24 de abril de 2012

Cita en las Diagonales presenta: Lic. Judith Miller, entrevista inédita (1 de 5)

La entrevista a la Lic. Judith Miller, hija del prestigioso psicoanalista francés Jacques Lacan, se realizó en el marco del ciclo televisivo “Puertas y Puertos” hacia fines de 2003, pero por distintas razones nunca llegó a presentarse en público. En 2012, los creadores y presentadores de dicho ciclo, Tomás y Susana Hoffmann (hoy directores de la revista audiovisual de psicoanálisis y cultura Cita en las Diagonales) decidieron hacer pública esta charla de casi dos horas y media de duración. La primera presentación de la misma se realizó el pasado 24 de abril en el "Espacio de Arte y Psicoanálisis en el siglo XXI", un anexo cultural que crearon los organizadores del VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, evento que se desarrolló en Buenos Aires entre el 23 y el 27 de abril de 2012.
A continuación, presentamos la primera de las cinco partes en que se dividió a esta entrevista, junto con su correspondiente desgrabación.


Parte 1 de 5: "Decisión del Padre"



Judith Miller, hija del genial psicoanalista Jacques Lacan y de Sylvia Bataille, quien fuera actriz y activa militante política, nació durante la II Guerra Mundial en una Francia invadida por los nazis. ¿Cómo fue que su padre decide ponerle un nombre tan particular como Judith?

Debo decir que no he hablado de eso con mi padre durante su vida. Era la única niña en Francia que yo haya conocido que tuviese ese nombre. Encontré dificultades en la escuela y en la calle, porque la gente me llamaba Édith, Julie, o de otras manera. Me di cuenta una vez que rendí un examen con un señor que tuvo una conducta verdaderamente fea durante la II Guerra Mundial: era colaborador. Durante el examen me preguntó: "¿te llamas Judith?". "Sí", le respondí, "es un honor para mí llamarme así". “¿Usted conoce el drama de Henry Bataille llamado Judith?”. Le respondí que no, “yo conozco la Biblia”. Le dije la verdad a ese hombre y me di cuenta que eso tenía un peso para mí. Que Judith era una señora que había dado todo para salvar a su pueblo. No me había dado cuenta hasta ese momento de que tenía una infinita admiración por esta persona que había dado todo para salvar a su pueblo, el pueblo judío. Aquel hombre no me preguntó nada más; me dio una nota mediocre: 10 [sobre 20, NdelE], la peor nota, que no es buena ni mala, es nada.
Salí de allí muy mal y después volví a pensar en aquello. Mi padre eligió un nombre judío en 1941. Fue un acto optimista. Mi padre no era optimista en ese momento, pero pienso que elegir ese nombre en aquel momento fue una manera de expresar un deseo. Si hubiera nacido hombre, me habría llamado David.
Me tomó un poco de tiempo entender lo que significaba llamarse Judith, a partir de mis 18 años de edad. Para mí, tuvo el peso de un ideal, a cumplir con mi propio estilo y con mis propios medios. Tardé en entenderlo pero no fue una sorpresa para mí, ¡porque conocía a mi padre desde hacía 18 años! Tenía la información proveniente de mi abuela materna acerca de la lógica de mi padre durante la Guerra Mundial, un poco antes y un poco después de mi nacimiento: esta manera de llamar a su hija se inscribe en la lógica de la conducta de mi padre durante la Guerra Mundial. Mi madre me contó de muchas reuniones que tuvieron en el sur de Francia, cosas muy divertidas, pero en un clima de resistencia. Discreta, por fuera de la resistencia militar, pero con la presencia en cada minuto de la necesidad de no aceptar la presencia del antisemitismo y de la ideología de la colaboración, muy presente en Francia en aquella época, y el estilo de mi padre responde a una  lógica de su decisión. Él fue a la municipalidad a buscar los papeles que podrían haber hecho que mi madre y mi abuela, judías ambas, pudiesen ir a la muerte. Lo que hizo fue salvar  la vida de dos mujeres que mi padre quiso mucho.

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Compartí un poco la vida de los analistas lacanianos de cada época. Fue para mí una sorpresa en el año 1979, cuando se decidió crear la fundación del campo freudiano, ver que estaba nombrada de vicepresidente [no se comprende]. Para mí fue impresionante y fue evidente que no lo podía rechazar. Se podía justificar, porque mi padre tenía confianza en mí para muchas cosas y porque desde hacía 15 años él había encontrado, como yo mismo, a Jacques-Alain Miller. Mi padre tenía un vínculo con él, diferente del mío, pero a partir de 1964 yo estaba implicada de una manera redoblada en el psicoanálisis a través de mi padre y de mi marido. Compartí cada año más, de una manera diferente, también, la lucha de mi padre por defender el hecho que estaba ante la futura (hoy, la actual) mujer de la única persona de la cual mi padre consideraba que sabía leer sus textos.


Agregado: acceso a la totalidad de la entrevista
Nota 1: "Decisión del padre"
Nota 2: "Padre y Psicoanálisis"
Nota 3: "Acerca del Padre y de la Madre"
Nota 4: "L´Âne"
Nota 5: "La Guerra de Argelia"