de encontrar el momento de la angustia. O pelearme con Marlene. Es inevitable que nos peleemos. El truco es pelearte lo menos posible. Hoy, por ejemplo, tuvimos una pelea de 45 segundos. En seguida enviás un mensajito que diga te amo y ya está. Si sabés que vas a pasar por ese lugar. Ahora, el chisporroteo tal vez es inevitable porque la nafta y el fósforo están. El tema es que el incendio sea lo más chico posible. Puedo hablar con otras metáforas, como el tomate y la lata eh! (risas). Yo sé que paso por algunos lugares; la mitad de la grabación la escribo entre la noche y la mañana que voy a grabar.
Sin embargo, sigo considerando que el comentario es bueno. Falló el público ahí.

-Es difícil el público masculino.
-Sí, y a la vez es más ácido, más grosero, más cruel. La mujer, cuando se ríe de alguien o de algo es más mala que el hombre. El hombre tiene como una cosa de ya está. Las mujeres cortan sobre la herida, no tienen ningún problema. Yo lo noto cuando escucho a las mujeres riendo o hablando y no están los hombres.  Más de una vez le dije a Marlene: invitá, salí con tus amigas, si vienen los hombres es un plomazo. Todos los maridos ahí y aparte se anulan porque una persona con la pareja no es igual que sin la pareja. Cuando no están los maridos le dan y hablan. Son más divertidas cuando están solas, las mujeres. A mí me parece eso, yo siento que se divierten más cuando están fuera del sistema del correccionismo matrimonial. 
A su vez nosotros, con Diego, sí sentimos que pudimos romper con algo que era la cosa del humor inteligente o el humor grosero o el humor absurdo. Practicamos todos nada más que con una diferencia de colores y de dosificación, con u humor en capas donde no hay esa cosa grosera de "ey Diego, el otro día vi una cosa que..." y otro dice "me ecantó esa crítica que le hiciste al peronismo que...". Es bárbaro llegar a distintas cosas porque hay cosas de las que se van a reír los nenes y chistes donde Diego aplica su cosa de clown y chistes donde aparece el corte más intelectual. Y eso fue liberador para mí porque... esa es otra cosa de la vocación, si querés, porque sentía el mandato de hacer humor inteligente por haber escuchado Les Luthiers o por tener conocimiento de política y no poder hacer un humor grasa o berreta, y para mí fue una lliberación hacer Todo por dos pesos, porque valía todo, fue como volver a ser adolescente, ahí era como que ya no estaba... -bueno, a Tato (Bores) le tengo que agradecer haber conocido a Marlene- porque no estaba respondiendo a un arquetipo. Era bárbaro lo que hacía Tato, había que sostener esa mole con esto, con lo otro, y viste que de pronto yo quería romper un vidrio. A mí me encanta romper cosas y creo que una de las cuestiones por las que me dedico a esto es porque puedo romper cosas. Es lícito. Yo agarro un jarrón y lo rompo y una cámara lo legitima. Si lo hacés solo sos un idiota. Si estás filmando una cosa y entonces puse un petardo en una lata con harina, y yo lo hago por meter un petardo dentro de un vaso con harina. Me encanta. Rompo y tiro cosas por las escaleras. "Pomelo" salió de eso, de lo que me gusta a mí romper las cosas. Lo disfruto mucho. Lo legitimo filmándolo.


25 de septiembre de 2012

Cita en las Diagonales se suma al evento internacional “¿Tomamos un café o un té?”

Cita en las Diagonales se plegará al festejo del "Día Internacional del ¿Tomamos un café o un té?", que se celebrará el próximo sábado 29 de septiembre en todo el mundo, y aprovechará el evento para organizar entrevistas y performances que serán registradas y difundidas con posterioridad en sus distintos espacios en la web y las redes sociales. El evento será cerrado y con invitación debido a cuestiones de espacio y para maximizar las posibilidades de registro audiovisual de calidad. Les dejamos todos los detalles del evento aquí abajo. Se vienen entrevistas nuevas! Muy pronto en www.citaenlasdiagonales.com.ar.

Historia
La revista audiovisual de psicoanálisis y cultura Cita en las Diagonales; el espacio cultural El Estudio de las Artes y los Oficios; el emprendimiento de comida árabe Tabule- como en Medio Oriente y el kiosco de arte Las Adelaidas: Arte y Serigrafìa se unieron para festejar el “Día Internacional del ¿Tomamos un Café o un Té?” el próximo sábado. Este encuentro, que se realiza entre los días 28 y 29 de septiembre en diferentes lugares del mundo, nació a partir del trabajo de un grupo de amantes del café de la ciudad de Córdoba, quienes crearon la idea e invitaron a otros a participar. Cita en las Diagonales se contactó con Mónica Mantegazza, creadora y organizadora del evento, gracias a las redes sociales de la revista! Luego de un intercambio breve de ideas entre Mónica y Susana Hoffmann, directora de Arte y Producción de Cita, esta última adhirió a la propuesta y agregó al evento cuestiones ligadas a la poética del té.

Sobre los organizadores en Córdoba, Argentina: Mónica Mantegazza www.proyectobigbang.com.ar y www.manifiestodelcafe.blogspot.com.

En qué consiste el evento
Nos reuniremos en el bellísimo Estudio de las Artes y degustaremos café y té artesanales con dulces del medio oriente que proveerá Tabule (un nuevo concepto en comida de medio oriente con un toque gourmet; ellos combinan recetas familiares con las de la alta cocina de la actualidad).

Nuestros invitados serán actores, psicoanalistas, artistas, músicos y amigos.

Además de la degustación, disfrutaremos de varias performances artísticas y dos entrevistas audiovisuales en vivo (todas ellas serán registradas y publicadas en Cita en las Diagonales):

-Melina Seldes: Performance acerca de la poética del Café. Co-fundadora y directora artística del primer centro de investigación, producción y formación de las artes del movimiento en Argentina www.espacio-lem.com
-Pilar Cean: Trabajo antropológico y ceremonial acerca del té y el café. Médica especialista en Clínica Médica y especialista en Diabetes. Fotógrafa aficionada y estudiante de antropología y danzas árabes.
-Guadalupe Langer: Fotografías y la Ceremonia del Café y del Té. Ganadora del premio KLM 2012 "Volá a la Ciudad de las Bicis".
-Felicitas Soria: Trabajo La Poética del Café. Traductora.
-Entrevistas audiovisuales en vivo: Melina Seldes, Leo Chiachio y Daniel Giannone.

Imágenes del evento en 2011




"Vocaciones": Marlene Lievendag, "Futuro de la memoria" (1/3)

Conocimos a Marlene Lievendag mientras investigábamos la historia de Pedro Saborido, su marido, a quien habíamos logrado acceder para nuestra próxima entrevista. En ese camino nos encontramos con una mujer de una vida profesional interesantísima, vivida con mucha intensidad, en la que lo vocacional marcaba el rumbo. Marlene es directora de arte pero también tiene experiencia en realizaciones teatrales y dirección de proyectos. Es la directora de un documental llamado “818 Tom Shang Road”, obra que recorre el camino de reencuentro de su padre con otros judíos exrefugiados en la ciudad de Shanghai durante la Segunda Guerra Mundial.

Los dejamos disfrutar de la primera parte de nuestra nota, en la cual Marlene contó detalles de la realización de su documental, de su historia personal y de la historia de vida de su padre.









"Vocaciones": Marlene Lievendag, "Futuro de la memoria" (1/3)


-El vínculo con vos surgió a través de indagar en cuestiones relacionadas a tu marido, Pedro Saborido. Me encontré con vos ern una obra muy conmovedora que es 818 Tong Shan Road, y de allí ver tu documental un par de veces –nunca las suficientes, quizás, como para poder llegar a ubicar cosas que tal vez hoy puedas llegar a contarnos-. Sos directora de arte y en determinado momento de tu vida decidís hacer un documental en relación a la vida de tus padres.
-Sí. En realidad mi oficio es el de dirección de arte. Creo que toda la gente que se acerca de alguna manera al cine es para contar una historia. Yo venía de las artes plásticas, de allí salté un poco al teatro, como forma de ganarme unos mangos, y vincular dentro de las artes plásticas que es lo que a mí más me gustaba, que era la escultura, y eso era rápidamente trasladable a una escenografía porque hablaba de este trabajar con lo espacial-. En un momento decidí hacer una obra más propia.

(Extracto de 818 Tong Shan Road).

Este documental tenía un carácter totalmente familiar. Cuando comencé con esto sabía que tenía que contar esa historia, que tenía la fuera para hacerlo, era el momento –tenía un hijo chiquito, de 1 año y medio-, y empecé empujada por dos historias fuertes una era el trabajo que hacía Spielberg con un museo; de alguna manera él vio eso que yo también, que sentía que en algún momento los sobrevivientes iban a morir y ya hay un descreimiento de cómo ocurrió el Holocausto. A través de eso, él decidió tomar testimonios y hacer una videoteca para que nadie diga que eso no había ocurrido. A partir de eso, mi papá, que siempre nos contó las historias de la guerra, y que a todos mis amigos y primos y conocidos siempre les encantaron, la contó una vez más, pero esta vez que la contó, la fuerza de lo colectivo creo que lo llevó a otro lugar y se conectó con su amigo de la infancia. Se dio cuenta que se quería reconectar con alguien, recordó a este chico (al menos, para nosotros, que nunca habíamos sabido nada de él), y empezó a tratar de buscarlo. Gracias a este mundo más globalizado que tenemos, cuenta a una gente que quería encontrar a su amigo, que se llamaba así, así y así, y este amigo, a los dos días, le dicen que se había cambiado el nombre, estaba vivo y vive en Israel.

(extracto del documental)

Y a partir de ahí, me pregunté qué tenía que hacer con eso. Es muy fuerte verlo a mi viejo a los sesenta y pico reviviendo a su mejor amigo de la infancia. Era como una decisión: era ir a ver un tipo y revivirlo con esa misma intensidad, encontrar a su amigo. Yo me empecé a vincular con todo ese mundo de refugiados hoy en el mundo. Me dije que la historia la tenía que contar por eso que estaba pasando, no por aquello anterior nada más.
Le dije a mi papá que lo iba a hacer con el rencuentro con este amigo. Lo encontraste, va a ser una historia re empotiva, y nos encontramos todos en Shanghai. Empezamos a armar unas carpetas para conseguir dinero, que nunca conseguimos, y mi viejo, que tiene un gran espíritu de seguir adelante, dijo de seguir. Pasaron dos o tres años. En esos años, hay un centro de exrefugiados de Shanghai, el ghetto de Shanghai, que se llama –bien no me acuerdo-  Los Shanghailanders, que es como se llaman a sí mismos. Creo que se reunen cada dos años, generalmente en EEUU porque es donde viven la mayoría de los exrefugiados, se juntan a contar historias. Y la cena de gala cuando yo fui, que era en Filadelfia, era en un restaurante chino. Fuimos todos a comer comida china. Había un grupo, que era un grupo de segunda generación, donde muchos iban con sus hijos, con su familia, nos juntábamos también a contar algunas historias de las habitudes de nuestra crianza, y lo más raro fue que mi papá no vino, fui yo –con mi marido, que no habla nada de inglés, con mi hijo chiquito y fui yo a juntarme con esta gente y con uno de sus mejores amigos que… mi papá había conseguido a través de su amigo que vivía en Israel una foto de su pandilla o grupete. Había uno que iba a ir a la cena y yo lo quería entrevistar. Me fui con mi camarita al hombro, con un equipo muy precario, y ahí empezaron los primeros pasos del documental. Yo lo grabé pensando en un después en donde iba a haber más plata, donde iba a ser todo más fácil, pero ese después no venía. Nosotros seguíamos.

(Extracto del documental).

Todos los que tenían la edad más o menos de mi viejo recordaban muchas cosas de su infancia en el ghetto, y ninguno estaba muy apesadumbrado. La infancia es la infancia, ¿no? Hay algo de un lugar feliz en la infancia. Así empezó esta historia que duró unos cinco años, que abandoné por algunos momentos y la gran oportunidad para terminarla fue que los alemanes tienen un programa que, creo, es en todas las ciudades, pero sobre todo en Hamburgo, que es una ciudad autónoma como la nuestra, pero lo ha sido siempre, tiene como desde hace 20 años un programa donde invitan a exrefugiados a que pasen una semana, a manera de reparación, etc. Mi viejo recibe la carta para ir, entonces dice que no va a ir si no le pagan el pasaje. Pero papá, al menos son dos estadías. No no, yo voy a conseguir que me paguen los pasajes porque si quieren que vaya a Alemania, que me paguen.
No era la primera vez que mi viejo se peleaba con los alemanes, mi viejo se peleó millones de veces, habla perfecto, escribe perfecto y es re alemán. Aunque se fue a los cinco años es re alemán. Entonces, se le pone algo en la cabeza y lo consigue.

(Extracto del documental).

Logramos finalmente que nos paguen un pasaje, mi viejo dijo que él pagaba el tramo hasta Shanghai y nos fuimos nosotros dos solos a ver cómo resolvíamos esto. Nos contactamos con gente en cada uno de los lugares, con camarógrafos que nos pudiesen dar una mano. El camarógrafo de Hambiurgo era un chino de familia china, que habían vivido en Canadá, así que era todo muy mágico y en China obviamente tuvimos un camarógrafo chino que no sabía hablar nada de inglés así que era todo totalmente gestual. Esa fue una historia donde tuve que hacer trabajos de directora y a la vez de hija y a la vez de madre. 

Osvaldo L. Delgado expondrá en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York

Osvaldo L. Delgado, destacado colega argentino, expondrá en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York, Estados Unidos. Les dejamos un detalle de la convocatoria y su currículum.

Lecturas freudianas I:
Primer tomo de un estudio profundo de los principales conceptos de Freud, que llevó a cabo el Dr. Osvaldo L. Delgado en el marco de la Cátedra I de Psicoanálisis: Freud.
Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires -Républica Argentina, en el año 2006.
Director de la Colección y del Programa Lectura Mundi de la Universidad Nacional San Martín - República Argentina: Mario Greco
Directora de la Serie Tyché y Responsable clínica del Centro de Atención Psicoanalítica de la Universidad Nacional San Martín: Lic. Damasia Amadeo de Freda.

Lectures freudiennes I:
Premier volume d'une étude approfondie des principaux concepts de Freud, qui a été dicté par le Dr Osvaldo L. Delgado dans le cadre de la Chaire I de la psychanalyse: Freud.
Faculté de Psychologie, Université de Buenos Aires - République Argentine, en 2006.
Directeur de la Collection et du Programme Lectura Mundi - Université Nationale de San Martín - République Argentine : Mario Greco
Directrice de la Série Tyché et Responsable clinique du Centre d'Attention Psychanalytique de l'Université Nationale San Martin : Lic. Amadeo Damasia de Freda.

Freudian readings I:
First volume of a thorough study of the main concepts of Freud, which was dictated by Dr. Osvaldo L. Delgado in the framework of the Chair I of Psychoanalysis : Freud.
Faculty of Psychology, University of Buenos Aires - Argentine Republic , in 2006.
Director of Collection and Program Lectura Mundi - National University of San Martín - Argentine Republic: Mario Greco
Director of the Serie Tyché and clinical Manager of Psychoanalytic Center of Attention - National University San Martin: Lic. Amadeo Damasia Freda.


Obras: Alejandra Koreck

Alejandra Koreck es una psicoanalista y médica psiquiatra argentina que se inició en el diseño de joyas contemporáneas en el año 2001. Su arte tiene una característica recurrente: a partir de un concepto, elige materiales y técnicas que le posibilitan desarrollar piezas únicas y seriadas.

Alejandra forma parte del grupo Joyería Biológica y participó de exposiciones en galerías de arte y museos de Argentina, USA, México, Bulgaria. Actualmente asiste a talleres de experimentación textil, a cargo de Andrea Cavagnaro, Araceli Pourcel y de escultura, a cargo de Edgardo Madanes.

Tenemos el placer de compartir con ustedes sus obras en nuestra sección "Obras". Esperamos que las disfruten. Pueden ver el detalle completo de sus trabajos en nuestra página web.

FIESTA
“Fiesta” me llevó a encontrar, sin proponérmelo, este pequeño libro “Longfellow Birthday Book”. Editado por primera vez en 1881, hay en él un verso corto para cada fecha de cumpleaños. Y cada pieza de joyería lleva fragmentos de páginas de este libro, de sus versos.

Celebrar con poesía.

“…Todo sucede por primera vez pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.” J.L. Borges



























GENJI
Genji Monogatari una novela japonesa de principios del sigloXI, cerca del cenit del período Heian. Escrita por Murasaki Shikibu cuenta la historia del príncipe Genji a través de 54 capítulos que incluyen toda su vida amorosa, su recuperación del poder imperial y la vida de sus hijos tras su muerte.

Las piezas son una serie de abanicos que representan las amantes del Príncipe Genji : Asagao, Aoi no ue, Fujitsubo, Utsusemi, Yugao, Akashi, Oborozikiyo…

Broche Murasaki, la única y preferida del Genji.





























PIZARNIK
Es una pieza hecha de la trama de un fragmento de “Los pequeños cantos”, papel y rafia.

"... sólo palabras
las de la infancia
las de la muerte
las de la noche de los cuerpos

el centro
de un poema
es otro poema
el centro del centro
es la ausencia

en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema..."

A. Pizarnik
















LIBRO XU SHI
Ha sido el concepto de vacío lo que animó este trabajo. Tomando como referencia el eje del vacío en el pensamiento estético chino. El vacío como mediador y regulador, como motor que genera el movimiento, la interacción entre espacio-tiempo. Hacer presente la dicotomía vacío-lleno(xu-shi) es introducir lo vacío en el centro mismo de lo lleno para alcanzar su verdadera plenitud. Lo lleno como lo visible de la estructura y el vacío como aquello que procura su uso.




20 de septiembre de 2012

Escriben los psicoanalistas: "Motel y el Kitsch", por Constanza Michelson

Dios tiene que ser una persona; para que también los instintos más bajos puedan hablar, Dios tiene que ser joven. Para el ardor de las mujeres hay que poner en primer plano un santo hermoso, para el de los varones, una María. 


Nietzsche 


Me preguntaba si la estética motelera es una casualidad. Creo que no.

Las luces de neón y texturas felinas invitan a montar una escena. Montaje sexual que -al igual que el kitsch de la decoración del escenario- hace tributo a lo artificial.

El kitsch y el sexo motelero coinciden en su relación a lo falso. El primero, como imitación inferior de algún objeto solemne. El segundo, falsea en sus dos vertientes: ya sea por el hecho de engañar a un tercero, de allí el ocultamiento; o bien se trata del cumplimiento de alguna fantasía sexual que no coincide con las leyes de la oficialidad diurna del comensal.

Pero no sólo concuerdan en esta dimensión, sino que también en la desmesura. La saturación material del kistch es proporcional a la dramatización de los movimiento y gemidos, que todo aquel que se haya entregado al los placeres del sexo prohibido conoce bien.

Falsedad, desmesura. El kitsch y el motel ponen en duda el buen gusto y las buenas costumbres respectivamente. Pero esta antiestética de la práctica motelera implica una ética: tensionar al status quo. Se ponen en duda los intereses más elevados de la ciudad.

Este montaje sexual como toda mentira, dice siempre una verdad. La verdad sobre la civilización: finalmente está erigida sobre la gran cloaca de pulsiones humanas. La cultura no es más que una erección colectiva edificada sobre el río que lleva nuestros desperdicios, vestigios del goce.

Cada tanto se nos aparece el deseo del encuentro con esa verdad, un deseo de ir más allá de lo que existe, deseos de trasgresión, actuados o fantaseados.

Porque cuando el sexo se torna demasiado legítimo, cultural, se somete a condiciones de respetabilidad que lo transforman en nada más que una pequeña masturbación. De ahí que muchos buscan algún formato que les permita cierta trasgresión, ir más allá de sí, ser otro. Algunos requieren lo prohibido del engaño, otros montar fantasías, jugar a ser otro. Porque hay satisfacciones que requieren la valentía de inventar otra versión de uno mismo. Otra que la oficial.

El sexo requiere siempre algo de la dimensión de lo prohibido para que obtenga la dignidad de esa verdad que nos salva algo de la purificación de todo deseo.

El revolcón bajo las sábanas aterciopeladas es rebelde. No se reconcilia con lo existente, empuja a la invención.

Por Constanza Michelson
Publicado originalmente en su blog

19 de septiembre de 2012

"Y entonces escribí… mi blog Psicoanálisis Entre-Vistas", por Joaquín Carrasco Bahamonde

De vez en cuando hay que hacer 

contemplarse a sí mismo 
sin la fruición cotidiana 

examinar el pasado 
rubro por rubro 
etapa por etapa 
baldosa por baldosa 

y no llorarse las mentiras 
sino cantarse las verdades. 

Mario Benedetti 



La pregunta por el origen es una invitación. ¿Qué nos hace elegir una carrera, un pasatiempo, un amor…? En el fondo, ¿qué nos hace tomar un camino, recorrerlo, bordearlo y quizás dar unos giros?

Cuando pienso sobre lo qué me incitó a crear junto a Camila el blog “Psicoanálisis Entre-vistas”, encuentro el motivo por el cual me acerqué a la psicología y luego al psicoanálisis. Como a muchos, la pregunta por las cosas que no marchan me ha convocado desde pequeño. Me tropezaba con que la última respuesta a los “por qué” solía ser el “porque sí” que tanto cuesta aceptar. Supuse que en algún lugar encontraría soluciones.

Más grande el inconveniente era otro: ver el sufrimiento de personas significativas sin saber qué hacer para calmarlas. Entré a psicología después de leer “El malestar en la cultura” y me encontré con que algunos propugnaban la adaptación como solución al malestar... palabras como adecuado y correcto me sonaban a moral. Las cosas no cambiaron mucho, hasta que reapareció Freud y me remeció con su concepto de “furor curandis”. Me encantó.

Otro momento clave fue cuando un amigo me invitó a hablar en su ayudantía sobre algunos puntos introductorios en torno al psicoanálisis. Fue decisivo porque pude reparar en que el poco conocimiento que reconocía tener no era más que un cúmulo desordenado de datos. Poco después llegué a la cuenta que sí hay lógica en el psicoanálisis. Me interesé por la orientación lacaniana. También comencé mi análisis.

Podría decir que el blog fue el resultado del cruce entre este camino que comenzaba, el gusto por la escritura, el interés que veía frente al psicoanálisis (dentro y fuera del mundo académico) y el deseo por encontrar respuesta a interrogantes actuales. Me encontré con que Camila, una gran amiga, compartía intereses similares, así que le dimos unas vueltas y surgió nuestro proyecto.

¿Por qué estudiar y difundir psicoanálisis? Desde la clínica, porque es la alternativa que se distingue de las prácticas terapéuticas por tratar el sufrimiento sin tener como fin la adaptación del sujeto. Fuera de la clínica, porque permite pensar y hacer frente a múltiples fenómenos que conciernen al mundo contemporáneo. ¿Por qué entre-vistas? Porque tenemos como premisa que toda visión es una perspectiva, es decir, tiene sus límites. En este sentido, no podemos ofrecer verdades absolutas, sino sólo lecturas parciales.

Joaquín Carrasco Bahamonde
Santiago de Chile, septiembre de 2012

"Y entonces escribí... mi blog Onironáuticas", por Janecko

Onironáuticas: La escritura como sueño lúcido

Me pasa en ocasiones que escribo como sueño. Verán. Durante la experiencia onírica, me encuentro capaz de controlar ciertas situaciones, personajes y escenarios, no con la pericia que desearía pero sí con bastante tenacidad. Sucede que pertenezco a un selecto grupo llamado el de los onironautas, esos seres conscientes de sus sueños y con la facultad de tomar control de ellos en cierta medida, para su plena satisfacción o frustración eterna. Son los sueños caballos que se desbocan al primer descuido, si no se les sabe dominar con diligencia, y muchas veces, no logro gobernarlos del todo. Acaba una como zozobrando en un mar bravío, a expensas de la mar, consciente de tu situación de impotencia, y sin mucho que hacer al respecto, salvo dejarse ser.

A veces, cuando mi energía se encuentra en su punto álgido, me es posible provocar a voluntad escenarios, personajes y hasta relaciones, aunque con menos gloria que pena, a mi despecho, y debo decir con incomodidad que lo mismo me ocurre con la escritura. A menudo, en mis sueños, revivo exacerbadamente las experiencias del o los días pasados, presencias extrañas, elementos, locuras no cometidas, se suceden y materializan en el momento REM por excelencia, el moméntum se dispara, y yo, recreo en mi mundo onírico un múltiplo de lo que en realidad hago. Sueño con todo, menos con escribir. Deduzco entonces que, para mí, escribir equivale al acto de soñar pero en vigilia, con las mismas limitaciones, partiendo de similares inquietudes. En ambas –literatura y onírica– mis fantasías se realizan a medias: viajes no consumados, amores vagamente concensuados, discursos acallados. Me cuesta darles un fin, y en ocasiones hasta un principio; a todos los sueños –y los escritos– que planeo por la noche, en la mañana y hasta en la tarde, cuando las horas de trabajo consumen mi cerebro y energía en su cénit.

Navegar en la escritura consiste para mí en batallar incansable contra mi demonio-niña, ése que me aprieta el cinto cada vez que clamo por emancipación, que no se conforma y le teme en demasía al ridículo y la crítica, aquel que es demasiado exigente consigo mismo y le agobian el pánico escénico, la insuficiencia, la vulgaridad. Así logro escribir yo, cada vez que burlo a mi demonio, supongo que cada vez que él se descuida, o se duerme. Y casi siempre se muestra aplicado –e insomne–.

Afortunadamente estos días, semanas y meses, por un extraño fenómeno llamado de tiempo franco, se me ha sido otorgada mayor libertad, y mi pequeño tirano me ha permitido la licencia de emprender un blog, la bitácora de un barco a la deriva, diría yo; pero que, gracias a mis disciplinas autoimpuestas, –y la venia de mi demonio-niña– se ha dejado ser, poco a poco, bajo las luces de esta ciudad que es el ciberespacio. Emprender un blog supone un ejercicio constante de la fe, la confianza en que algún día, en un x momento, en un hipotético lugar, una cierta persona leerá nuestro texto y se sentirá interesada, en lo que dice, en cómo lo dice, y –si tenemos suerte– en ambas posturas.

Ahora que mi tiempo franco se ha reducido considerablemente, por eso de la pertenencia a cierto sistema económico (una tiene que pagar las cuentas), el cansancio y la merienda postergan día con día la escritura obligatoria de entradas a la bitácora; sin embargo, cada ocasión propicia para ver una película –mi segunda pasión, que implica menos esfuerzo y energía empleada– se presenta como una oportunidad para ejercitar la mente y el teclado, dejar a un lado los miedos y lanzarse a las fauces del público que, ahora que lo veo en retrospectiva, no ha resultado tan avaro como mi demonio siempre me lo ha insinuado, después de todo.

Así, Onironáuticas supone una concesión generosa del inconsciente, la prueba fáctica de su buena fe hacia lo que escribo, hacia lo que puedo gritar que me gusta, evadiendo el temor a la falta de aceptación, reconociendo que la escritura es un fenómeno que no tiene por qué –que no debería, vamos– entusiasmar a las masas; un ejercicio que responde a la única y más sincera motivación animal por excelencia: buscar el placer y evitar el dolor, aunque frecuentemente termine vulnerando esta premisa.

Janeko 

18 de septiembre de 2012

"Vocaciones": Pedro Saborido, "Saber hacer reír" (2/3)

Segunda parte de nuestra entrevista a Pedro Saborido, director, guionista y humorista argentino. Si quieren conocer una pequeña biografía de Pedro pueden acceder a la primera parte de nuestra charla aquí. También pueden ingresar a la tercera y última parte de nuestra entrevista aquí.

En este extracto, Pedro hace una larga reflexión sobre el humor y la tarea del humorista. "Nosotros sabemos que tenemos un humor de muchachones. Debemos tener un 70% de hombres y un 30% de mujeres que nos siguen", dijo sobre Peter Capusotto y sus Videos. Pensó un poco sobre la relación que se da en el humorista entre don y trabajo. ¿Cuál es el límite? ¿Qué necesita alguien gracioso para devenir en humorista? También opinó sobre el valor del humor como escape, como  defensa, como manera de salir de ciertos agobios. Y subrepticiamente, habló del humor como una forma de decir algo, de llevar un mensaje.



"Vocaciones": Pedro Saborido, "Saber hacer reír" (2/3)


Específicamente en lo que vos te dedicaste, que es el humor, ¿hay algún don, un sentido del humor?
Yo creo que lo que tenemos... primero, que un es medio tarado y entonces con Diego, o con los que compartís el humor, es un momento donde uno se siente medio tarado y se relaja en la taradez. Pero bien lo digo, eh! Uno se anima a ser medio tarado, decir inconveniencias y divertirte como cuando es chico o adolescente, sin ningún reparo en reírte de cualquier cosa y soltar, no decir lo que corresponde y es lo correcto. Hay que tener una primera confianza y creérselo como se lo cree un chico. A mí me fascina de los adolescentes que se ríen de su propia broma, que nadie entiende. Se ríen como estúpidos y ellos solos saben de o que se están riendo. Eso es maravilloso porque es una microcultura de cinco personas que se ríen de algo que tiene que ver con  su historia. Esto es más o menos así, solo que después lo ampliás.

¿Te pasaba de reírte así como lo que acabás de contar?
Sí, yo me reía mucho, me divertí mucho. Me divierto con muchos de mis amigos y lo que más me divierte, el mejor momento para mí es con mi familia cuando se divierte Marlene [su esposa] con mis nenes o cuando hago reír a los chicos. Cuando me pongo a hacerlos reír. Sé con qué puedo hacerlos reír. Eso se lo agradezco a la vida porque me dio esta profesión, porque tengo técnica para hacerlos reír. Eso me fascina.
Más allá del don, creo que tiene mucho que ver con la práctica. Entre ser graciosos y ser pelotudo hay un límite muy leve. Pasa en las reuniones que un tipo simpático, de simpático pasa a gracioso y después decís "ah, es un pelotudo" porque no paró. Es una cosa de dosificación. Yo lo veo a Diego Capusotto que se para  frente a la cámara y tiene la cara exacta para decir una pelotudez y hacer entrar en complicidad al tipo y decir "estoy diciendo una pelotudez, vos sabés que estoy diciendo una pelotudez y yo te pongo cara de yo sé que estoy diciendo una pelotudez". Se arma una complicidad. El humor necesita mucho de la complicidad. Necesita que el tipo esté dispuesto, se entregue a lo que va a pasar y vos te animes a compartir ese código.
Nosotros sabemos que tenemos un humor que tal vez va más a de muchachones. Debemos tener un 70% de hombres y un 30% de mujeres que nos siguen. Más de una vez nos aparece una mina y nos dice "a mi marido le encanta lo que hacen, yo paso por el comedor, están mi hijo y mi marido riéndose como dos pelotudos de todas las huevadas que ven que hacen ustedes". Te está diciendo "mi marido es un pelotudo y ustedes son más pelotudos, pero los veo que se divierten tanto...".
Cuando encontrás que podés manejar los hilos de la comicidad, ya tenés una mirada general sobre las cosas. No me refiero a que uno tenga la mirada deformada. Es necesario que los humoristas tengan una mirada desformada. Tienen que estar todo el tiempo suponiendo lo que él nos corresponde que sea. Tiene que estar suponiendo que en algún momento va a pasar algo que no debiera ocurrir. [mira a un muñeco que se encuentra en el estudio donde se filmó la entrevista] Tiene que estar suponiendo que se va a caer ese chabón que está ahí arriba. Si paso un día a las 4 de la mañana y lo veo sin saber que estaba ahí, tengo un paro cardíaco. O estoy sentado acá y digo "se va a caer uno". se va a caer algún día y va a ser gracioso el día que se caiga. Si alguien se lastima cuando caiga, en ese momento va a ser trágico y 4 años después, se vana reír con la anécdota.
Hace poco, nos encontramos a unos amigos de la escuela primaria. Uno de ellos, que es médico, trabaja en una morgue. Alguien llegó a la reunión y empezó a preguntar por una persona, un tal equis, vamos a ponerle de apellido "Garlispatti". Uno de mis amigos de la primaria, un tipo muy ácido -por un lado muy tierno y por el otro es como un nene, un tipo amoral-, dijo "che, Carlitos (el médico) se encontró con Garlispatti. ¿A qué no sabés en dónde?".
Es una manera de elegir contar algo, porque es como elegir contar, también. Yo te puedo contar cómo está mi mamá, que está con problemas de salud... me doy cuenta que muchas veces le mando mensajes a Marlene y elijo contarlo de una manera graciosa. Cruda pero graciosa. Me preguntan cómo está tu mamá y contesto no sé, fue como estar con Jack Nicholson. El otro me pregunta cómo me animo a decir eso y yo le contesto que a mí me vino la imagen esa. Fue la manera en que yo me pude defender en ese momento.
Hay una cosa que elegís que es un mecanismo de ubicación. En la adolescencia y de chico era flaquito, una porquería, y evidentemente el hacer chistes me dio un lugar en un grupo. Podía ser el punto, podía ser el gil, no jugaba bien al fútbol, era malo para los deportes, y no tener determinadas aptitudes de chico te puede colocar en lugares indeseables. Me era fácil estudiar, por lo cual tenía muy buenas notas, pero no quería ser un nerd. Creo que parte de mi cosa de estar haciendo chistes era también no ser el traga y entrar en otro tipo de complicidad con la gente. Lo disfruto. También es algo maníaco, de ego, decir "yo te hago reír". Es como manejar a alguien en algún lugar. Pero es algo lindo.

14 de septiembre de 2012

"Vocaciones": Pedro Saborido, "Atravesando paredes" (1/3)

El nombre de Pedro Saborido está íntimamente ligado a algunos de los programas de humor en radio y TV más recordados de los últimos 25 años en Argentina. Todo comenzó cuando participó de una convocatoria para guionistas que impulsó Radio Mitre, junto a un compañero de infancia, Omar Quiroga. Aunque no obtuvo el espacio para el que se había postulado, ganó el favor de un productor de aquella radio, quien vio algo interesante en la dupla creativa. Luego de participar de algunos ciclos de menor importancia, la pareja de humoristas pasó a ocupar un espacio en los horarios centrales de la emisora con Saborido y Quiroga, un programa íntegramente dedicado al humor político, por el cual recibirían un premio Martín Fierro en 1992. Ese mismo año conoció a Diego Capusotto, artista under con quien conformaría una dupla de trabajo más adelante.

En 1998, Pedro fue uno de los guionistas de Delicatessen, un programa de humor de breve duración en el que participaron Horacio Fontova, Damián Dreizik, Fabio Alberti y Diego Capusotto. Un año después,  creó junto a Capusotto, Alberti y Néstor Montalbano el programa de TV Todo por dos pesos, que en poco tiempo se transformó en una obra de culto gracias a su humor ácido y su estética kitsch.

En 2006 regresó a la TV argentina con un ciclo que lo haría alcanzar la notoriedad y el respeto de la crítica una vez más. Junto a Capusotto, inició su proyecto Peter Capusotto y sus videos. Al día de hoy, el programa tuvo 8 termporadas completas en nuestras pantallas y es considerado un programa de culto por sus seguidores. Peter Capusotto y sus videos explotó en parte gracias a redes como YouTube, donde sus seguidores suben y repasan incansablemente a algunos de las decenas de personajes que Pedro y Diego crearon, tales como la estrella de rock Pomelo, el rockero ortodoxo Kosher Waters, la precursora del punk Violencia Rivas o el refinado poeta devenido en músico popular Luis Almirante Brown.

Pedro dijo en nuestra entrevista que construyó "una cosa que se basa más en las falencias que tengo que en las virtudes". Nunca se consideró un humorista sino "alguien que sabe hacer reír, que no es lo mismo". Tal vez así se comprenda el éxito que logró con Peter Capusotto y sus Videos, donde Pedro habla a través de Capusotto y de los personajes que representa (sin querer desmerecer con esta reflexión el aporte de Capusotto en el armado previo de los personajes, que Pedro destaca siempre). Su cerebro humorístico se potenció con el cuerpo de un otro. Convirtió, una vez más, una falencia en una virtud.

Dialogamos durante más de una hora con Pedro acerca de su historia personal, el desarrollo de su vocación, sus proyectos y sus pasiones. Les dejamos aquí debajo el video y la desgrabación de la primera parte de nuestra entrevista. Esperamos que la disfruten. (también pueden acceder a la segunda y tercera parte de nuestra charla aquí y aquí).


"Vocaciones": Pedro Saborido, "Atravesando paredes" (1/3)



Vimos una charla de TED en la que opinaste sobre la vocación.
Lo que intenté hablar aquella vez fue sobre la sobrevaloración de la vocación. Creo que hay una sobrevaloración acerca de que uno debe sentir un llamado especial del destino para ser odontólogo o entrar en la gendarmería. Hay que tener un poco de cuidado con eso, porque sino la vocación nos lleva a un territorio donde la pasamos mal. Si uno no puede realizar cosas o sostenerlas en el tiempo empezar a sufrir y se conecta con el lado romántico de la vocación, que nos dice: "pese a todo, si dio todo por su vocación, aunque la pasó mal toda su vida y destruyó a su familia por seguirla...". Se le pide tanto a la vocación (que le llene la vida a uno, que lo haga feliz, que le dé de comer y lo haga exitoso, en términos de éxito social) tal vez sea pedirle mucho a la vocación.
Lo que expliqué en esa charla es que lo que yo hacía no era algo que yo había elegido de chico. Yo quería ser director de cine al principio y luego periodista, una vez que comprobé que hacer una película era un quilombo (lo corroboré hace un año, cuando dirigí una película y no la pasé bien).

En su momento, ¿por qué querías ser director de cine?
Era una fantasía de contar historias. Llegué a trabajar de cine como  yudante de sonido y cuando estuve en el medio conocí a gente que tardaba 6 años en hacer una película o que nunca la podía terminar. Yo decía: yo quiero contar más rápido, no voy a estar 4 años corriendo a productores y a otra gente para contar una historia. Entonces, ahí me fui para el otro lado, quise ser periodista, para contar todo más rápido. Cuando quise entrar en un lugar para ser periodista tampoco pude serlo porque me contrataron con Omar Quiroga, que es un amigo de la adolescencia, para ver si inventábamos unos guiones de humor... éramos tipos que nos divertíamos. Se podían decir cosas divertidas en un asado o frente a gente; siempre me consideré un tipo que sabía hacer reír pero nunca de manera profesional, que no es lo mismo. Muchas veces conocés a alguien que es gracioso y la gente dice "hay que llevarlo con Tinelli" y después se lo pone frente a una cámara y es un queso. Eso pasa. Nosotros, con tal de colarnos dentro de una radio, hicimos unos guiones espantosos y nos los aprobaron, y así terminamos trabajando en una radio. Después fuimos adquiriendo un cierto gusto y fuimos  descubriendo que nos gustaba hacer eso.
Creo que tuve mucha suerte porque terminé trabajando de algo que me gusta, pero para eso también tuve que ir probando y lo que fui comprobando es qué me gustaba y qué no. Con probar, vieniendo del cine, viniendo de Lanús, no conociendo absolutamente a nadie del ambiente del cine, y a fuerza de atravesar paredes lograr hacer dos películas, para luego comprobar que no me gustaba... También podés engañarte y autoconvencerte de que no te gusta por todo el esfuerzo que te llevó. En radio volví a comprobar que era conocido y exitoso y entender que no la pasaba bien, que no me servía eso.

Antes de hacer el programa con Quiroga querías ser periodista. Habías militado, también. ¿Qué tenías ganas de transmitir? 
Creo que lo mismo que en general se propone el periodismo, que es revelar aquello que no vemos. Con el tiempo comprobé que el  periodismo es un lugar donde más se puede aplicar el término "doble filo": es el que puede revelar la verdad y también la fabrica.
Creo que hay algo que puede ser revelador o no, pero el tema es: ese hecho, ¿se puede poner? ¿Se puede volcar en algún lugar? Creo que hay periodistas que son bárbaros, buenos... pero no fue la vocación que sentí. me dí cuenta que el periodismo se convertía en otra cosa.

¿Cómo los convocaron para trabajar en radio?
Había un concurso en Radio Mitre para escribir libretos. Resulta que eran para Mario Sapag, cosa que a mí me parecía espantosa, pero ya era tarde y nunca supimos que eran para él. Los hizo en media hora, a la media hora tiró el libreto y la gente confió en nosotros: Sapag no los quiere, nosotros creemos que son buenos y nos dejaron hacer unas cositas muy chiquititas en FM 100, cuando recién empezaba, en horarios marginales de la noche. Hubo un tipo ahí, Hugo Di Guglielmo, que nos dio todo ese lugar, que confió en nosotros y veía que teníamos algo interesante, o que nosotros nos divertíamos y nos fue dejando pequeños lugares donde crecer. Empecé a salir a las 11 y media de la noche, o 12, o 1 de la mañana. En un año, ya estábamos a la mañana en Radio Mitre. Construimos una cosa que estaba más basada en las falencias que teníamos que en las virtudes, porque ni Omar ni yo éramos factores cómicos, eramos comentaristas. Como para rellenar el tema de los comentarios, empezamos a producir unas cosas que las leían los productores y las musicalizábamos, agarrábamos cintas de los políticos, las cortábamos y los hacíamos tener diálogos, juntábamos al Pato Lucas con Menem, pero era porque nosotros no éramos buenos actores ni imitadores, que es lo que suele funcionar en radio.
Sé que hay gente con un talento especial para determinadas cosas pero en el hacer constante es donde ese talento se puede desarrollar o no y es más fácil que una persona con ganas de hacer algo, con la constancia y con la incorporación de esa práctica a su rutina diaria, a su vivir, llegue a hacer algo sin el mínimo esfuerzo o las ganas de atravesar una pared.
Hoy hablaba de un productor que estaba grabando un disco de unos chicos. Le pregunté qué tal eran. Me dijo que no querían atravesar la pared. Tenés que atravesar una pared, es eso. Las condiciones claras e ideales no existen (porque son ideales, por eso no existen). También, en determinados momentos, no está mal determinadas comodidades con respecto a lo que estás haciendo. Hay algo medio bugués en eso de buscar siempre un poco más. No digo llegar al sacrificio, yo no creo en el sacrificio. Cuando estoy trabajando, si no siento que estoy obsesionado (pero no obsesionado como un enfermo), si no quiero hacer algo un poco mejor, no me siento cómodo. Cuando siento que hay algo que no es un poco mejor de lo que yo quiero, no puedo avanzar, me siento como que todo es agua tibia. Después puede ser una porquería lo que hago, pero en el momento tuve la convicción de que estaba haciendo las cosas lo mejor que pude.